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RELACIONES URUGUAYO-BRASILEÑAS
ERRORES DEL PASADO – NUEVA PERSPECTIVA
La ascensión de Luis Ignacio Lula Da Silva a la presidencia de
Brasil ha tenido el efecto de activar los contactos bilaterales a
nivel de los países fundadores del MERCOSUR, como de los adheridos
al tratado.
El mandatario brasileño ha declarado su intención de potenciar la
organización que, tras la euforia de su creación -al inicio de los
noventa- quedara estancada, sin mostrar mayores aptitudes para
armonizar los intereses de sus asociados.
Hacia el exterior, en efecto, no se concretaron políticas
negociadoras de bloque. El discurso fue espléndido. La práctica
desalentadora.
Navegando sobre meras expectativas -de inspiración en la
doctrina económica neo-liberal-, los gobiernos alimentaron la
eliminación de las barreras proteccionistas nacionales. Productos
competitivos y superfluos, nos invadieron desde los puntos más
apartados del planeta… ¡a cambio de nada!
Los efectos combinados de esas dos circunstancias, sumadas al
tambaleo de otras economías, debimos pagarlo con la aceleración
de la caída del empleo, mayores déficits en el comercio exterior,
incremento del nivel de endeudamiento externo e interno,
desmantelamiento de la industria y estremecimiento rural. Esta
fragilidad ha afectado grandemente el área social, haciendo
florecer dificultades dramáticas, no imaginadas. Uruguay entró en
el torbellino.
Tras el desmoronamiento económico-financiero de la Argentina y de
nuestro consecuente estremecimiento y crujido, la República
Federativa de Brasil abre su juego para un nuevo ensayo.
Ha propuesto una concertación de esfuerzos en el campo de sus
relaciones bilaterales con los países latinoamericanos, la
potenciación del MERCOSUR y otros mecanismos.
Es una excelente oportunidad para recomenzar el diálogo y elaborar
-con lealtad y realismo-, políticas de beneficios económicos
recíprocos, apoyos y acciones conjuntas en los grandes mercados.
No es una tarea fácil, ni para un día.
Brasil y Argentina -los miembros mayores- precisan de esta nueva
articulación. Uruguay y Paraguay, dos estados pequeños, también.
En la meseta mediterránea, Bolivia experimenta la misma necesidad.
Y el Chile del crecimiento, sabe que nuestros mercados pueden
resultar muy aptos para líneas de producción que Estados Unidos
demora en aceptar.
ACCIONES PARA LA BUENA VECINDAD
En el marco del nuevo y activo cruce diplomático, acaba de tener
lugar en Brasilia el encuentro de los Presidentes Luis Ignacio
Lula Da Silva y Jorge Batlle.
Hace poco más de 6 meses Fernando Henrique Cardoso visitó Uruguay
y, ahora, el mandatario oriental viajó para contactarse con el
nuevo presidente del país amigo.
Primera consideración: estos vínculos deben reputarse como muy
positivos. Nuestro país no debe, ni puede, aislarse de sus vecinos
ni del mundo.
Apostando a la revitalización del MERCOSUR y a fortificar un
camino de ida y vuelta entre los dos países, entre otros puntos,
Batlle y Lula manejaron estos temas:
-Uruguay indicó su disposición de apoyar la candidatura de Brasil
en alguna de las fórmulas que le confiera al gran país
latinoamericano su acceso a una butaca en el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas.
-No se discute el liderazgo que le corresponde a Brasil en un
sistema de negociaciones, previendo las partes un manejo
compartido o colectivo de las mismas.
-Disposición de ir al “4 + 1” con los Estados Unidos, según dicho
principio operativo.
-Robustecimiento de la Secretaría del MERCOSUR, acreditando
representantes permanentes de nivel.
-Interrelacionamiento
entre la Corporación Andina de Comercio, FONPLATA y otros
organismos latinoamericanos similares.
-Apoyo a proyectos para la integración física continental.
-Profundización de las relaciones bilaterales con la realización
de inversiones brasileñas en Uruguay y cooperación para el
financiamiento de sus exportaciones.
-Rápida tramitación, por los parlamentos respectivos, del proyecto
de convenio sobre “documentación fronteriza”.
Uruguay habría indicado su solidaridad con el Mercado del Sur, sin
mengua del principio -como país menor- de apelar a acuerdos de
bilateralidad extra-región.
REFLEXIÓN FINAL
Digamos finalmente, en homenaje al espacio, que Brasil ha dado un
paso muy importante para alentar el resurgimiento de un tratado
que estaba quedando en letra muerta, en razón de inconsecuencias
varias.
Tiene condiciones sobradas para timonear el proceso integrador y
cabe augurar éxitos a esta labor.
Desde luego, hay otra parte importante, que deberán aportar los
demás asociados. Todo indica que Uruguay asegura la suya.
Hizo bien el presidente Batlle en establecer un diálogo directo
con Lula Da Silva.
Cabe a los presidentes y sus ministros, a los parlamentos y a la
sociedad civil -que integramos- la hermosa tarea política de
gestar el porvenir de nuestros pueblos. Ello pasa por atender y
potenciar a los sectores productivos y laborales. Constituye un
desafío trascendente.
¿Quién podría sentirse tan débil, rehuyendo el trabajo y la lucha
por un nuevo destino?
Parafraseando a José Enrique Rodó cabría recordar que, si
desunidos y aislados sólo podríamos “ser instrumento de fines
ajenos”, la unión y el consenso nos harán más fuertes y, al decir
de Simón Bolívar, “respetables por las demás naciones”.
Si existe disposición firme de practicar la buena vecindad y de
llevar adelante lo pactado, la América del Sur se estará asomando
a uno de los grandes cambios en paz. Los precisa para no privar a
sus hijos de la felicidad a que somos acreedores.
Walter
Celina -
20
de mayo de 2003
waltercelina@hotmail.com
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