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EL ANTROPOLITO MERCEDENSE
LA CULTURA AUTÓCTONA
Hay una historia no escrita, que se está armando como un
rompecabezas cuyas piezas no terminan de aparecer.
Las invasiones que padecieron nuestros pueblos aborígenes y el
asentamiento de los dominadores determinó el aplastamiento de las
formas culturales de nuestros antepasados.
Cuando hace algunas décadas comenzamos a conocer cómo y en qué
consistían los viajes exploratorios de los hábiles marinos
-españoles, portugueses e itálicos-, las referencias eran casi
nulas respecto a las costumbres y modos particulares en que las
tribus locales organizaban su vida societaria.
Bastaba con divulgar que un modo de vida primitivo había sido
desplazado por una generación superior, que sería la que
organizaría al “nuevo mundo”.
Los crueles exterminios fueron silenciados, aplicando la “ley del
vencedor”, que históricamente impone el silencio de los vencidos
y, también, a menudo su muerte.
Existen, por supuesto, documentos de época que rastrean, analizan
e interpretan los investigadores. Y gentes, muy pacientes, que van
explorando los territorios y exhumando piezas que nos resultan
“raras”, en proporción directa a la ignorancia que tenemos de la
identidad de los más antiguos habitantes de estas tierras.
Aprendimos, cierto es, a reconocernos con nuestros ascendientes
itálicos y españoles. Y, cuando más satisfacción sentíamos por
algunas de sus tradiciones libertarias, algo nos viene a recordar
qué es lo “nuestro”, como para que, a través de la lejanía de los
tiempos, nos solidaricemos y miremos con respeto -y si fuera
posible con cariño- a los pobladores reunidos en asentamientos al
borde ríos y arroyos, allí en las planicies boscosas, donde los
ceibos destiñen su rojo encarnado sobre el tapete verde.
Los colonizadores opusieron a nuestro conocimiento una gran
muralla, difícil pero no imposible de escalar.
Con datos científicos se revela ahora que un porcentaje,
importante, de los habitantes de esta región sur registra en sus
genes elementos de etnias locales, es decir, de las tribus de
pescadores y cazadores que abatieron aquellos europeos y sus
hijos.
El Antropolito Mercedense (hombre de piedra) hace más de un siglo
que fue descubierto, sin que -pese al decurso de los años- aún se
sepa cómo encaja en la cultura de nuestros antepasados.
La pieza de piedra fue encontrada, en medio de un camino a 5
kilómetros de la ciudad chaná, sobre la actual Ruta 14, luego de
unas lluvias torrenciales que la dejaron al descubierto, de modo
parcial.
Se trata del único ejemplar existente en Uruguay. Posee estas
características: 48 cms. de altura por 13 de ancho y 6 de espesor.
Está trabajado en piedra volcánica, siendo su peso de 6,5
kilogramos. A la altura del pecho presenta depresión de aristas
rectangulares.
¿Cuál fue su significado? ¿A qué ceremonial pudo servir? ¿Cuál es
su eventual conexión con otras culturas?
Las interrogantes se abaten a despecho de la oscuridad, siendo del
mismo carácter que las que surgen ante los 3 ornitolitos (pájaros
de piedra) hallados en Rocha y Cerro Largo.
Cabe destacar que, por una feliz iniciativa de Casa Puerta,
cultores de arte de la cerámica de Soriano, han realizado una
preciosa reproducción -a escala- del enigmático hombre.
No cabe duda que, así como debemos conquistar -día a día- nuestro
futuro, es posible -en alguna medida- rescatar nuestro pasado, el
que nos emparenta con parte de lo que somos. |