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LOS 500 DÍAS DE LULA
El titular de la presidencia de Brasil, Luis Ignacio Lula da
Silva, ha cumplido los 500 primeros días de desempeño, esto es, un
tramo de un tercio de su mandato.
Las expectativas respecto al programa de mejoras anunciado ha
ido perdiendo fuerza en la opinión pública. Se perciben síntomas
de desaliento.
En los últimos doce meses -de mayo 2003 a mayo 2004- el
porcentaje de adhesiones que concita el presidente registra una
regresión que va desde el 78% (un guarismo inusual) al 60,2%, que
igualmente es de una magnitud importante. En marzo había
descendido al 59,6%, repuntando luego, menos de 1 punto.
Lula goza de un sentimiento de confianza del 30,6; de 5,5% de
satisfacción y de un 20,8% de comprensión. En rechazo puntúa 4,3%,
en desconfianza el 12,4 y en decepción 22,5%. El resto, para
completar la centena, corresponde al clásico “no sabe/no
contesta”.
Es valor entendido que no es lo mismo hacer oposición que
gobernar. Un mandato de 4 años, para un país gigantesco, con
elecciones en millares de municipios que arrancan al año y medio
del inicio del período presidencial, produce inconvenientes
políticos, los que se suman a realidades regionales y
particularismos locales.
Brasil, como todos nuestros países, tiene sus cuentas
monitoreadas por el Fondo Monetario y condicionada buena parte de
su política financiera y económica por los organismos
multilaterales de crédito y por el mismo FMI. Esto repercute sobre
la política general, quiérase o no..
Un vistazo, a vuelo de pájaro, permite establecer cómo va
cargando con sus responsabilidades el Sr. Lula da Silva.
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Había planteado que corregiría la tabla de imposición del
impuesto a la renta a los trabajadores, desfasada en un 54%. No
lo ha hecho.
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Sostuvo que crearía unas 250.000 plazas de trabajo para jóvenes
en este año. La meta fue reducida a 50.000.
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Los programas “Hambre 0” y “Canasta familiar” no despegan.
Sostuvo el presidente que están “consolidados”, aunque “falta
atender a plenitud a las personas que precisan tener acceso. Lo
que exige recursos”…
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Respecto a la duplicación del salario mínimo -hasta el término
del mandato-, propuso un aumento del 8,3%, que lo situaría en
260 Reales (unos $2.600 uruguayos). 20 legisladores del PT y
otros de la oposición procuran elevar el guarismo.
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El instituto de la reforma agraria no ha contado con los
recursos proyectados. Ello levanta la protesta del agrupamiento
de “los sin tierra”.
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La reforma de la seguridad social generó resistencias
turbulentas entre sectores del funcionariado y sanciones a los
legisladores petistas que no votaron la ley.
En contradicción con este paisaje -con elementos de “ajuste”-,
la economía tiende a un crecimiento del 3%.
Un caso de corrupción sacudió los estamentos de Brasilia: el
“affaire” Diniz, de financiamiento electoral de los partidos por
promotores de apuestas. El PT, según una grabación, habría
recibido una porción.
El presidente dicta la “medida provisoria” de clausurar las
casas de juego, pero el Senado la levanta.
El gobierno presiente más dificultades en su horizonte (crisis
del petróleo y aumento de las tasas externas por endeudamiento) y
acaba de esbozar un plan de “acuerdo nacional”, en busca de
estabilizar el transatlántico.
Procura mantener la iniciativa política con un paquete de
nuevas medidas. Refieren a: reforma de las reglas para acceso al
empleo juvenil, contratación de 30 mil reclutas, créditos para
jubilados, reconocimiento de adeudos del “plan Color” a
pensionistas, renovación de carreteras, más saneamiento, reserva
de plazas para estudiantes en universidades privadas y acceso a
las públicas de alumnos procedentes de escuelas oficiales.
En el plano exterior trabaja por fortalecer la alianza con los
países en vías de desarrollo, brega por la colocación de su
producción agropecuaria e industrial y se muestra interesado en
atraer inversiones.
De los 1461 días que deberá recorrer en total la nueva
administración federal, se han consumido 500.
No dan para un juicio definitivo. Hay dificultades visibles, de
causalidad múltiple.
El gobierno Lula está siendo escrutado no sólo desde Brasil,
sino desde nuestra América y el mundo.
Que el pueblo brasilero alcance para sí metas crecientes de
bienestar tendría, por añadidura, una notable significación en la
historia contemporánea.
La prueba está en curso. |