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MONTEVIDEO VERSUS BUENOS AIRES
Con su característica erudición el estudioso del tango Boris Puga
rastreaba hace algún tiempo el sitial que le cupo a Montevideo en
relación a las composiciones que le han dedicado nuestros artistas
populares.
En una de sus entregas comenzaba con las siguientes estrofas
memorables:
Montevideo, yo te quiero, rinconcito de belleza; Montevideo ¿Qué
lindo te veo con su cerro y tu fortalexa!
Agregaba que se trata de los versos primeros de Montevideo,
“debidos a la inspiración de Salvador Granata y que fue un
gran éxito en el carnaval de 1930, por la trouppe “Un Real al 69”.
“Hay una buena cantidad de páginas que se refieren a Montevideo y
así se titulan. La observación del crítico es oportuna pues, por
lo regular existe “una profusa producción relativa a la ciudad de
Buenos Aires… y parecería, en cambio, que los intérpretes no
hubieran sido proclives a examinar los trabajos de los autores
orientales”.
Tomaremos algunos ejemplos.
“El primero es una obra dedicada a la ciudad y es el tango
Montevideo , escrito por el pianista Roberto Firpo” y
estrenado durante su exitosa actuación de 1916.
Anterior es una marcha, cuyo autor es el italiano Gerardo Grasso,
conocido más por su autoría del Pericón Nacional. El título
escogido es The Montevideo post y fue llevada al disco en
1914 por la Banda del Pabellón de las Rosas de Buenos Aires.
En 1914 aparecerá el tango Montevideo, con música de Lino
Santamaría y Abdón Fernández Espinosa. Fue un éxito de la orquesta
Parente en sus presentaciones en el Café Centenario.
Algo anterior es Cuidad de Montevideo, dedidcado al
Dr. Rodolfo Mezzera, presidente de la Compañía Uruguaya de
Navegación. En la carátula aparece dibujado el barco “Ciudad de
Montevideo”, que con su homónimo, el “Ciudad de Buenos Aires”,
cumplían el servicio de la carrera entre ambas capitales. El tema
se centra en el vivir de una muchacha uruguaya.
Añade después Boris Puga: “En 1930 acontecen grabaciones del vals
Montevideo, compuesto por Fausto Frontera y Francisco
Brancatti; una, por el cantor Alberto Vila en calidad de solista
y, otra, por la Típica Porteña, conjunto integrado por músicos de
la Compañía Víctor Argentina y cuya letra era cantada por Roberto
Díaz.”
Ciriaco Ortiz graba en 1933 Montevideo, cantando Carlos de
Lafuente. La obra era de Ramón Loro Collazo.
Recuerda Puga que en los cuarenta, de la pluma de Romeo Gavioli,
surgen Montevideo y Montevideo querido, este último
en autoría compartida con Carmelo Imperio y Miguel Manzi.
Iniciada la segunda parte del siglo XX, corriendo el año 1954 “nos
viene a la memoria el furor que alcanzó la marcha Montevideo,
de Luis Carusso y Raúl Lavalle y que en la vecina orilla
modificó su título pasando a ser En Buenos Aires. Esta
composición fue un éxito en la voz de Gavioli.”
Juan D’Arienzo, en 1960, produce el tango Mi viejo Montevideo,
con Cayetano Puglisi y Aldo Junussi.
De Miguel Pereyra, cantado por Aníbal Oberlín es Montevideo,
vos y yo.
Luis Di Mateo, con su trío, llevó al surco el instrumental
Montevideo en otoño.
El camino se enancha con los recuerdos de Boris Puga.
Sirva esta síntesis de muestra para apreciar como el tango está
adherido como un jazmín a las paredes de la ciudad capital, como
otras ciudades reciben las fragancias con que les cantan sus hijos
en compás de tango.
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