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TANGO POESÍA CON ANCLA URBANA
Moriré en Buenos Aires, será de madrugada,
que es la hora en que mueren los que saben morir.
Balada para mi muerte. Horacio Arturo Ferrer
(letra) - Astor Piazzolla (música)
Como en los orígenes del tango, las habaneras mecieron la cuna de
Eladia Blázquez.
Le bastaron a la niña arrullos de acento andaluz, un piano de
juguetería y las cuerdas de una guitarra de siete pesos para subir
a los sueños y escenarios, desde el barrio laborioso de
Avellaneda.
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De la música que encendía la nostalgia española, giró para el
ancho y vital folklore argentino y latinoamericano, portador
del acento multicolor de nuestra geografía. Exploró,
asimismo, el campo melódico. Intérprete vocal y autora de
músicas y letras, maduró para un verbo con vocación de
expresión clásica: el tango.
De sus letras dimana una sustancia lírica que levanta la
admiración de los Manzi, Cátulo Castillo, de los Expósito,
entregándonos la siempreviva perfumada que Discépolo hubiera
querido dejar en sus versos. |
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Eladia Blázquez. |
Su talento confirió al tango un reverdecimiento literario y la
posibilidad, a intérpretes de valía excepcional como Ruben Juárez
o Susana Rinaldi y a orquestas del porte de la de Osvaldo Pugliese,
de motorizar y acompañar instancias muy renovadoras.
Sólo queriendo de alma la música -que es uno de los medios de
comunicación más maravillosos construidos por el hombre- pudo
crecer el tango, un objeto amado, que funde y amalgama las raíces
rioplatenses, expandiéndolas sin límites de fronteras. Esta forma
musical original supo no abroquelarse y guardó su savia íntima.
Por venas abiertas incorporó nuevos recursos. Así ganó en
atributos desafiantes de belleza, nostalgia, dramatismo y
sensualidad. De este saber tuvo cabal convicción Eladia Blázquez,
siguiendo los pasos de otros preclaros constructores. Estos,
habían indagado y abrevado en otras experiencias, para exaltar
lo nuestro.
Sin duda, su personalidad restalla con letras imperecederas. En “Contame
una historia”, de 1969, ella produce la música para el trabajo
de Alfredo M. Iaquinandi, quien pide: “Contame una historia
distinta de todas;/ un lindo balurdo que invite a soñar./ Quitame
este olor a mufa de verme por dentro/ y este olor a muerte de mi
soledad…” Anticipo de desventura, toda la composición guarda
un encuadre premonitorio.
Eladia Blázquez no oculta su humanismo intenso, ni su compromiso
ético cuando formula “Honrar la vida”.
En “Sueño de barrilete”, de 1960 -primer tango de la autora
siguiendo el apunte siempre preciso del Maestro José Gobello-,
aparece su veta discepoliana: “Desde chico yo tenía en el
mirar/ esa loca fantasía de soñar,/ fue mi sueño de purrete/ ser
igual que un barrilete/ que elevándose a las nubes/ con un viento
de esperanza sube y sube./ Y crecí en ese mundo de ilusión,/ y
escuché sólo a mi propio corazón,/ más la vida no es juguete y el
lirismo es un billete sin valor.” Desarrolla la idea, surge la
peripecia y estalla, concluyendo: “Hoy me aterra este cansancio
sin final,/ hice trizas mi sonrisa, mi ideal,/ cuando miro un
barrilete/ me pregunto: ¿aquel purrete dónde está?”
Quizá, acompañando a Astor Piazzolla -quien con su música colgó el
tango en los rascacielos-, le corresponda a Eladia Blázquez el
honor de haberle cantado al barrio de los barrios, la ciudad, su
Buenos Aires, la ciudad megaurbanizada, donde aflora y se cobija
el suburbio universal. En “Tu piel de hormigón” le rinde un
tributo imperecedero: “En la fachada un cartel/ y el eco fiel
de un bandoneón” es una figura simbólica, únicamente asociada
al tango. La polis, tras su dureza, guarda un emblema que la
aproxima al individuo: “Bajo tu piel de hormigón, arena y cal,
tu corazón…”, como para diluir una “tristeza de
andén”, la que, justamente, suscita la añoranza de algo
querido Que se va consumiendo en el espacio. O que se espera, como
con la ilusión de la esperanza. Y, para subrayar la fidelidad del
tango al lugar de pertenencia: “Mi Buenos Aires de hoy/ lo que
soy te lo doy/ si lo querés.” Un acto pleno de entrega
ofrecido, además, en una grabación personal, que es una
manifestación impar, sólo comparable a “Mi Buenos Aires Querido”,
de Gardel y Le Pera.
Más será con el Maestro Raúl Garello que en 1975 estrenará una
obra de excepción, que eriza la piel y apresura el pulso: “El
Corazón al Sur”.
Vayan ahora, en algunos de sus versos, el homenaje a la poetisa
del tango contemporáneo:
Nací en un barrio donde el lujo fue un albur,
por eso tengo el corazón mirando al sur.
Mi viejo fue una abeja en la colmena,
las manos limpias, el alma buena.
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Mi barrio fue una planta de jazmín,
la sombra de mi vieja en el jardín,
la dulce fiesta de las cosas más sencillas
y la paz en la gramilla de cara al sol.
Mi barrio fue mi gente que no está,
las cosas que ya nunca volverán,
si desde el día en que me fui
con la emoción y con la cruz
¡yo se que tengo el corazón mirando al sur!
………………………………………………….
El clásico español Jorge Manrique sentenció en una poesía que
resiste los tiempos: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a
dar a la mar,/ que es el morir”.
En las ciudades en que el cemento se hermana con el acero para
buscar el cielo, en lo duro e íntimo de cada mole, seguirán
latiendo los versos de Eladia. Vendrán con la suavidad de las
viejas habaneras y en ríos de silbidos surcando Avellaneda y ese
barrio único en que cualquiera de nosotros es capaz de mirarse y
morir.
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