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PALCOS DE SEÑORITAS
El título escogido puede aparecer algo extraño. Para hoy, al
menos.
El escritor Jean Anouilh, entre los elementos relevantes de su
labor, ha tenido en mérito de estampar para el reconocimiento
universal la existencia de las orquestas de señoritas.
Su obra sube constantemente al cartel, restableciendo el recuerdo
de aquellas agrupaciones musicales cuyo significado fue mostrar la
irrupción de la mujer en la vida moderna, si por moderno
entendemos los cambios que comenzaron tras la guerra mundial que
concluyera en 1918.
A la legión de modistas -que mucho antes abrieran las puertas de
sus comercios independientes-, para mostrar el rostro de la mujer
fuera de los ámbitos familiares en que permanecía sitiada, les
sucedieron las empleadas de tiendas, las secretarias, empleadas de
escritorios y algunas expertas en belleza.
El cine aportó por entonces nuevos modelos femeninos y, al decir
del escritor uruguayo Carlos Maggi, los años locos (los
twenties), hicieron que las muchachas se soltaran como
leonas.
¿Para bailar el charleston? Seguramente, pero no sólo, ni
en determinadas capas sociales.
El cabello corto cambió el look femenino y la faja -dura y
rugosa- fue sustituida por el corpiño.
¿Y qué fueron las orquestas de señoritas?
Subieron a los palcos. No para sustituir a los De Caro ni a los
Firpo. Sí, para dar muestra de la adhesión libre de la mujer al
movimiento cultural que tenía un impresionante centro cultural y
social en el tango.
Florecieron en las dos orillas del Plata. Aportaron un visión
amena para disfrutar, de un modo un tanto diferente, una
sociabilidad de nuevo tipo que acicateaban grandes cantantes
-Gardel, en primer lugar- y estupendos músicos.
La Hawai Jazz fue la primera de las orquestas femeninas en
Uruguay.
Sitios emblemáticos para sus presentaciones fueron -en
Montevideo-, entre otros, el Café Japonés (Sarandí y
Treinta y Tres), el Café Palace (“La Pasiva”de Plaza
Independencia) o El Ateneo (Plaza Cagancha).
Como no podía ser de otra manera, el interior no estuvo ausente en
este aire liberador. Muy reveladora es una despedida que en la
publicación El Terruño, del 3 de julio de 1930, hace el
Trío Rodó, en Durazno. Manifiestan sus integrantes en la
víspera de la última noche que tocan, entre este
simpático público duraznense, porque damos por terminada nuestra
temporada en el Café Rodó.
Transmiten al público un aire nostalgioso.
Ello hizo exclamar, en otra pieza periodística como respuesta:
¡Llegó la funesta noche en que nuestras simpáticas y espontáneas
amiguitas nos darán su último concierto!
En Uruguay una figura recordada es la de Dolores (Lolita)
Parente, quien luego de animar los escenarios, por años, cerró sus
actuaciones en 1943.
Los palcos, luego, se fueron vaciando. Guardaron como una
siempreviva las imágenes de aquellas mujeres que desgranaban con
simpatía tangos, milongas y valses. Vale decir, las melodías y
canciones que hacen a parte de nuestra esencia cultural.
Las Orquestas de Señoritas también hicieron crecer los derechos
civiles de la mujer, contribuyendo a romper los cercos
discriminatorios que reducían los derechos femeninos.
tangoculturauy@hotmail.com
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