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NUEVAS VOCES POÉTICAS Y MUSICALES
La Asociación de Letristas de Tango -Letratango- publicó a
mediados de 2005, con el apoyo del Fondo de Cultura de la Ciudad
de Buenos Aires, un volumen titulado “+ de 100 tangos nuevos”.
Antes de entrar en materia, es pertinente destacar la importancia
de estos reservorios financieros de nivel comunal, para estimular
las ciencias, las artes y la cultura, en general.
El libro es una selección antológica de cultores contemporáneos de
la letrística que, en el caso va de la mano con la música, hermana
de creación.
La introducción la realiaza el periodista Natalio Gorin, conocido
autor de “Piazzolla-Memoria” -vertida del español a cuatro
idiomas-, quien precisa con certeza: “Que Horacio Ferrer y
Héctor Negro sean socios honorarios de “Letratango” es toda una
definición, un certificado de autenticidad en cuanto a ideario y
rumbos a tomar. Querer explicar a Astor Piazzolla sin pasar por
Eduardo Arolas, Agustín Bardi y la epopeya musical de los hermanos
Julio y Francisco De Caro es desconocer de qué se trata.”
Agrega:
“…no mencionar en este prólogo a Esteban Celedonio Flores,
Alfredo Le Pera, Enrique Santos Discépolo, Enrique Cadícamo,
Homero Manzi, Cátulo Castillo y Homero Expósito sería un crimen de
lesa ignorancia.”
Desde luego, supone un riesgo grande dibujar en un trazo tan
sintético, aunque significativo, la vida del tango hasta nuestros
días. Las omisiones resultan, por consecuencia, insalvables. El
efecto inmediato sorprende, ya que dispara los alertas de la
memoria para que cada lector corporice el resto del gran listado.
Gorin añade un juicio doble. Resistido antes por muchos, en la
primera sección de la oración, después logró abrirse camino: “Si
Piazzolla fue una auténtica revolución musical y tanguera en las
últimas décadas del siglo XX, “Letratango” asoma en el horizonte
argentino -quizás mejor rioplatense, nota de WEC- y urbano
como la segunda parte de la revolución poética que faltaba
alumbrar, y de la cual Ferrer y Negro fueran cadeneros, como
también lo fueron Eladia Blázquez y Chico Novarro…”
Comparto la opinión, también en cuanto a los valores atesorados en
“Letratango”.
POETAS TANGUEROS
¿Y quiénes son los nuevos letristas?
Es una pléyade de inspirados, con muchos nombres femeninos para
hacer la nueva historia.
Se trata de Horacio Arturo Ferrer, un uruguayo con trayectoria
ejemplar; Héctor Negro, Bibi Albert, Ricardo Bruno, Marcela Bublik,
“Pichín” Bustince, “Cyrano”, Haydée Daiban, Roberto Díaz, Damián
Faccini, Patricia Ferro Olmedo, Martina Iñiguez, Claudia Levi,
Rosa Lipshitz, Norberto Malbrán, Susana Murguía, Alberto Felipe
Ortiz, Julio César Páez, Ernesto Pierro, Marta Pizzo de Sinisi,
Nélida Puig, Norberto Rizzi, Hugo Salerno, Pablo Somma, Antonio
Spinelli, Claudio Tagini.
MÚSICOS COMPOSITORES
Sería irreverente no dar cuenta de los compositores musicales,
asociados a la empresa del nuevo tango. La nómina debe iniciarse
con Piazzolla, quien desde los 50 y pico fuera amigo
inseparable de Ferrer. Continúa con éstos artistas, ligados a uno
o más tangos de la selección bajo comentario: Saúl Cosentino,
Héctor Dengis, Ricardo Bruno, Raúl Garello, Marcela Bublik,
Marcelo Saraceni, Carlos Olano, Adrián Harbi, Pocho Lapouble,
Carlos Bergés, Sacri Delfino, “Cyrano”, Pascual Mamone, Tito
Ferrari, Reynaldo Martín, Domingo Moles, Rubén Nazer, Damián
Faccini, Ruben Assandri, Patricia Ferro Olmedo, Mario Valdez,
Mateo Villalba, Martina Iñiguez, Claudia Levy, Oscar Aiello, Jorge
Rutman, Arturo Penón, Víctor D’Amario, Roberto Zanoni, Roberto
Siri, Javier Mazzea, Jorge Dragone, Juan Pablo Marín, Diego Vila,
Osvaldo Schiavoni, Susana Murguía, Javier González, Pablo Fauaz,
Carlos Buono, Ismael Spiltalnik, Enrique Moneli, Guillermo Meres,
Oscar Pometti, Cacho Tejera, Quique Rassetto, Liliana Vinelli,
Emilio de la Peña, Roberto Fonseca, Hernán Rivera, Julio Omar,
Alberto Suárez Villanueva, Mariangel González, Osvaldo
Berlinghieri, Oscar Barrios, Andrés Linetzky.
TRES POETAS URBANOS
La condensación oficiará apenas como una suave onda de río para
mostrar algo de lo que está en las aguas profundas de tres voces,
con tres estilos definidos.
En “Tango del otro mundo” arranca Horacio Arturo Ferrer
diciendo:
“Porque aquí es de piedra./ Porque el aire está de sombras,
nuestras manos tienen luz./ Y en las luces de las manos/ se
adivina inexorable,/ nuestra dura, nuestra libre,/ bruja y rara
juventud…” (Música de A. Piazzolla)
Héctor Negro, en su “Cielo Abierto” siente abrirse a una
esperanza, cruzando la mirada sobre el espacio que contornea el
barrio:
“Cielo abierto/ sobre el barrio rumoroso/ y un tendal de casas
chatas/ con jardín o con zaguán./ Con ventanas o portales
silenciosos/ donde el tiempo desbarata los colores que no están./
Cielo abierto,/ necesito contemplarlo/ con las ganas de
alcanzarlo/ o creer que bajará…” (Música de S. Cosentino).
En “Vuelvo a este viejo bar” Martina Iñiguez arrima la
nostalgia a una mesa para dialogar con la sombra de un recuerdo
querido:
“Vuelvo a este viejo bar/ porque te siento/ conmigo en el aroma
del café,/ en este espacio donde compartimos/ violetas y
pocillos,/ chamuyos y mantel.
Refleja el ventanal/ tu imagen mía,/ fantasma que aún me yira por
la piel…/ En el afán de ver lo que no existe/ el corazón se rinde/
y vuelvo aquí otra vez.”
(Música de M. Villalba).
Si el amor es un perfume persistente, como bellamente lo expresa
Martina Iñiguez, el tango -que se desdobla en el amor a la vida, a
los lugares en que el hombre habita, resplandece, descaece y
levanta sus anhelos-, sigue siendo poesía cotidiana y música
cálida. Una flor, al fin, que se abre a plenitud en los horizontes
rioplatenses.
tangocultura@hotmail.com
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