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COLUMNA DE TANGO CULTURA

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CARTEO TANGUERO

Por Walter Ernesto Celina

La pregunta podría ser ¿cómo es la correspondencia entre los amantes del tango?

Diría que nada especial. Por lo regular, aspiramos a conocer más sobre el tránsito de nuestros artistas. Recordamos sus filmes, comentamos pasajes de sus vidas, celebramos haber estado en sus actuaciones y, si no tuvimos ese placer, preguntamos acerca de ellos. Otras veces, intercambiamos datos y opiniones. Recibimos informes, preparamos notas de prensa y nos las acercamos los unos a los otros, según las preferencias.

En lo personal, con amigos argentinos y uruguayos mantengo un círculo, ensanchado con algunos brasileños.

A continuación podrá leerse lo fundamental de una carta que he remitido a José Luiz Pereira y señora, dos riograndenses que sienten la música rioplatense.

Apreciados amigos:

1.- Con mi esposa Helena siempre recordamos a Uds. en aquella noche de “Papyrus” -el viejo “Mano a mano” portoalegrense-, en que un grupo tan selecto de artistas y amigos evocaran a Ruben Val. ¿Cómo no rememorar a quien allí dictara cátedra con su sensibilidad de artista, cantante de excepcionalísimas condiciones y hombre ejemplar?

Él continúa uniendo dos colectividades, en las que cualquiera puede reconocerse con el otro a partir de un saludo franco. Y así vamos, mano con mano, sedimentando amistades.

Como “lo prometido es deuda”, según el acreditado parecer de “gaúchos” y orientales, he de referirle cómo es la historia del tango “Malena”, del que habláramos en aquel fraterno encuentro de 2005.

2.- La letra fue escrita por Homero Manzi (cuyo nombre real era Homero Nicolás Manzioni Prestera), siendo la música de Lucio Demare.

La obra fue grabada el 08 de enero de 1942 por el formidable Aníbal Troilo (Pichuco), acompañándolo Francisco Florentino.

Un autorizado comentarista ha dicho con razón que  es uno de esos registros donde se adivina una suerte exacta de maniobra entre letra, música, arreglo e intérprete”.

De alguna forma y a semejanza con “Mi noche triste”, este trabajo abre una nueva frontera lírica en la historia del tango.

Pero ¿quién era Malena?

Se han levantado verdaderas leyendas. El punto de vista más verosímil indica  que se trataría de la cantante sanfesina María Elena Tortolero, quien después de actuar con el sexteto Vardaro-Pugliese viaja a Brasil. Realiza registros fonográficos con la orquesta dirigida por Héctor Gentile.

En Cuba conoce al cantante melódico Jenaro Salinas, con quien contrae matrimonio. De regreso a Buenos Aires es contratada en LR1 Radio “El Mundo”.

Salinas fallece inesperadamente en una gira del año 1957. Malena Toledo -así era el apelativo artístico de la mujer-, tres años después, en Montevideo (Uruguay).

¿En qué circunstancias Homero Manzi escribió el memorable poema?

Aquí, como tantas veces, se juntan nuestras historias compartidas.

Retornando de Centroamérica, en 1941, Homero Manzi hace una escala en Porto Alegre, según versión del estudioso Héctor Ángel Debenedetti. Para el maestro José Gobello la estancia pudo haber sido en São Paulo. En un café escucha a quien canta  tangos nostalgiosos. Es Malena Toledo. Sobre aquella mesa nocturna el poeta ensaya sus mágicos versos.

¿Fueron para María Elena Tortolero -como sostienen unos- o  evocando a Azucena Maizani, como han querido interpretar otros? Hay una posible destinataria más: es la cantante Nelly Omar.

Lo cierto es que, en Buenos Aires, entrega la letra a su amigo Lucio Demare. Por un tiempo esperará -como olvidada- en el bolsillo de un saco que no usaba con frecuencia.

Se asombra al encontrarla. De inmediato escribe una música. Se ajusta a aquella como “anillo al dedo”.

Se hace necesario recordar que la asociación  de Demare con Manzi fue proficua: “Mañana zarpa un barco”, “Tal vez será mi alcohol”, “Luna”, “Negra María, “Solamente ella”, “Sosteniendo recuerdos” y la comentada “Malena”. Mencionando sus composiciones más valoradas, además de ésta, citaba a “Mousstte”, “Mañanitas de Montmartre”,”Sentimiento tanguero”, “Tragos amargos”, entre otras.

Hoy “Malena” se respira como un dulce nombre de mujer. Atrapa por el estilo puro en que se inspiraron los milongueros del ’40. Y por el entusiasmo que despierta en los académicos contemporáneos, apadrinados en las nuevas orillas y crecidos en los salones del mundo.

MALENA

Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo de suburbio su voz perfuma
Malena tiene pena de bandoneón.
Tal vez, allá en la infancia, su voz de alondra
tomó ese tono oscuro de callejón…
O acaso aquel romance, que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.
Malena canta el tango con voz de sombra.
Malena tiene pena de bandoneón.
Tu canción
tiene el frío del último encuentro.
Tu canción
se hace amarga en la sal del recuerdo.
Yo no se
si tu voz es la flor de una pena;
sólo se
que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena,
más buena que yo.
Tus ojos son oscuros como el olvido;
tus labios, apretados como el rencor;
tus manos, dos palomas que sienten frío;
tus venas tienen sangre de bandoneón.
Tus tangos son criaturas abandonadas
que cruzan sobre el barro del callejón
cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción.
Malena canta el tango con voz quebrada.
Malena tiene pena de bandoneón.

Una conclusión posible: la música forja lazos perdurables, que trascienden fronteras. 

Walter Celina - marzo de 2006  tangocultura@hotmail.com 


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