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COLUMNA DE TANGO CULTURA

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EL TANGO PIDE CANCHA

Me he referido a la iniciativa de conformar un gran espacio tanguístico en Montevideo, idea a la que apuestan un conjunto de entidades del género que habitualmente promueven nuestra música tradicional ciudadana.

El trámite comenzó en la Junta Departamental de Montevideo, la que dirigió una minuta de comunicación al Ejecutivo Comunal para articular los aspectos de varios proyectos, los que pasan por rescatar el patrimonio cultural existente en Uruguay en materia tan amplia.

El megaespacio que le serviría de soporte -se menciona al ex restaurante “Morini”- podría brindar actividades continuas durante todo el año con conciertos, espectáculos musicales y coreográficos, museo, actividades promocionales, conferencias, exposiciones, etc.

Se trata, como se advierte, de una idea conectada no sólo al aspecto de la preservación de los valores de nuestra música, sino de la posibilidad de brindar a compatriotas y extranjeros una visión de una de las más ricas tradiciones que compartimos en las dos orillas platenses.

El movimiento turístico favorecería este esfuerzo, robusteciendo las posibilidades comerciales y artísticas y, a la vez,  potenciaría la labor que cumplen en ambas márgenes artistas de valía en el canto, la composición, la ejecución, etc.

No he de insistir en la trascendencia que tiene abogar por la preservación de los valores gardelianos y tanguísticos, sobre lo que ya he formulado algunas iniciativas. Fácil se entiende la importancia de contar con un gran centro concentrador del acervo cultural en cuestión.

El momento parece estar subrayado por la forma en que el tango penetra y conquista en los países de la Unión Europea.

Algunos comentaristas ven el fenómeno como una especie de inversión del mecanismo vivido a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando los europeos llegaban al Río de la Plata en busca de trabajo, vivienda y seguridad y anclaban en el divertimento del tango, haciéndolo suyo.

El pasaje del siglo XX al XXI promueve otros problemas en diversos órdenes, estando condicionada fuertemente la inmigración a Europa, con potentes frenos para una radicación rápida y garantida.

Por supuesto, los emigrantes disfrutan del tango en tierras lejanas y cientos de clubes abren sus puertas para que lo bailen propios y ajenos, lo miren en sus arabescos y lo escuchen con deleite.

Las condiciones son otras, está muy claro. En tanto, nuestra música, manifestación popular dotada de particular fuerza y dulzura, hermana, muestra destrezas y reparte poesías como bellas historias.

El tango sigue pidiendo cancha y merece -aquí y allá- las mejores oportunidades. 

Walter Celina - Noviembre de 2006  waltercelina1@hotmail.com


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