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TIPÓGRAFO EN BUSCA DE SU DESTINO
En el próximo pasado mes de octubre, la investigadora argentina
Sra. Martina Iñiguez dio a conocer el trabajo “Carlos
Gardel ¿tipógrafo de tradición familiar?”
Iniciando su nota, toma la afirmación de Rodolfo H. Pérez, quien
en el libro titulado “Ese uruguayo llamado Carlos Gardel”,
manifiesta: “Nadie, serenamente, puede sostener como verdad
inconmovible que Gardel nació en 1890. Son demasiadas las
constancias que presumen una fecha muy anterior a la que surge
del acta de Toulouse.” (Se trata de la partida de nacimiento de
la persona Charles Romuald Gardes, referida en el testamento
ológrafo, en que Carlos Gardel testa a favor de Berthe Gardes).
Y, seguidamente anota la Sra. Iñiguez: “Si Gardel hubiera sido
el niño francés, no habría sido necesario recurrir a testigos
falaces para demostrar su francesismo; de haberlo sido, esa
verdad se hubiera impuesto por sí sola, con la fuerza de los
hechos, como se va imponiendo, poco a poco, su origen
tacuaremboense, a pesar de los denodados esfuerzos de obcecados,
desinformados o ingenuos.”
Pero ¿qué tiene que ver esto con el oficio de tipógrafo de
Carlos Gardel?
En general, se trata de la conformación de una
visión que muestra vínculos no sospechados del ámbito
familiar del cantante y, en particular, de adulteraciones en la
historia contada por personas que conocieron a Gardel.
Una de las versiones falaces es la que brindara el Sr. Esteban
Capot, a tres días de la muerte de El Mago. Sostuvo, en efecto,
que le había conocido en Toulouse, para afirmar, también,
que Gardel fue tipógrafo de oficio.
En su prolija pesquisa, Iñiguez reveló -examinando antecedentres
migratorios del CEMLA- que Capot llegó a Buenos Aires el 15 de
mayo de 1889, un año y medio antes del nacimiento que los
francesistas dan de Gardel, esto es, en diciembre de 1890...!
Surge aquí un elemento demostrativo de la alteración en que
incurre la denominada “historia oficial”, además de otras
evidencias.
¿Cuáles?
Esteban Capot indudablemente conoció a Carlos Gardel, aunque no
del modo declarado. De sus manifestaciones se desprenden
elementos interesantes.
El 1° de julio de 1960 la Revista “Platea” lo interroga,
preguntándole si “El Zorzal” tenía alguna profesión.
Hace aquí dos afirmaciones. La primera, reiterativa de otras
anteriores, en el sentido que “era tipógrafo”. La segunda, que
trabajaron juntos en la Imprenta Cúneo, llamada “Au bon marché”,
ubicada en Florida y Colón, Buenos Aires.
La Sra. Berta Gardes anotó que cuando Carlitos “no quiso
estudiar más” lo ocupó “en diversos oficios”. Uno de ellos, el
de “tipógrafo”.
Cuando Gardel, en 1904,
es detenido en la localidad de Florencio Varela, se declara
“tipógrafo”.
Martina Iñiguez trae a colación la obra de Susana Cabrera “Los
secretos del Coronel”, en que la autora, recogiendo testimonios
tacuaremboenses, recuerda que el cantor habló con Don Carlos
(Escayola) para “pedirle ayuda”, oportunidad en que el coronel
accedió a emplearlo con su cuñado, Clelio Oliva “en la
imprenta”, donde se le enseñaría el oficio.
A los señalamientos precedentes se van sumando nuevos y muy
preciosos datos, que la investigadora desarrolla y que son
operativos a los fines de esta reseña.
“El Diario”, de Montevideo, edición del 19 de setiembre de 1933,
publica una foto de Gardel en el taller editorial, bajo el
título “Una vez fue tipógrafo” y, al pie, los siguientes
conceptos: “Aunque piensa que los tipos de una imprenta no son
como los que engarza en sus canciones, Carlos Gardel los examina
con detenimiento. Se acordó esta mañana de cuando, hace años,
era parador de letras en “El Heraldo” de Buenos Aires.”
Erasmo Silva Cabrera (Avlis) en su “Alegato por la verdad”,
citando a Esteban Capot, hace presente su testimonio en cuanto
que había trabajado con Gardel en la Imprenta Cúneo, donde se
editara “El Heraldo”, el que comenzó a aparecer en 1904.
Los antecedentes de las actividades de la gráfica tacuaremboense
son examinados por la estudiosa argentina con amplitud, para
probar que la familia natural de Gardel estaba íntimamente asida
al oficio de la tipografía, como a la difusión informativa.
“El Heraldo”, de Tacuarembó, fue fundado por Carlos Escayola el
1° de febrero de 1886, en
el apogeo de su poder caudillesco. Su director era Clelio
Oliva, hermano de María Lelia Oliva, presunta madre biológica de
Carlos Gardel. El periódico se definía como “Colorado, noticioso
y comercial”, estando en correspondencia con su homónimo de
Buenos Aires, donde el cantante ocupara una plaza en los
talleres.
Iñiguez establece las concordancias de tiempo y lugar por las
que se relacionan las actividades empresariales familiares,
concluyendo, entre otros aspectos, que se está en presencia de
“una familia de tipógrafos”.
Las indagatorias tienen una amplitud mayor.
Su importancia radica en la aproximación lógica de elementos y
en la elaboración de un discurso racional que, a falta de otros
testimonios, permite exhibir una construcción
coherente con toda otra serie de capítulos que hacen a la
historia verdadera -“no oficial”- del Carlos Gardel uruguayo.
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