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ESTANCIA DE CARLOS GARDEL EN TACUAREMBÓ
LOS APUROS DE LA TESIS “FRANCESISTA”
Las múltiples aseveraciones realizadas por el Sr. Edmundo
Guibourg sobre la permanencia de Carlos Gardel en Tacuarembó (1),
durante su convalecencia en la segunda quincena de diciembre de
1915, ofician como un boomerang demoledor para los sostenedores de
la nacionalidad francesa del cantante.
¿Qué haría un Gardel, supuestamente francés y, a ciencia
cierta, templado en las calles del Abasto, en el ambiente rurbano
de la ex San Fructuoso, o -más precisamente- en una estancia
aledaña? ¿Qué razón intensa tuvo, luego de superar el momento
aciago que pudo costarle la vida, para efectuar su rehabilitación
en la hacienda de Pedro Etchegaray, en Valle Edén, a 25
kilómetros de la ciudad?
¿Qué recóndita fuerza, impulso o necesidad de su ser lo hizo
escoger Tacuarembó y no otro pedazo de cielo bajo el cual alzar su
mirada, acaso consternada y melancólica?
Porque ¡vaya!, si por donde pasaba iba cosechando admiradores
entusiastas y amigos fieles y, ninguno, hubiera desmerecido en
gentileza fraterna, lo que se le podía brindar en una determinada
geografía uruguaya. Es lícito, consecuentemente, preguntar ¿qué
más pudo arrastrarlo a Tacuarembó?
Un juicio, desapasionado y objetivo, no podría pasar por alto
tan singular indicio, cuya relevancia ensambla con otros elementos
testimoniales y circunstancias, que la seriedad de una hipótesis
no debe ignorar.
A los “francesistas” les resultaría complicado ingresar a esta
área, porque no trabajan conceptos de las ciencias humanas. Su
Gardel es una leve sonrisa estampada en un afiche. No un individuo
de la vida corriente que sobresale por determinadas cualidades.
La condición gregaria del hombre lo ata, por regla general, a
su familia, a sus amigos, a sus orígenes, entendiendo por tal, el
lugar en que se nace, crece y donde se anudan vivencias
hondísimas de la infancia y la mocedad.
Para poner en tela de juicio el singular viaje -de“aproximadamente
un mes” (2)- de Carlitos a Tacuarembó, el Sr. Juan Carlos
Esteban sostuvo que tendría que demostrarse “cómo hizo para
viajar 6 días entre ida y vuelta a Valle Edén y descansar su
convalecencia en tan poco tiempo…”, etc. (3).
La distinguida investigadora argentina Martina Iñiguez
sepulta, sin vueltas, el cuestionamiento de marras. Veamos su
análisis, recordando tan sólo que el episodio en que fuera herido
nuestro cantante fue el 11 de diciembre de 1915.
Primer aldabonazo: “…Si la Revista “Tribuna”,
dice la pesquisadora, publicó los días 13 y 14 de diciembre de
1915 que Gardel estaría en condiciones de volver a cantar en 1
semana, significa que la entrevista fue hecha 1 o 2 días antes de
esas fechas y Gardel tendría entonces, como mínimo 22 días
(“aproximadamente un mes”), para hacerse la “escapada” a
Tacuarembó y, concluiría cantando en Montevideo el 3 de enero de
1916.”
Segundo aldabonazo:
“El vespertino “La Razón”, el día 14.12.1915, dice:”La
Dirección del Hospital Ramos Mejía informó al Juez de Instrucción,
Dr. Newton, que el estado de Gardel ha mejorado notablemente.”
Tercer aldabonazo:
“Suponiendo que Gardel haya permanecido una semana en Buenos Aires
hasta que los facultativos lo autorizaran a viajar, estaríamos a
19.12.1915 y, dada su rápida recuperación, es posible que haya
viajado antes de una semana”.
Y agrega algo que registran los anales de la medicina: “En esa
época, también en Montevideo y Tacuarembó, había buenos
facultativos. Desde esa fecha, hasta su presentación en Montevideo
el 3.01.1916, hay 14 días.”
Cuarto y definitivo aldabonazo:
“…Desde fines de 1800, los Vapores de la Carrera zarpaban de la
Dársena Sur del Puerto de Buenos Aires… hacían 9 horas de
navegación. …Los pasajeros que descendían del barco en Montevideo
tomaban el tren que estaba aguardándolos a pocos metros de ese
lugar (partiendo)
para el interior del país.
Lo que significa que llegar a Tacuarembó requería escasamente
20 horas de agradable viaje en cómodos camarotes de barco y tren.
La Estación de Ferrocarril de Tacuarembó fue inaugurada en
1891.
Con asombro la investigadora Iñiguez exclama con sobrada razón:
“¡No se de dónde saca el Sr. (Juan Carlos) Esteban que en 1915 se
requerían 6 días entre ida y vuelta para viajar a Tacuarembó!”.
Fácil imaginar el porqué. Sólo por la necesidad “francesista”
de procurar darle coherencia a un inválido ejercicio dialéctico:
negar que el Carlos Gardel de todos nació en Uruguay.
La historia no es un juego de cartas acomodadas.
(1):
Véase la nota precedente titulada
“Montevideo-Buenos Aires-Tacuarembó. GARDEL RETORNA A LA PATRIA
CHICA”.-
(2):
E.Guibourg. Revista “Flash”. 1985.-
(3):
“Carlos Gardel, encuadre histórico”, por J. C. Esteban.-
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