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BUENOS AIRES-MONTEVIDEO-TACUAREMBÓ
GARDEL RETORNA A SU PATRIA CHICA
En Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1915, Carlos Gardel
recibe un proyectil de bala que le queda alojado en un pulmón.
Su recuperación fue rápida y, al parecer, sin otras
consecuencias.
Superado el momento crítico, el cantante cruza el Río de la
Plata y viaja hacia una estancia de Tacuarembó, donde se repone
físicamente. A partir del 3 de enero de 1916 estará actuando en
Montevideo.
Juan Carlos Esteban, un contradictor de la tesis del Gardel
uruguayo, en su trabajo “Carlos Gardel, encuadre histórico”
discute la posibilidad que “El Mago” haya viajado en aquellas
circunstancias a su tierra natal.
Antes, el Arq. Nelson Bayardo había dado cuenta de indicios
firmes que conducían a establecer los vínculos del cantor con su
solar, acudiendo a declaraciones de Don Edmundo Guibourg, amigo
del notable artista.
En efecto, el 24 de junio de 1985, en la edición de “El
Diario”, de Montevideo, Guibourg manifestaba: “Cuando me entero
(de la herida recibida por Gardel. N. del R.) voy a la
Asistencia Pública, estoy con él en su convalecencia y lo acompaño
a Montevideo a reponerse.”
Repite la versión para “Buenos Aires Tango”, en agosto
de 1985 y, con amplios detalles, los brinda al periodista Carlos
Achaval, en el mismo año, para la Revista “Flash”. No deja
dudas: “Sí, Gardel hace una escapada a Tacuarembó para la
convalecencia. Allí, se encuentra con el hermano menor del
caudillo Traverso, “Cielito” Traverso, que se había escapado de
Buenos Aires porque había matado a un cajetilla en el Armenonville.
Gardel se encuentra con “Cielito”, a quien conocía del comité,
naturalmente. Pasa su convalecencia allá -aproximadamente un mes-,
lo cual explica el conocimiento con gente que puede prestarle
ayuda para sacar ese documento falso en el que aparece como nacido
en Tacuarembó.”
A los fines del aspecto en discusión, las versiones aportadas
por Guibourg confirman a Bayardo en cuanto a la presencia de
Gardel en Tacuarembó por “aproximadamente un mes”, para
atender su rehabilitación. Y dejan bien servido, por cierto, al
“francesista” Juan Carlos Esteban.
No es todo. Lo irónico del caso es que quien pone sobre la mesa
los elementos probatorios de los vínculos de Gardel con su
terruño, sus relaciones y, de suyo con sus familiares, es este
Sr. Guibourg que, sobre el final del párrafo arriba transcripto,
en forma absurda, alude a un “documento falso”, supuestamente
gestionado en Tacuarembó…
Este “francesista” mostró la red propia, en que terminaría
cayendo y, sin proponérselo, destrozó el “encuadre histórico”
preparado por Juan Carlos Esteban.
La lección que queda del episodio es que no puede hacerse
literatura de ocasión con cuestiones serias, atinentes a la
investigación histórica.
Fuera de otra consecuencia lógica: más argentinos recuperarán
para la verdad al Carlos Gardel tacuaremboense, que desde Buenos
Aires sobresalió. Y fortaleció con la magia de su voz la identidad
raigal de los pueblos de la latitud sureña.
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