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CARLOS GARDEL

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LOS AMORES

Trascripción de una sección del “Informe sobre el Tango en que el Prof. Arq. Nelson Bayardo analizara 50 personalidades relevantes de la música  popular rioplatense. Al detenerse en Gardel, entre otros ítems, trata su vida íntima.

    “En materia amorosa, un frívolo mercantilismo presentó inicialmente a Gardel como una suerte de “Don Juan”, conquistador irresistible, pero agotado el rubro, el sensacionalismo lo transformó en asexual, bisexual, homosexual, impotente.

   En la casa de la Sra. Cristina Razzano de Airoldi hemos tenido oportunidad de leer la correspondencia manuscrita de Gardel con Razzano, correspondencia que jamás imaginaría el cantor podría tomar estado público, y allí se entra en una vertiente que permite esclarecer totalmente la real actitud de Gardel ante el sexo opuesto, y que destruye todas las insidiosas teorías que se han formulado al respecto.

   Gardel, que dentro de los valores en juego de su época era considerado algo así como un prototipo del varón rioplatense, hubiera visto derrumbada su fama, ante la más mínima sospecha de algo que en aquel entonces le hubiera resultado descalificatorio. Aún, si no se considerara la información que seguirá, lo ya antedicho alcanza y sobra para entender lo insostenible de los infundios mencionados.

   Más aún, justamente al revés de lo pretendido por dichas versiones, las acusaciones contra Gardel venían por el lado opuesto. Así, Blas Matamoro, lo sitúa “cercano a los círculos del proxenetismo” y dice que su imagen recordaba a “la clásica del macró porteño de fines de siglo”.

   Simón Collier, investigador inglés, habla de “ciertas reacciones escandalizadas” que provocó su relación con la renombrada Madame Wakefield en Niza y París. Como es sabido, ello motivó ásperas reacciones en la colonia latinoamericana, que “le endilgó el mote de cafishio”. Parecería imposible negar, dada la amplia difusión que tuvo su relación con “Madame Jeanne” o “La Ritana”, esposa del hampón Juan Garesio, y encargada de regentear una pensión de pupilas francesas, amante de Gardel, y por tal, causa de rudo enfrentamiento con la gente que respondía a Garesio, y que se dice motivó su primer viaje a París,  para evitar males mayores.

   La correspondencia íntima con Razzano, da elementos de juicio precisos como en el caso que sigue:

“…me hice amigo aquí en París, de “la pajarito”, dueña del Armenonville, el Tabaris y El Pigalle, en fin, vos sabés el vento que tiene, etc.”.

   O si no: “…he recibido una carta del padre de una rubia del Chantecler como amenazándome. Te imaginarás tengo que ir prevenido, por eso he comprado un revólver para asegurarlo, pero por de pronto vos tenés que ver a la muchacha, a ver que impresiones tiene del padre. Yo tengo las cartas por las dudas. Bueno, te encargo esto y al mismo tiempo vela a la otra mujer que se encamó conmigo, “la figurita…”.

   Es harto elocuente a través de dicha correspondencia, donde abundan casos como éstos, el ambiente en que se movía el cantor, y describe un cuadro bastante diferente al inventado por sus detractores. Lo que si es real, es la total renuencia de Gardel a embarcarse en relaciones afectivas que le implicaran compromisos matrimoniales. Su relación con Isabel del Valle, con la cual vivió en su conocida casa de Rincón 137, son bastante elocuentes en este sentido, y se trasunta en su correspondencia con Razzano y Defino, su deseo de no dejarse atrapar en las redes del matrimonio.

   De todos modos, parecen demasiados tajantes las declaraciones de Julián Centeya a “7 Días” (junio 1985) cuando afirma: “Gardel sólo se desinhibía con las putas”, y más allá de que sean famosas sus incursiones en la calle Yerbal del Bajo Montevideano, donde era un predilecto de las rameras y que hasta último momento, el artista gustó frecuentar lugares de vida alegre. Obra en mi poder una crónica de un diario de Barranquilla en Colombia, a escasos días de su muerte, donde Gardel es mencionado en un incidente en una conocida casa de citas de una mujer llamada Carmen Pájaro (a) “la yegua blanca” (sic), luego de un enfrentamiento con una amante de ésta.

   Pero no todo fue así. En Tacuarembó se conocen sus amores con Laura Medeiros e incluso con alguna prima suya de la familia Escayola. En Buenos Aires, su joven vecina de Corrientes 1553, Carola Angelini, vio frustrada su relación con el cantor, pues su padre lo consideraba “un compadrito”, según testimonió el Dr. Pedro Baldasarre. Tiempo después, Margarita Pretera, sería la chica de la calle Nueva Granada que mencionara Razzano en los comienzos de su amistad con Gardel. Y mientras mantiene relaciones con Isabel del Valle, comparte su tiempo con Loretta Dartes, que actuaba en radio, que según confesó ésta, ya octogenaria, lo conoció en Montevideo durante la disputa del Campeonato del Mundo en 1930.

   A pesar de su laconismo, Leguisamo, en reportaje que le formulara “El Gráfico” de Buenos Aires, recordó que aunque de mala gana, Gardel -que sujeto permanentemente al asedio de sus admiradoras, no podía sentirse muy cómodo de “acompañante” del jockey- le seguía en las ocasiones que “El Pulpo” lo necesitaba, cuando lograba compañía doble.

   Hacia 1917 vino a trabajar al “Royal” de Montevideo. Se reencontró con Elena Fernández (seguramente la famosa “Helena” de la placa de la Chacarita que dice “por favores recibidos”), a quien conocía desde que ella tenía 14 años. Pero fue una relación llena de sobresaltos, ya que el cantor le exigiría ayuda cuando por causa del juego le escaseaba el dinero. Abandonado por Elena, Gardel encargaría a Celedonio Flores el clásico “Mano a Mano” dedicado a ella, y donde pretendería que las ayudas recibidas habrían sido motivo de retribución de su parte. La placa de Elena, testimoniaría la verdad de esta situación, que finalizó cuando ella regresó a Buenos Aires.

   “Devotamente Teresita”, se referiría a una joven montevideana del Barrio Sur, y también Magali Herrera sería otro amor uruguayo.

   Se le atribuyeron a Gardel relaciones con sus compañeras de las películas. Mona Maris, que diría que “Gardel tenía una atracción animal irresistible” y que “no sería mujer si no hubiera sucumbido a sus encantos”, reconoció que “gustaba tener una nena en cada puerto”, lo cual verifica el gusto de Gardel por las relaciones episódicas y exentas de compromisos.

   Imperio Argentina, con quien querellaba mucho por razones profesionales, indicó “que le puso los puntos” cuando el cantor la asedió “pues en esos tiempos, los amores no eran de cama”. Y Plaja expresó que con Rosita Moreno no hubo nada, pues “con ella nadie se metía”. Sin embargo, Nicolás Díaz, empresario de la gira, relata que en una ocasión, recibiendo bromas sobre Rosita, Imperio y una tal Lupita, Gardel desmintió lo de esta última, pero dejó pasar lo de las artistas, lo cual pareció implicar su aceptación. Lo real parece ser que su relación con Rosita Moreno aconteció en Niza en 1929, y tal cual señaló Plaja, no pasó a mayores durante las filmaciones por los compromisos que por entonces tenía la actriz con un directivo de la productora.

   La lista es muy larga: Perlita Grecco, la bella vedette española, que reconoció el hecho; Ivonne Guitry, Andrea Morand y muy en particular Gaby Morlay, que según se comentó le cambió los esquemas al ídolo, pues como a su vez la actriz francesa estaba muy interesada en mantener relaciones que aseguraran su bienestar económico, la relación resultó también de escasa duración.

   “A Gardel le gustaban todas, y en la vida se le dieron todas”, señaló Plaja, su secretario.

   La nómina es interminable, y es inconcebible que se escriba que no se le conocieron mujeres.

   A su muerte, varios acontecimientos luctuosos dieron prueba cabal de ello, y la prensa de la época registró los mismos en grandes titulares. El 4 de julio de 1935, Amelia Castillo, cubana de 17 años, se prendió fuego con alcohol, falleciendo; en la Provincia de Cumanayagua, también en Cuba, Baldomero Pérez, de 23 años, se suicidó por él, falleciendo en un hospital de La Habana. Ambas serían relaciones suyas de New York. Y aquí, en el hotel Middletown, la cantante Estrella del Rigel ingirió veneno dejando una carta: “Desde el momento en que no he de verte más, he venido al último sitio donde te ví”.En este caso el intento falló. Y en Puerto Rico, “una oligarquita” según diría la prensa, de nombre Suncha Gallardo, de 19 años, hizo similar intento demostrando la pasión que despertaba el artista. Al respecto y visto las edades de las jóvenes es de destacar que el empresario Díaz ya nombrado, habló de Gardel como “un mujeriego incorregible” y recordó que en Bogotá, poco antes de morir, se le presentó una selectísima serie de mujeres de todo tipo, prefiriendo Gardel, dado que “tenía locura por las mujeres jóvenes”, hacerle el amor a una rubia inatractiva que masticaba chicles, pero que no alcanzaba a los 17 años. La explicación del ídolo fue breve: “a burro viejo, pasto joven”.

   Resulta algo frustrante caer en la comidilla de intimidades en esta materia, pero imprescindible para cortar de una vez tanta patraña, que en algún caso pudo responder al mero hecho del despecho de alguna dama desdeñada.

   Señaló Guibourg, amigo del cantor, que siendo éste muy mujeriego, la oferta diaria de mujeres que recibía, le obligaban necesariamente al rechazo en muchas situaciones, lo cual explica lo anterior. Y en algunos casos los rechazos tuvieron repercusiones indirectas como en el conocido del incidente con Aguilar en  Niza, que culminó con la expulsión y regreso del guitarrista a Buenos Aires…”

Walter Celina - Junio de 2005  waltercelina@hotmail.com


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