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LOS AMORES
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Trascripción de una sección del “Informe sobre el Tango en que
el Prof. Arq. Nelson Bayardo analizara 50 personalidades
relevantes de la música popular rioplatense. Al detenerse en
Gardel, entre otros ítems, trata su vida íntima. |
“En materia amorosa, un frívolo mercantilismo presentó
inicialmente a Gardel como una suerte de “Don Juan”, conquistador
irresistible, pero agotado el rubro, el sensacionalismo lo
transformó en asexual, bisexual, homosexual, impotente.
En la
casa de la Sra. Cristina Razzano de Airoldi hemos tenido
oportunidad de leer la correspondencia manuscrita de Gardel con
Razzano, correspondencia que jamás imaginaría el cantor podría
tomar estado público, y allí se entra en una vertiente que permite
esclarecer totalmente la real actitud de Gardel ante el sexo
opuesto, y que destruye todas las insidiosas teorías que se han
formulado al respecto.
Gardel,
que dentro de los valores en juego de su época era considerado
algo así como un prototipo del varón rioplatense, hubiera visto
derrumbada su fama, ante la más mínima sospecha de algo que en
aquel entonces le hubiera resultado descalificatorio. Aún, si no
se considerara la información que seguirá, lo ya antedicho alcanza
y sobra para entender lo insostenible de los infundios
mencionados.
Más aún,
justamente al revés de lo pretendido por dichas versiones, las
acusaciones contra Gardel venían por el lado opuesto. Así, Blas
Matamoro, lo sitúa “cercano a los círculos del proxenetismo” y
dice que su imagen recordaba a “la clásica del macró porteño de
fines de siglo”.
Simón
Collier, investigador inglés, habla de “ciertas reacciones
escandalizadas” que provocó su relación con la renombrada Madame
Wakefield en Niza y París. Como es sabido, ello motivó ásperas
reacciones en la colonia latinoamericana, que “le endilgó el mote
de cafishio”. Parecería imposible negar, dada la amplia difusión
que tuvo su relación con “Madame Jeanne” o “La Ritana”, esposa del
hampón Juan Garesio, y encargada de regentear una pensión de
pupilas francesas, amante de Gardel, y por tal, causa de rudo
enfrentamiento con la gente que respondía a Garesio, y que se dice
motivó su primer viaje a París, para evitar males mayores.
La
correspondencia íntima con Razzano, da elementos de juicio
precisos como en el caso que sigue:
“…me hice
amigo aquí en París, de “la pajarito”, dueña del Armenonville, el
Tabaris y El Pigalle, en fin, vos sabés el vento que tiene, etc.”.
O si no:
“…he recibido una carta del padre de una rubia del Chantecler
como amenazándome. Te imaginarás tengo que ir prevenido, por eso
he comprado un revólver para asegurarlo, pero por de pronto vos
tenés que ver a la muchacha, a ver que impresiones tiene del
padre. Yo tengo las cartas por las dudas. Bueno, te encargo esto y
al mismo tiempo vela a la otra mujer que se encamó conmigo, “la
figurita…”.
Es harto
elocuente a través de dicha correspondencia, donde abundan casos
como éstos, el ambiente en que se movía el cantor, y describe un
cuadro bastante diferente al inventado por sus detractores. Lo que
si es real, es la total renuencia de Gardel a embarcarse en
relaciones afectivas que le implicaran compromisos matrimoniales.
Su relación con Isabel del Valle, con la cual vivió en su conocida
casa de Rincón 137, son bastante elocuentes en este sentido, y se
trasunta en su correspondencia con Razzano y Defino, su deseo de
no dejarse atrapar en las redes del matrimonio.
De todos
modos, parecen demasiados tajantes las declaraciones de Julián
Centeya a “7 Días” (junio 1985) cuando afirma: “Gardel sólo se
desinhibía con las putas”, y más allá de que sean famosas sus
incursiones en la calle Yerbal del Bajo Montevideano, donde era un
predilecto de las rameras y que hasta último momento, el artista
gustó frecuentar lugares de vida alegre. Obra en mi poder una
crónica de un diario de Barranquilla en Colombia, a escasos días
de su muerte, donde Gardel es mencionado en un incidente en una
conocida casa de citas de una mujer llamada Carmen Pájaro (a) “la
yegua blanca” (sic), luego de un enfrentamiento con una amante de
ésta.
Pero no
todo fue así. En Tacuarembó se conocen sus amores con Laura
Medeiros e incluso con alguna prima suya de la familia Escayola.
En Buenos Aires, su joven vecina de Corrientes 1553, Carola
Angelini, vio frustrada su relación con el cantor, pues su padre
lo consideraba “un compadrito”, según testimonió el Dr. Pedro
Baldasarre. Tiempo después, Margarita Pretera, sería la chica de
la calle Nueva Granada que mencionara Razzano en los comienzos de
su amistad con Gardel. Y mientras mantiene relaciones con Isabel
del Valle, comparte su tiempo con Loretta Dartes, que actuaba en
radio, que según confesó ésta, ya octogenaria, lo conoció en
Montevideo durante la disputa del Campeonato del Mundo en 1930.
A pesar
de su laconismo, Leguisamo, en reportaje que le formulara “El
Gráfico” de Buenos Aires, recordó que aunque de mala gana, Gardel
-que sujeto permanentemente al asedio de sus admiradoras, no podía
sentirse muy cómodo de “acompañante” del jockey- le seguía en las
ocasiones que “El Pulpo” lo necesitaba, cuando lograba compañía
doble.
Hacia
1917 vino a trabajar al “Royal” de Montevideo. Se reencontró con
Elena Fernández (seguramente la famosa “Helena” de la placa de la
Chacarita que dice “por favores recibidos”), a quien conocía desde
que ella tenía 14 años. Pero fue una relación llena de
sobresaltos, ya que el cantor le exigiría ayuda cuando por causa
del juego le escaseaba el dinero. Abandonado por Elena, Gardel
encargaría a Celedonio Flores el clásico “Mano a Mano” dedicado a
ella, y donde pretendería que las ayudas recibidas habrían sido
motivo de retribución de su parte. La placa de Elena,
testimoniaría la verdad de esta situación, que finalizó cuando
ella regresó a Buenos Aires.
“Devotamente Teresita”, se referiría a una joven montevideana del
Barrio Sur, y también Magali Herrera sería otro amor uruguayo.
Se le
atribuyeron a Gardel relaciones con sus compañeras de las
películas. Mona Maris, que diría que “Gardel tenía una atracción
animal irresistible” y que “no sería mujer si no hubiera sucumbido
a sus encantos”, reconoció que “gustaba tener una nena en cada
puerto”, lo cual verifica el gusto de Gardel por las relaciones
episódicas y exentas de compromisos.
Imperio
Argentina, con quien querellaba mucho por razones profesionales,
indicó “que le puso los puntos” cuando el cantor la asedió “pues
en esos tiempos, los amores no eran de cama”. Y Plaja expresó que
con Rosita Moreno no hubo nada, pues “con ella nadie se metía”.
Sin embargo, Nicolás Díaz, empresario de la gira, relata que en
una ocasión, recibiendo bromas sobre Rosita, Imperio y una tal
Lupita, Gardel desmintió lo de esta última, pero dejó pasar lo de
las artistas, lo cual pareció implicar su aceptación. Lo real
parece ser que su relación con Rosita Moreno aconteció en Niza en
1929, y tal cual señaló Plaja, no pasó a mayores durante las
filmaciones por los compromisos que por entonces tenía la actriz
con un directivo de la productora.
La lista
es muy larga: Perlita Grecco, la bella vedette española, que
reconoció el hecho; Ivonne Guitry, Andrea Morand y muy en
particular Gaby Morlay, que según se comentó le cambió los
esquemas al ídolo, pues como a su vez la actriz francesa estaba
muy interesada en mantener relaciones que aseguraran su bienestar
económico, la relación resultó también de escasa duración.
“A Gardel
le gustaban todas, y en la vida se le dieron todas”, señaló Plaja,
su secretario.
La nómina
es interminable, y es inconcebible que se escriba que no se le
conocieron mujeres.
A su
muerte, varios acontecimientos luctuosos dieron prueba cabal de
ello, y la prensa de la época registró los mismos en grandes
titulares. El 4 de julio de 1935, Amelia Castillo, cubana de 17
años, se prendió fuego con alcohol, falleciendo; en la Provincia
de Cumanayagua, también en Cuba, Baldomero Pérez, de 23 años, se
suicidó por él, falleciendo en un hospital de La Habana. Ambas
serían relaciones suyas de New York. Y aquí, en el hotel
Middletown, la cantante Estrella del Rigel ingirió veneno dejando
una carta: “Desde el momento en que no he de verte más, he venido
al último sitio donde te ví”.En este caso el intento falló. Y en
Puerto Rico, “una oligarquita” según diría la prensa, de nombre
Suncha Gallardo, de 19 años, hizo similar intento demostrando la
pasión que despertaba el artista. Al respecto y visto las edades
de las jóvenes es de destacar que el empresario Díaz ya nombrado,
habló de Gardel como “un mujeriego incorregible” y recordó que en
Bogotá, poco antes de morir, se le presentó una selectísima serie
de mujeres de todo tipo, prefiriendo Gardel, dado que “tenía
locura por las mujeres jóvenes”, hacerle el amor a una rubia
inatractiva que masticaba chicles, pero que no alcanzaba a los 17
años. La explicación del ídolo fue breve: “a burro viejo, pasto
joven”.
Resulta
algo frustrante caer en la comidilla de intimidades en esta
materia, pero imprescindible para cortar de una vez tanta patraña,
que en algún caso pudo responder al mero hecho del despecho de
alguna dama desdeñada.
Señaló
Guibourg, amigo del cantor, que siendo éste muy mujeriego, la
oferta diaria de mujeres que recibía, le obligaban necesariamente
al rechazo en muchas situaciones, lo cual explica lo anterior. Y
en algunos casos los rechazos tuvieron repercusiones indirectas
como en el conocido del incidente con Aguilar en Niza, que
culminó con la expulsión y regreso del guitarrista a Buenos
Aires…” |