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CARLOS GARDEL

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LA NACIONALIDAD

Fragmento del ensayo “La orilla oriental del tango” del Prof. Juan Carlos Legido.

   “Por supuesto que en este capítulo no voy a demostrar nada nuevo que no hayan escrito o dicho estos incansables buscadores de la verdad como fue Erasmo Silva Cabrera (Avlis) en sus libros: “El gran desconocido” (1967), “Alegato por la verdad” (1975) y “El hombre y su muerte” (1985) y como lo son el Arq. Nelson Bayardo en “Documentos para la historia” y en los suplementos especiales del diario “El País” dedicados íntegramente al cantor; el Dr. Eduardo Paysée González en su laureado libro “Páginas Abiertas” y el presidente de la Sociedad Gardeliana del Uruguay Ricardo Blanco Hughes, en ponencias y congresos y en artículos periodísticos. Y al replantear una vez más la nacionalidad uruguaya de este cantor, voy a sintetizar los más convincentes argumentos que estos investigadores han aportado en sus múltiples trabajos editoriales y periodísticos:

   -Relativo a la documentación:

   La documentación oficial que manejó Gardel durante toda la vida, o por lo menos del 8 de octubre de 1920 en adelante -en que recién concurriera al Consulado Uruguayo en Buenos Aires para legalizar su situación- hace referencia a su nacionalidad uruguaya: pasaporte, libreta de enrolamiento argentina, certificado de buena conducta, adquisición de la ciudadanía legal argentina, carta valable extendida en Francia. Todos esos papeles indican como fecha de nacimiento el 11 de diciembre de 1887 y en cuanto al lugar, el departamento de Tacuarembó. Más allá de esta documentación oficial (o más acá, como se quiera interpretar) él mismo lo declaró en muchas oportunidades (en octubre de 1933 lo hizo en tres oportunidades ante los diarios “El Telégrafo” de Paysandú, y el “El Imparcial” y la “Tribuna Popular” de Montevideo. Al cronista del periódico sanducero le declaró: “un artista no tiene nacionalidad, pero ya que insiste: soy uruguayo, nacido en Tacuarembó”. Existe, además, un hecho muy significativo en relación al trámite que realizó en el Consulado Uruguayo en Buenos Aires el 8 de octubre de 1920 donde, aparte de expresar claramente su nacimiento en Tacuarembó, declaró ser “de padres fallecidos” en épocas en que vivía su presunta madre Berta Gardes (que murió recién en 1947). Porque resulta en verdad muy extraño, excepcional, casi monstruoso, que un hijo de por muerta a la madre estando viva. También, con respecto a estos documentos oficiales, existe la declaración jurada que realizó Gardel para entrar a los Estados Unidos a los efectos de cumplir sus compromisos artísticos, donde debía expresar claramente su nombre y nacionalidad. Al respecto anota Ricardo Blanco Hughes en una condensada y reveladora nota sobre este tema aparecida en el diario “El País” el 11 de enero de 1992: “ Este es un trámite de enorme responsabilidad; una declaración falseada puede terminar con la expulsión del territorio y prohibir su reingreso”.

   Pero también hay que agregar otro detalle importante vinculado a los papeles oficiales de Gardel: la escritura de compra de los solares de la calle Pablo Podestá en el montevideano barrio de Punta Gorda con miras a levantar allí un chalet que nunca llegó a habitar; el trámite fue realizado ante el Esc. Carlos Busch Buero el 30 de octubre de 1933 y en ambas escrituras decía ser de nacionalidad uruguaya. Y muchos años antes, el 2 de abril de 1912, reconocía ser oriental en un contrato realizado con la firma Tagini de Buenos Aires por los derechos de impresión y reproducción de discos.

   -Relativo a la supuesta nacionalidad francesa:

    Es muy elocuente, por ejemplo, que en los avisos de actuaciones en Francia se le anunciara como el “cantor criollo” o, como en el Teatro Fémina de París, “la vedette sudamericana” (el 30 de setiembre de 1930). Y si bien hubiera sido posible que alguien nacido en Francia y llegado a estas tierras muy niño estuviera completamente consustanciado con nuestros medio, por lo cual lo de “cantor criollo” podría cuadrar perfectamente, de alguna manera podría haberse filtrado en Francia su verdadera nacionalidad, que significaba un motivo de orgullo para ese país. Es fácil suponer que en su propia patria se le anunciara como francés aunque se dedicara a cantar temas “sudamericanos”. Nadie dudó de la nacionalidad italiana de Ives Montand (que él mismo declaraba) aunque hubiera sido en algún momento el más típico representante de la canción popular francesa.

   A esto se puede agregar, citando siempre el esclarecedor artículo de Ricardo Blanco Hughes en “El País”, el autógrafo que el cantor dejó en el célebre diario “Crítica” de Buenos Aires el 22 de setiembre de 1928, en el momento de embarcarse para Europa: “El piróscafo me lleva hasta la villa donde impera Chevalier y como criollo parto a conquistar ese país bacán y copero”. O cuando, de regreso al Río de la Plata, un 20 de agosto de 1931, le expresó a un cronista montevideano: “Deseaba hallarme entre criollos pero pronto volveré a París, donde he hallado mi segunda patria”. O sus declaraciones en los Estados Unidos con motivo de unas grabaciones para el sello Víctor: “Habla Carlos Gardel, mis queridos amigos de América Latina, de mi tierra y de mi raza.”

   Como hoy es bien sabido, el supuesto Carlos Gardel, el francés Charles Romuald Gardes había nacido el 10 de diciembre de 1890. Pero esa fecha, de ninguna manera, podía coincidir con la del cantor, a quien se le atribuyeron por los documentos tres años más (1887) y la posibilidad que esa fecha pueda incluso estirarse hasta 1882. Y entre tantas pruebas están las declaraciones de Isabel del Valle, nacida en 1907, con la que Gardel mantuvo un largo vínculo amoroso, y que declaró ante diarios, distintas publicaciones y radios, que el cantor le llevaba 20 años (con lo que nunca coincidiría con 1890 pero sí con 1887, como señalan numerosos documentos). El patrimonio de Gardel, al no haber hijos ni madre probada quedaba sin herederos, por lo cual su albacea Armando Defino maniobró con el atribuido “testamento ológrafo” del 7 de noviembre de 1933, olvidándose que pocas semanas antes, en las escrituras de los lotes de la calle Pablo Podestá ante el Esc. Busch Buero, había firmado como testigo de la nacionalidad uruguaya de Carlos Gardel.

   En fin, que existen más detalles de toda índole, relacionados con su propia vida o con declaraciones de conocidos y amigos que avalan su nacionalidad oriental y están también las contradicciones en las que cayeron su supuesta madre Berta Gardes y los “vivos” que gestaron todo este embrollo de un Gardel nacido en Toulouse en 1890 con fines interesados. Pero este no es, naturalmente, el trabajo indicado para agitar el tema, cuando de lo que aquí se trata es trazar simplemente un panorama del tango en el Uruguay, en el que Gardel es un importante capítulo, pero no el único.”

Walter Celina - Junio de 2005  waltercelina@hotmail.com


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