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EL
DÚO PAULISTANO-ORIENTAL
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Estacionarse, mientras todo anda, |
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equivale a desandar el camino. |
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José Ingenieros. |
Conocido es que en el episodio del aeropuerto de Medellín, en
aquel 24 de junio de 1935, entre los amigos de Carlos Gardel que
corrieran su trágica suerte, se encontraba el talentoso Alfredo Le
Pera.
Su nombre se asocia al de “El Mago” que, inmortalizando sus
letras desde el disco y los filmes, eternizaran al tango-canción
en una fase de pulcritud estilística.
Pero ¿quién era Alfredo Le Pera?
Había nacido en San Pablo, el 7 de junio de 1900, siendo sus
padres dos inmigrantes italianos: Doña María Sorrentino y Don
Alfonso Le Pera. En medio de una epidemia, el matrimonio
peninsular viajó con el niño de brazos hacia el sur, radicándose
definitivamente en Argentina.
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En la formación cultural de Alfredo pesaron profesores y
periodistas argentinos de nombradía.
En el claustro universitario de medicina gozó de la amistad de
José Ingenieros, pensador humanista y psicólogo.
Lo suyo estaría, no obstante, enderezado a las letras, tanto
como periodista, autor de obras escénicas, guiones de cine y
letras de canciones para tangos. |
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Gardel - Le Pera |
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Le Pera adquiere notoriedad renovada por admiración que los
públicos sienten por sus versos, interpretados con señorío por
Carlos Gardel en varios filmes y millones de placas. Estas se
suceden, con todas las técnicas de grabación, como fenómeno único
en siete décadas de permanencia de sus trabajos. “Melodía de
arrabal”, “Golondrinas”, “Soledad”, “Volver”, “Arrabal
amargo”, “Mi Buenos Aires querido”, “Por una cabeza”, “Volvió una
noche”. Extraordinario fenómeno de este dueto de un paulistano con
un oriental, crecidos en el regazo porteño, amados en Sudamérica y
en la región caribeña, e identificados por una singular credencial
rioplatense.
La historiografía del tango tiene, en el ilustre argentino que
es Don José Gobello, un pilar central para la adquisición del
conocimiento de nuestros compositores, letristas, ejecutantes,
arregladores e intérpretes vocales y él ha dedicado estudios a la
obra de Le Pera.
En uno de sus trabajos Gobello establece que la relación Le
Pera-Gardel se produce en París, hacia 1932, en estudios de la
Paramount, a la que el primero estaba vinculado.
Mi distinguida amiga, Sra. Martina Iñiguez -poetisa e
investigadora gardeliana, para satisfacer mi curiosidad sobre Le
Pera, entabló contacto en Buenos Aires con el Maestro José Gobello.
De resultancias de un encuentro epistolar, con la deferencia
que lo caracteriza, el estudioso le remitió un completo informe,
acerca del cual conversamos con la Sra. Iñiguez. Luego de manejar
con profusión antecedentes biográficos, Gobello sostiene que “la
cancionística de Le Pera es comparada habitualmente con la de
Homero Manzi, con la de Armando Taggini y la de Homero Expósito”,
agregando que “lo mismo que estos poetas, Alfredo Le Pera escribió
con una preocupación estética muy próxima a la poesía”. En su
visión, no obstante, no alcanza el desarrollo de Homero Manzi, a
quien -y a justo título- reputa el primer poeta del tango. Y
explica la razón. “Quizá, porque no tuvo tiempo de trepar a ella”.
Para añadir: “Su carrera de letrista abarca muy pocos años. Y muy
pocos títulos”.
La afirmación resulta inobjetable. Le Pera alcanzó con Gardel
el éxito con los temas arriba citados, que se aprietan en el
núcleo de años comprendidos en el lapso 1932-1935, con más firme
acento, en 1934-1935…, en que el dúo se potencia con su ascensión
en la pantallas perladas de las ciudades del continente.
Otro aspecto citado por el especialista es “la singularísima
economía literaria” que trasuntan algunas líneas de la
versificación. Cita algunos, integrados en el decir del lenguaje
cotidiano, en las orillas platenses: “Veinte años no es nada”, “no
habrá más penas ni olvidos”, “golondrinas con fiebre en sus alas”
o giros acuciantes como “en la plateada esfera del reloj las horas
que agonizan” o la sentencia del arrabal sensible: “pensé que era
lindo por ella morir”.
En su exégesis Gobello también destaca la cualidad leperiana de
no haber prescindido del color local, apelando tanto a “una paleta
sobria” como a “un trazo delicado”.
La complementación de Gardel-Le Pera le da a esta etapa del
tango el atuendo necesario para su universalización. No será, la
única piedra del enorme pedestal pero, sin duda, ha sido un
componente para la apertura de un crédito popular enorme y
abierto, ensanchado a permanencia.
Asimilando el apotegma de José Ingenieros, ni su discípulo
Alfredo Le Pera, ni Carlos Gardel desandaron el camino.
Parafraseando al gran Machado, el paulistano y el oriental “hacen
camino al andar”!
(Textos consultados: José Gobello.
“Mujeres y
hombres que hicieron el tango – Biografías” y “Letras de Tango
– Selección”.)
tangoculura@hotmail.com
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