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LOS AMORES DE
CARLOS GARDEL
He resuelto
internarme, muy ligeramente, en la vida amorosa de Carlos Gardel,
capítulo en que las investigaciones han sido relativamente parcas
y, últimamente, deformadas.
En un tiempo
en que la privacidad de las personas se invade de cualquier modo,
la de Gardel ha sido atacada, hace poco tiempo desde Alemania,
poniendo en tela de juicio su masculinidad.
Meses atrás
publiqué una amplia nota, repleta de antecedentes demostrativos de
las relaciones de “El Mago” con admiradoras. Me detuve, entonces,
en aspectos de una interesante carta en que Ivonne Guitry, una
mujer de la clase alta húngara, casada con un diplomático, relató
de sus amores con Gardel. Dicho documento lo obtuve examinando las
notas de un trabajo del pesquisador argentino Ricardo Ostuni,
quien presenta una epístola llena de revelaciones. No he de
insistir sobre consideraciones ya hechas.
Tomo ahora
anotaciones de un investigador uruguayo, quien despeja con
abundante acopio de información cualquier duda, ratificando el
perfil genético varonil de Carlos Gardel. Se trata de la opinión
del Prof. Emérito de la Facultad de Arquitectura de Uruguay, Arq.
Nelson Bayardo, quien hasta hace tres años en que falleciera,
dedicó estudios muy esclarecedores a la vida de nuestro máximo
cantante.
En materia
amorosa, un frívolo mercantilismo -dice el Arq. Nelson Bayardo-
presentó inicialmente a Gardel como una suerte de “Don Juan”,
conquistador irresistible, pero agotado el rubro, el
sensacionalismo lo transformó en asexual, bisexual, homosexual,
impotente.
En la casa
de la Sra. Cristina Razzano de Airoldi hemos tenido oportunidad de
leer la correspondencia manuscrita de Gardel con Razzano,
correspondencia que jamás imaginaría el cantor podría tomar estado
público, y allí se entra en una vertiente que permite esclarecer
totalmente la real actitud de Gardel ante el sexo opuesto, y que
destruye todas las insidiosas teorías que se han formulado al
respecto.
Gardel, que
dentro de los valores en juego de su época era considerado algo
así como un prototipo del varón rioplatense, hubiera visto
derrumbada su fama, ante la más mínima sospecha de algo que en
aquel entonces le hubiera resultado descalificatorio. Aún, si no
se considerara la información que seguirá, lo ya antedicho alcanza
y sobra para entender lo insostenible de los infundios
mencionados.
Más aún,
justamente al revés de lo pretendido por dichas versiones, las
acusaciones contra Gardel venían por el lado opuesto. Así, Blas
Matamoro, lo sitúa “cercano a los círculos del proxenetismo” y
dice que su imagen recordaba a “la clásica del macró porteño de
fines de siglo”.
Simón
Collier, investigador inglés, habla de “ciertas reacciones
escandalizadas” que provocó su relación con la renombrada Madame
Wakefield en Niza y París. Como es sabido, ello motivó ásperas
reacciones en la colonia latinoamericana, que “le endilgó el mote
de cafishio”. Parecería imposible negar, dada la amplia difusión
que tuvo su relación con “Madame Jeanne” o “La Ritana”, esposa del
hampón Juan Garesio, y encargada de regentear una pensión de
pupilas francesas, amante de Gardel, y por tal, causa de rudo
enfrentamiento con la gente que respondía a Garesio, y que se dice
motivó su primer viaje a París, para evitar males mayores.
La
correspondencia íntima con Razzano, da elementos de juicio
precisos como en el caso que sigue:
“…me hice
amigo aquí en París, de “la pajarito”, dueña del Armenonville, el
Tabaris y El Pigalle, en fin, vos sabés el vento que tiene, etc.”.
O si no:
“…he recibido una carta del padre de una rubia del Chantecler como
amenazándome. Te imaginarás tengo que ir prevenido, por eso he
comprado un revólver para asegurarlo, pero por de pronto vos tenés
que ver a la muchacha, a ver que impresiones tiene del padre. Yo
tengo las cartas por las dudas. Bueno, te encargo esto y al mismo
tiempo vela a la otra mujer que se encamó conmigo, “la figurita…”.
Es harto
elocuente a través de dicha correspondencia, donde abundan casos
como éstos, el ambiente en que se movía el cantor, y describe un
cuadro bastante diferente al inventado por sus detractores.
Lo que si es
real, es la total renuencia de Gardel a embarcarse en relaciones
afectivas que le implicaran compromisos matrimoniales. Su relación
con Isabel del Valle, con la cual vivió en su conocida casa de
Rincón 137, son bastante elocuentes en este sentido, y se trasunta
en su correspondencia con Razzano y Defino, su deseo de no dejarse
atrapar en las redes del matrimonio.
De todos
modos, parecen demasiados tajantes las declaraciones de Julián
Centeya a “7 Días” (junio 1985) cuando afirma: “Gardel sólo se
desinhibía con las put..”, y más allá de que sean famosas sus
incursiones en la calle Yerbal del Bajo Montevideano, donde era un
predilecto de las rameras y que hasta último momento, el artista
gustó frecuentar lugares de vida alegre. Obra en mi poder una
crónica de un diario de Barranquilla en Colombia, a escasos días
de su muerte, donde Gardel es mencionado en un incidente en una
conocida casa de citas de una mujer llamada Carmen Pájaro (a) “La
yegua blanca” (sic), luego de un enfrentamiento con una amante de
ésta.
Pero no todo
fue así. En Tacuarembó se conocen sus amores con Laura Medeiros e
incluso con alguna prima suya de la familia Escayola.
En Buenos
Aires, su joven vecina de Corrientes 1553, Carola Angelini, vio
frustrada su relación con el cantor, pues su padre lo consideraba
“un compadrito”, según testimonió el Dr. Pedro Baldasarre.
Tiempo
después, Margarita Pretera, sería la chica de la calle Nueva
Granada que mencionara Razzano en los comienzos de su amistad con
Gardel. Y mientras mantiene relaciones con Isabel del Valle,
comparte su tiempo con Loretta Dartes, que actuaba en radio, que
según confesó ésta, ya octogenaria, lo conoció en Montevideo
durante la disputa del Campeonato del Mundo en 1930.
A pesar de
su laconismo, Leguisamo, en reportaje que le formulara “El
Gráfico” de Buenos Aires, recordó que aunque de mala gana, Gardel
-que sujeto permanentemente al asedio de sus admiradoras, no podía
sentirse muy cómodo de “acompañante” del jockey- le seguía en las
ocasiones que “El Pulpo” lo necesitaba, cuando lograba compañía
doble.
Hacia 1917
vino a trabajar al “Royal” de Montevideo. Se reencontró con Elena
Fernández (seguramente la famosa “Helena” de la placa de la
Chacarita que dice “por favores recibidos”), a quien conocía desde
que ella tenía 14 años. Pero fue una relación llena de
sobresaltos, ya que el cantor le exigiría ayuda cuando por causa
del juego le escaseaba el dinero. Abandonado por Elena, Gardel
encargaría a Celedonio Flores el clásico “Mano a Mano” dedicado a
ella, y donde pretendería que las ayudas recibidas habrían sido
motivo de retribución de su parte. La placa de Elena,
testimoniaría la verdad de esta situación, que finalizó cuando
ella regresó a Buenos Aires.
“Devotamente
Teresita”, se referiría a una joven montevideana del Barrio Sur, y
también Magali Herrera sería otro amor uruguayo.
Se le
atribuyeron a Gardel relaciones con sus compañeras de las
películas. Mona Maris, que diría que “Gardel tenía una atracción
animal irresistible” y que “no sería mujer si no hubiera sucumbido
a sus encantos”, reconoció que “gustaba tener una nena en cada
puerto”, lo cual verifica el gusto de Gardel por las relaciones
episódicas y exentas de compromisos.
Imperio
Argentina, con quien querellaba mucho por razones profesionales,
indicó “que le puso los puntos” cuando el cantor la asedió “pues
en esos tiempos, los amores no eran de cama”. Y Plaja -su
secretario- expresó que con Rosita Moreno no hubo nada, pues “con
ella nadie se metía”. Sin embargo, Nicolás Díaz, empresario de la
gira, relata que en una ocasión, recibiendo bromas sobre Rosita,
Imperio y una tal Lupita, Gardel desmintió lo de esta última, pero
dejó pasar lo de las artistas, lo cual pareció implicar su
aceptación. Lo real parece ser que su relación con Rosita Moreno
aconteció en Niza en 1929, y tal cual señaló Plaja, no pasó a
mayores durante las filmaciones por los compromisos que por
entonces tenía la actriz con un directivo de la productora.
La lista es
muy larga: Perlita Grecco, la bella vedette española, que
reconoció el hecho; Ivonne Guitry, Andrea Morand y muy en
particular Gaby Morlay, que según se comentó le cambió los
esquemas al ídolo, pues como a su vez la actriz francesa estaba
muy interesada en mantener relaciones que aseguraran su bienestar
económico, la relación resultó también de escasa duración.
“A Gardel le
gustaban todas, y en la vida se le dieron todas”, señaló Plaja.
La nómina es
interminable, y es inconcebible que se escriba que no se le
conocieron mujeres.
A su muerte,
varios acontecimientos luctuosos dieron prueba cabal de ello, y la
prensa de la época registró los mismos en grandes titulares.
El 4 de
julio de 1935, Amelia Castillo, cubana de 17 años, se prendió
fuego con alcohol, falleciendo; en la Provincia de Cumanayagua,
también en Cuba, Baldomero Pérez, de 23 años, se suicidó por él,
falleciendo en un hospital de La Habana. Ambas serían relaciones
suyas de New York.
Y aquí, en
el Hotel Middletown, la cantante Estrella del Rigel ingirió veneno
dejando una carta: “Desde el momento en que no he de verte más, he
venido al último sitio donde te ví”.En este caso el intento falló.
Y en Puerto
Rico, “una oligarquita” según diría la prensa, de nombre Suncha
Gallardo, de 19 años, hizo similar intento demostrando la pasión
que despertaba el artista. Al respecto y visto las edades de las
jóvenes es de destacar que el empresario Díaz ya nombrado, habló
de Gardel como “un mujeriego incorregible” y recordó que en
Bogotá, poco antes de morir, se le presentó una selectísima serie
de mujeres de todo tipo, prefiriendo Gardel, dado que “tenía
locura por las mujeres jóvenes”, hacerle el amor a una rubia
inatractiva que masticaba chicles, pero que no alcanzaba a los 17
años. La explicación del ídolo fue breve: “a burro viejo, pasto
joven”.
Resulta algo
frustrante caer en la comidilla de intimidades en esta materia,
pero imprescindible para cortar de una vez tanta patraña, que en
algún caso pudo responder al mero hecho del despecho de alguna
dama desdeñada.
Señaló
Guibourg, amigo del cantor, que siendo éste muy mujeriego, la
oferta diaria de mujeres que recibía, le obligaban necesariamente
al rechazo en muchas situaciones, lo cual explica lo anterior. Y
“en algunos casos los rechazos tuvieron repercusiones indirectas
como en el conocido del incidente con Aguilar en Niza, que
culminó con la expulsión y regreso del guitarrista a Buenos
Aires…”
Hasta aquí
los apuntes del Arq. Nelson Bayardo.
Tal vez
pueda decirse que si la impresión digital no desmiente la
identidad de un individuo, en el caso de Gardel, su voz y la magia
de sus interpretaciones, afirman una masculinidad sin mácula o, si
se prefiere, su heterosexualidad. |