|
SÍNTESIS DEL
PROGRAMA N°
12
–
23/03/2003
Presentes en estudios:
Periodista: Walter Ernesto Celina y Profesora Helena Caorsi
y procuradora Sofía Celina Caorsi
Control de emisión: Sr. Álvaro Lois
LOS BAILARINES
COMPADRITOS Y
LA ELEGANCIA EN EL TANGO
Helena Caorsi: -Amigas
y amigos del gran auditorio de la emisora tradicional de la
región, tengan Uds. ¡muy buenas tardes!
El actor francés Louis Jouvet, figura artística de enorme
estatura de los años 30 -similar a la que un lustro después
fuera en el cine norteamericano la de Humphrey Bogart-, aseveró
que “la elegancia masculina comenzaba por los pies”.
La referencia tiene sentido ya que, nuestro tango -como la
milonga y el vals-, mostraron las destrezas de las parejas desde
los pies.
La plasticidad de los movimientos de nuestra música se
expresa con el cuerpo, a partir de la coreografía que diseñan
los pies.
Hoy conocemos el trazo sencillo, a partir del avance del
hombre con la extremidad izquierda, fuera de lo que es la
manifestación -actual- del tango acrobático.
No en vano se conserva el recuerdo de “El Cachafaz”,
formidable bailarín nacido en el conventillo porteño de las
calles Boedo e Independencia, en febrero de 1885.
Su nombre era Ovidio Blanquet, aunque fue más conocido por su
apodo o por Benito.
No fue carrero, ni cochero. Apenas ejerció -algunas veces- el
oficio de pintor de obra.
Fue un bailarín profesional. Vivía de y para danzar el tango.
Había frecuentado las academias y peringudines de fines del
siglo XIX. Despertó los entusiasmos femeninos en Estados Unidos,
primero, y en Francia después, cuando corría el año 20.
Es que el tango de esa época se floreaba con el corte y la
quebrada y, además, con la medialuna, el alfajor, la sentada, el
espejito, el ocho, la corrida, la sentada y otros firuletes.
Esta música alegre y vivaz se teñía de sensualidad, ciertas
veces y, en otras, de pura elegancia.
En el filme “Tango”, de 1933, Blanquet se luce, haciéndolo
con un estilo ponderado, sin apelar a las formas orilleras que
tuvieran un acento tan lúdico.
“El Cachafaz” murió en su ley: bailando. Fue en Mar del
Plata. Faltaban 45 minutos para la llegada del 8 de febrero de
1942.
Es nuestra música la que ahora se abre paso, para rodearnos
de los bailarines de todos los tiempos.
Para que jóvenes y adultos la sientan en la piel y la bailen
con la alegría y la belleza de “El Cachafaz” y como a cada cual
le sea posible!
MÚSICA PARA EL
“REINO AZUL” DE LOS BAILARINES
Walter Ernesto Celina:
-Por la gran orquesta de Alfredo de Ángelis, cantando Oscar
Larroca irradiaremos, de Buccino, “Bailarín compadrito”.
(Se propala la grabación antedicha.)
Walter Ernesto Celina:
De De Caro, por Osvaldo Pugliese, una composición memorable: “Boedo”.
La versión es instrumental.
Su letra, poco difundida, fue estrenada con suceso en 1928.
Es un homenaje sencillo al arrabal, al que se le compara a un
“reino azul”. Tal vez, porque es allí donde los ojos se abren
libres al cielo, en medio de las calles y espacios abiertos.
Su autor, Dante Linyera, dice en un pasaje de los versos:
“¡Qué quiere hacer la elegante Florida…!,
si tu pones las notas de los tangos
como una flor en el ojal prendida
en los cien balcones de mi gran ciudad.”
Vayamos a Pugliese con su magnífico “Boedo” y apreciemos la
calidad que surge de la conjunción de su piano con los
bandoneones, en juego con los violines y las cuerdas mayores.
Esto es tango, en “Tango-Cultura”, ¡por AM 1.440!
(Se escucha la obra señalada.)
PAGAMOS LAS DEUDAS
Helena Caorsi: -En
tiempos de “default”, cuando las economías entran en quiebra y
las dificultades nos obligan a pensar más reflexivamente, no
seremos desde esta audición que nos transformemos en deudores
impertérritos.
En verdad, desearíamos de alma no vernos confrontados con
ningún amigo o amiga que nos saque “tarjeta amarilla” y nos
muestre la lista de todo aquello que debimos pasar y no pudimos.
O porque el tiempo no alcanzó o por esa escasez con la que
convivimos, también, los que amamos la música.
Es que no siempre disponemos de lo que quisiéramos ofrecer.
Sentimos que tenemos la deuda y, como tantas veces, no tenemos
forma de pagarla.
Sin embargo, vamos a demostrar que poseemos aquella voluntad
y que algo podemos. La cuestión no ha sido de olvido.
El “Cantor sentimental de Buenos Aires”, Don Agustín Magaldi,
cubrió una etapa importante de nuestra música y, particularmente
del canto.
Trayendo la imagen sufrida de los artistas populares, de
aquellos que fueron cruzando los caminos polvorientos que
llevaban a nuestros pueblos, llega para el recuerdo de todos la
caravana circense.
No será la moderna trouppe, con decenas de artistas bandas
multicolores; no se verán los camiones cargados con jaulas que
transportando animales exóticos, lo que se describirá en los
versos que cantará Magaldi.
Con letra de Francisco Romero y música del uruguayo Gerardo
Matos Rodríguez, la obra fue estrenada en un sainete de junio de
1928 por la cantante Carmen Valdés.
La descripción es sencilla y ajustada a la medida de la
sensibilidad que nos continúa identificando como gentes
portadoras de un fuerte humanismo.
De Romero y Rodríguez, por Agustín Magaldi, esta es “La
muchacha del circo”.
(Se reproduce el tema.)
DOS HIJOS DE
TACUAREMBÓ:
“EL MAGO” E
IRENEO LEGUISAMO
Walter Ernesto Celina:
-Tomasa Leguisamo había nacido un año antes que Carlos Gardel,
en San Fructuoso, hoy Tacuarembó.
Cuando Ireneo Leguisamo, su hijo, cobra notoriedad como
jockey imbatible en los hipódromos de San Isidro y La Plata, así
como en el de Maroñas, en Montevideo, tenía un formidable
vínculo con Carlos.
Por aquellos años el fútbol, las carreras de caballos, el
cine mudo y, después, el hablado; los carnavales y los bailes,
las orquestas en los palcos de los cafés y los cantantes,
ocupaban las preferencias de la población.
Gardel formaba parte y era animador de esta cultura popular.
Les presentamos, a continuación, su versión de “Leguisamo
solo”, de Papávero.
(Se irradia el registro.)
“LA CUMPARSITA”, HIMNO DE LOS
TANGOS
Walter Ernesto Celina:
-La historia del himno de los tangos, “La cumparsita”, es una
alegre composición de un núcleo de estudiantes que participan
del carnaval montevideano de 1916.
Gerardo Matos Rodríguez dedicó esta música a la Federación de
Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), entidad a través
de la cual generaciones de estudiantes han hecho conocer sus
opiniones en etapas muy trascendentes de la historia del
Uruguay.
Matos Rodríguez nació el 28 de marzo de 1897, falleciendo el
24 de abril de 1948.
De la mano del periodista y escritor Julio César Puppo (El
hachero), Sofía Celina Caorsi nos entregará esta hermosa
historia, realizada como una verdadera crónica de época.
“LA CUMPARSITA”
Sofía Celina Caorsi:
-“Una Historia de la Orquesta Típica” que consulto a menudo para
confrontar mis datos, nos da a Roberto Firpo actuando ya en el
Armenonville, en 1913, con Eduardo Arolas y Tito Roccatagliata,
luego de vencer en un concurso organizado por la empresa.
Un año antes -informa también la historia mencionada- se
había ganado una gran batalla a favor del tango, encabezada por
el barón Antonio Demarchi, hijo político del general Roca,
consistente en un plebiscito que tuvo por escenario el Palais de
Glace y contó con una calificada concurrencia.
Esta crónica parte de un período bastante anterior, cuando el
tango era todavía una mala palabra y no había trascendido de los
cafetines de La Boca.
Es un localcito de mala muerte, en la calle Almirante Brown,
que tiene seis o siete mesas atendidas por mujeres. Arriba, un
tablado para la orquesta, formada por piano, bandoneón, violín y
flauta.
Allí concurren todos los sábados dos hombres que van a tener
un papel señalado en la vida de Roberto Firpo.
Uno se llama Manfredi, porteño, de oficio peluquero; el otro
es un viejo y estimado conocido de todo el Montevideo nocturno.
Se trata del popular empresario teatral Manuel Barca.
La noche en que, puede decirse con propiedad, comienza esta
reseña, los dos amigos toman asiento en el lugar en que lo
hacían habitualmente, cuando viene una camarera a importunarlos:
-Uds. perdonen, pero no pueden ocupar esta plaza; hagan el
bien de ir más al fondo.
-¿Por qué?
Hay una pequeña discusión y la mujer se ve forzada a confesar
su secreto: el director de la orquesta la cela con Manfredi, que
es un buen mozo que viste impecablemente. Pero, como este es,
además, una de esas personas que “si las dejan hablar no las
ahorcan”, espera que los músicos terminen su primera parte para
llamar a Firpo. Le cuenta lo ocurrido. Le explica que van allí
exclusivamente a escucharlo. Se declara su admirador. Y aquel le
contesta, contrariado:
-Esta mujer está loca; no tiene nada que ver conmigo.
Se sienta a la mesa y de allí parte una amistad que sería
efectiva.
La conversación se hace íntima. Tanto Barca como Manfredi
entienden que el hombre tropieza con dificultades y obstáculos
muy penosos de sobrellevar; su vida es precaria, reducida a un
círculo muy limitado. Y ya ahí conciben la manera de imponerlo a
la consideración pública. Son proyectos un poco fantasiosos,
quizás, propios de la gente que ama la música popular y que ve
en ella algo que tarde o temprano va a surgir plenamente.
Manfredi que, como se ha dicho, es peluquero, sirve a un
millonario muy amigo de parrandas, a quien suele acompañar
porque conoce el ambiente al dedillo.
El millonario tiene una amante de la que está completamente
chalado. Es una mujer gorda y nada joven, pero el la encuentra
admirable. La ha cubierto de alhajas; no le queda un sitio
desocupado: la parda parece un boniato azucarado.
Esa es la opinión de Manfredi que, acto seguido, propone a
Firpo:
-¡Tenés que dedicarle un tango hecho por vos!
Este lo escribe; le pone por título “La gaucha Manuela” y
desde ese momento el excéntrico millonario se hace su fervoroso
hincha. Lo invita a todas las fiestas, lo impone en las casitas
y garzonieres porteñas. Y una noche se resuelve el paso
decisivo: junto con su orquesta se embarca al lujoso
Armenonville.
El Armenonville es el centro de mayor prestigio en el
ambiente nocturno. Por eso, a pesar de tratarse de un cliente
espléndido, el patrón opone fuerte resistencia a la presentación
de esos modestos musicantes. El bandoneón, sobre todo, le hace
parar las patillas.
-¡Qué van a pensar esas señoras estiradas cuando lo tengan
frente a sí, retorciéndose en compadres actitudes?
El millonario apela a un argumento decisivo: toma al dueño
por la solapa, lo lleva hasta la puerta y le muestra: son quince
coches ocupados por amigos que vienen a divertirse y a gastar
mucho dinero, siempre que se permita tocar a Roberto Firpo. Y el
hombre no tiene otro remedio que transar, habilitándoles una
salita aparte.
Mientras la orquesta del establecimiento ejecuta valses y
rigodones, en aquella sala cerrada Firpo toca tangos. La gente
lo oye con curiosidad y deleite. Se acerca. Pide autorización
para escucharlo. Todo el mundo se agrupa alrededor de la
orquesta arrabalera.
El éxito es rotundo y, ya de madrugada, antes de abandonar el
lugar, el patrón habla con Firpo. De allí sale un contrato.
Roberto Firpo y sus tangos habían copado la predilección de los
bacanes, también.
Llegamos a 1917. Roberto Firpo, ya consagrado, viene a
Montevideo.
Es la segunda gran orquesta de ese género que se presenta en
nuestra capital. La primera ha sido la de Pacho Maglio. Ocupa la
vieja confitería La Giralda, de Hermosilla -según el orgulloso
letrero del frente- en 18 y Andes, donde está el Salvo.
Y aquellos amigos, que determinaron su primer gran paso hacia
la fama, lo cuentan en su rueda. Son los muchachos de la
sociedad “El Aguila”, autores de una travesura que se comentó
mucho en la época: el velorio de un vivo. El vivo era Armando
Mattos, que en una tarde se presenta con un rollito de papeles.
-A ver Firpo ¿qué le parece este tango? Lo hizo un sobrino
mio.
Encuentra algunos errores técnicos pero no es malo; lo va a
ejecutar una de esas noches.
Y aparece en el pizarrón -donde se anunciaban las novedades-
escritas estas palabras con tiza: “Hoy. “La comparsita”. Tango
por el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez”.
Gerardo llega a La Giralda como todos los días a escuchar a
Firpo y ve el cartel. Sin tomar asiento dirige una mirada
sobradora, en redondo, a los amigos que esperaban su llegada y,
calladito, se manda mudar. Creyó que habían escrito lo del
pizarrón para tomarle el pelo.
No pudo asistir, pues, al estreno en público de su
composición.
Años después, el mismo Firpo, comentaba asombrado:
-¡Quién iba a decir que aquello sería el tango universal!”
Julio César Puppo (El hachero) – “Ese mundo del bajo”
(Suenan los compases de “La Cumparsita” por la orquesta de
Aníbal Troilo, Pichuco.)
CUANDO EL TANGO
ENCARA A DIOS
Helena Caorsi:
-El tango para convertirse en música popular debió penetrar
profundamente en toda la sociedad. Debió descender hasta las
raíces nutricias de la vida e identificarse no ya sólo con lo
que el hombre siente en su vida cotidiana, sino que se sentó a
su mesa para dialogar sobre algunos asuntos centrales de su
pensamiento.
Vimos, el domingo pasado, que “Cambalache”, más que una
protesta sobre el comportamiento humano, es una expresión de
aire filosófico, con una invasión del deseo de justicia.
Son varias la obras impregnadas de sentido teísta y, como no
podría ser de otra manera, también aquellas que rehuyen y
cuestionan la creencia en un dios.
Las interrogantes y las certezas cruzan al tango del que,
parafraseando a Tácito podríamos decir “que nada de lo humano le
es ajeno”.
Dos tangos para tener dos muestras diferenciadas. Una, de
aceptación pasiva. La otra, de cuestionamiento a un dios que en
su omnipotencia y homnipresencia es injusto con los seres
humanos.
Susy Leiva, con Mariano Mores, de Taboada y el propio Mores,
“Frente al mar”. Luego, de Enrique Santos Discépolo, “Tormenta”,
por Rubén Juárez.
(Son irradiadas las versiones antedichas.)
LLEGAN MÁS COMPASES
DE TANGO
Walter Ernesto Celina:
-Con Roberto Maida, Francisco Canaro, de Amadori y Discépolo,
nos trae “Alma de Bandoneón”. Seguidamente, Mariano Mores,
cantando Enrique Lucero, realiza de Mores y Discépolo, “Cafetín
de Buenos Aires”.
Después, quien fuera la enigmática Ada Falcón -una
cancionista memorable de Francisco Canaro-, nos presentará “Te
quiero”, tema del músico josefino.
El tercer tema será un tango clásico, hecho por un músico con
historia: de Agustín Bardi, Don Osvaldo Pugliese nos saluda
desde la eternidad de su música con “Gallo ciego”. Volvemos para
el final.
(Son difundidas las tres versiones.)
¡HAY MÁS MÚSICA
PARA VIVIR EL TANGO!
Helena Caorsi: -Apreciadas
amigas y amigos de “Radio Chuy”: ha sido muy placentero
compartir esta sobremesa dominguera con la grata compañía de
Uds.
Nos volvemos a encontrar el venidero domingo, no sin antes
ofrecerles de Castillo y Troilo “La última curda”, por Alberto
Marino; “El amanecer” de Firpo, por el maestro Raúl Garello y,
de Gorrindo y Lomuto, por el pedrense Julio Sosa, con Francisco
Rotundo -otro uruguayo-, “He tenido mala suerte”.
(Son difundidos dichos registros.)
Saludos finales.
Cortina de cierre para “Tango-Cultura”, emisión N° l2.
FORMAS DE CONTACTAR CON ESTE PROGRAMA
“Galería Brasil” de la ciudad del Chuy, local 24.
Teléfono N° 5528
Celular 099.16.76.75
E-mail:
tango-cultura@hotmail.com o
waltercelina@hotmail.com
Se autoriza la reproducción total o parcial de estas
audiciones, con la sola condición de especificar sus fuentes.
Examine los capítulos anteriores para
conocer antecedentes de la formación y evolución del tango.
|