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Tango Cultura      

RADIO CHUY
AM 1.440
SÍNTESIS DEL PROGRAMA N° 205/01/2003
 
Presentes en estudios:
Periodista Walter Ernesto Celina, Profesora Helena Caorsi
e invitada la Procuradora Sofía Celina Caorsi.

Control de emisión: Sr. Álvaro Lois. 

PROSAPIA TANGUERA

Walter Ernesto Celina: -Desde el domingo pasado hemos tenido el privilegio de ingresar al mundo del tango, recuperando una de las esencias identificatorias de la cultura musical de nuestros pueblos.

   No todas las músicas que se cantan y bailan en el mundo poseen la prosapia, la ascendencia, de esta que se gestó en las orillas del Plata, para extenderse por el orbe y patentarse con el aditamento de una danza y un canto inconfundibles.

   En el crisol del tango se funden variadísimos elementos.

   Pesan en su gestación, entre otras variables, las migraciones europeas hacia a la América Sureña; los trasplantes étnicos con el grito esclavo; el desalojo de los criollos de los campos cuando sobreviene el alambramiento; la aparición de los suburbios junto a las nuevas ciudades y, en éstas, el conventillo con sus patios...  Sí, con sus patios!

   Parral y malvón. Fragancias de madreselvas y la sociabilidad de las gentes humildes, trabajando y soñando; desafiando la vida y al amor. Escribiendo un poema en el horizonte.

   Recordábamos, en la audición anterior a Ángel Villoldo, uno de los precursores visibles de la nueva música y sus letras.

   “El Porteñito”, “El Torito”, “El Choclo”, “La Morocha”. Con sus brillos esta fase se cierra hacia 1915. 

   Antes de ingresar a la nueva etapa, damos la bienvenida a la Sra.   Virginia Luque, quien con acompañamiento orquestal, nos ofrecerá una  lograda evocación: de Cátulo Castillo y Mariano Mores, “El Patio de la Morocha”.

(Se escucha la versión orquestal  citada) 

DESDE VILLOLDO A CONTURSI

CARACTERIZACIÓN DE LA NUEVA ETAPA

Helena Caorsi: -¿Qué es lo que caracteriza la nueva etapa del tango, la que muere con Villoldo y arranca con Pascual Contursi, en el entorno de 1915?

   Se produce una revolución en las letras, en la forma de expresar los sentimientos. De la apología de ciertas dotes personales se pasa a manifestar con un estado de ánimo. El centro de este clima espiritual tiene, como piedra de toque, el amor. El tango, de este modo se eleva y asocia al eje de la lírica universal.

   En este nacimiento lo porteño se conjuga con lo montevideano, se hace rioplatense y gana multitudes.

   Pascual Contursi llega en 1914 a Montevideo y en sus noches de bohemia canta, acompañándose con la guitarra.

   Algunos amigos le consiguen el permiso del propietario del cabaret “Moulin Rouge” para que diga sus canciones. Pasa el platillo y sufraga sus gastos  diarios y el alquiler de un altillo de hotel.

   A las músicas de Berto, Canaro, Arósteguy les agrega sus versos y así cobran nueva fisonomía “La Biblioteca”, “El Internado” o “El Cachafaz”...

   El “Moulin Rouge” pertenecía a Don Emilio Matos.

   ¿Pueden imaginar quién era este señor?

   Nada menos que el padre de Enrique Matos Rodríguez, que también, por esos años, escribiera “La Cumparsita”.

   Pues bien, es en este ambiente, en que  poniéndole estrofas a un tango de  Samuel Castriota -llamado Lita-,  Pascual Contursi escribe “Mi Noche Triste”.

   Como ha dicho José Gobello -el eminente estudioso argentino-, si Contursi no hubiera cambiado “el alarde por la angustia”, no hubieran sido posibles los desarrollos de la letrística y, quizás nadie habría podido encararse con dios, en tiempo de tango, como años después lo hiciera Enrique Santos Discépolo al escribir “Tormenta”.

   Ahora que el tema está planteado, hacemos música y recibimos, con la admiración de siempre, al Sr. Carlos Gardel, quien  nos ofrece la versión que grabara en 1917 de... “Mi Noche Triste”.

   Se trata de una versión memorable. Con ella “El Mago” imprime su primer disco, lo que lo hace doblemente histórico.

   Un año después, la composición forma parte de un sainete que, con el acompañamiento musical de Roberto Firpo y la voz de Manolita Poli, alcanza las 400 representaciones en Buenos Aires.

(Se escucha “Mi noche triste”) 

NUEVOS Y GRANDES INTÉRPRETES

Walter Ernesto Celina: -El tango-canción se abre paso para hablar de la desolación del hombre y, es en esta propiedad, que reside el cambio.

   No es que la letra de “Mi Noche Triste” -escrita con acento casi milongueado y en versos octosílabos-  sea de extraordinaria factura poética.

Está, simplemente, en la frontera de dos tipos de tango. Es un punto de viraje. Establece una línea demarcatoria.

   Contursi -que afinaba psicológicamente-, produjo, en la misma época del tango que acabamos de escuchar, “De Vuelta al Bulín”.

   Aquí, el “hombre amurado”, recibe “a la percanta arrepentida”, sin comprender la razón de aquel abandono.

   De Aznar y Olmedo, por Aníbal Troilo, “Pichuco”, cantando Roberto Goyeneche, escucharemos un tema afín a los que tratara Contursi: “Lo que vos te merecés”. Adviertan, amigas y amigos, la calidad del decir de Goyeneche y la factura troiliana del acompañamiento orquestal.

(Se emite la composición anunciada) 

CRUZAMIENTO DE LA ORIENTAL Y LO PORTEÑO

Y RECUERDOS AL PASO

   Estamos encontrándonos con una historia de dos orillas, muy rica y amplia.

   Lo oriental y lo porteño se entrecruzan. Los acentos de esta conjunción llegaron hasta algunos de nosotros.

   Para el Baile del Internado, Francisco Canaro compuso “El Matasano”, que en 1914 recibió una letra de Contursi.

   Estamos hablando de celebraciones estudiantiles, particularmente de los universitarios que cursaban para graduarse médicos.

   Reflejos de esta tradición pudimos vivirlos en el establecimiento “Las Telitas”, en la casa colonial de la intersección de Pérez Castellano y Washington, en Montevideo. Una tradición oral barrial aseguraba que allí había nacido José Artigas, lo que después rectificaron  estudios historiográficos.

   En ese local, al llegar la nochecita, el gordo Lito acondicionaba cajones de frutas en el comercio, los que servían de informales mesas y  asientos. Desde el cercano Hospital Maciel llegaban médicos y estudiantes y, al poco rato, se armaban cantarolas tangueras y recitados.

   Podía beberse un tintillo, acompañado de  porciones de un sasonado salame y queso semiduro. El ambiente era cordial, festivo y amistoso.

   Por ahí, también caíamos algunos estudiantes de derecho que habitábamos con la familia rochana de los Amaral, que tenían el pensionado  Pico’s, en Blanes y Canelones.

   Don Lito nos contó que había conocido a Pepo, “El Cantor”, un Gardel que no dejó huellas fonográficas, pero que magnetizaba con su voz.

   De Francisco Canaro, por la clásica formación  orquestal de Rodolfo Biaggi, apodado “Manos Brujas”, aquí viene, abriéndose paso con aire suave y compadrón: “El Internado”.

(Se  reproduce la versión precitada.) 

ASÍ ES CARLOS GARDEL

Sofía Celina Caorsi: -El prestigioso programa “Así es Carlos Gardel”, que se propala los fines de semana por CX 26, emisora del SODRE, acaba de cumplir 25 años en el dial.

   Desde el ámbito rochano de Chuy y, particularmente desde esta frontera cosmopolita en que el tango late con juvenil fuerza, queremos enviar un cordialísimo saludo al Director del programa, Sr. Alfredo Carlos Dighiero, que con tanto brillo ha reconstruido pasajes fundamentales de la trayectoria del “Zorzal Criollo”.

   Trabajos de la jerarquía del realizado por Dighiero ubican al tango y a Gardel en el sitial de relevancia que nuestra música y nuestro ídolo merecen a escala internacional.

   Autores de letras y músicas, cantantes y ejecutantes, familiares y amigos de quienes con “El Mago” compartieron los escenarios han dado a Don Alfredo Dighiero sus testimonios, sus anécdotas, permitiendo que conociéramos variados aspectos de la vida de nuestro máximo intérprete.

   Un trabajo excepcional de este investigador que corona un ciclo de plata desde la radio oficial de Uruguay.

   Al destacar el hecho desde “Tango-Cultura”, la familia tangófila y gardeliana de la frontera uruguaya-brasileña, le envía sinceras felicitaciones a través de AM 1.440, “Radio Chuy”. 

AYER TITA MERELLO, HOY GUSTAVO NOCETTI.

Helena Caorsi: -De una semana a la otra dos voces queridas del tango  han pasado a integrar la galería de los que alejándose, viven en nuestro mejor recuerdo.

   Tita Merello, cantante y actriz de talento, reverenciada por su forma personal de decir el tango, como por sus cualidades para  manifestarse en el teatro y el cine, quebró su voz. Vivió en Uruguay y aquí, en Chuy, tiene familiares. Sus lauros los obtuvo en la gran Buenos Aires.

   Alfredo Nocetti, una muy importante voz del tango actual, hombre joven, de fina y sobria estampa, siguió el derrotero de muchos de nuestros grandes, pagando el tributo de un accidente. Gardel, Le Pera, Fiorentino, Julio Sosa, Osmar Maderna ...

   Con el maestro Federico García Vigil, director de la orquesta sinfónica municipal de Montevideo, realizó interpretaciones memorables, como la de “Naranjo en Flor” e, incursionando en la letrística moderna,  cantó “Libertango”, un poema henchido por el gran sueño de la libertad y la justicia que profesamos.

   Los grandes artistas no mueren. Viven.

   Y para retenerlos en nuestra memoria, une nuestras manos y pone la siempreviva de su sonido el Sr. Aníbal Troilo, “Pichuco”. Para homenajear a Tita y a Gustavo llega con “Lo que vendrá”,  de Astor Piazzolla.

(Se escucha la música predicha) 

MENSAJES AMISTOSOS

   La conducción del programa agradece los innumerables mensajes recibidos de la audiencia y los que cursan desde la Barra do Chuí (Brasil) el Sr. José María Sueiro y Sra. Mara Peyre (“Taller de Arte”), Sr. Juan Miguel González y su esposa María Esther (Establecimiento turístico “Barra Bonita) y el Sr. Edison D. Mendes (presidente del “Grupo Bosque”). 

TANGOS ENGANCHADOS

Walter Ernesto Celina: -Y seguimos a mano a mano, tango a tango, en la sobremesa familiar de los domingos por AM1.440 – “Radio Chuy”.

   De Cadícamo y Radrizzani, por Hugo del Carril escucharemos “El Llorón”; por Hector Mauré, de Majul y Demare, “Mientras Viva” y, en un memorable dúo, cantarán “El viejo vals” el uruguayo Enrique Campos y “El Tata” Floreal Ruiz. La creación corresponde a González Castillo y Charlo. El acompañamiento es de la orquesta de Francisco Rotundo.

   Un  tema festivo, dicho con personalidad; un canto al amor y  la gracia de un gran vals.

   Después traeremos una crónica de antología, tan desconocida como memorable: El debut de Gardel-Razzano en Montevideo, en un aguafuerte de Julio César Puppo, “El Hachero”. Ahora, arrancamos con la simpatía de “El Llorón” y los demás enganchados.

(Se escuchan los registros indicados)

(Compromisos comerciales de la emisora) 

EL DEBUT DE CARLOS GARDEL EN MONTEVIDEO

Helena Caorsi: -Retornamos a “Tango-Cultura” con una página que nos pondrá a todos al borde del mismo del escenario montevideano donde, en 1915, Gardel-Razzano germinan sus éxitos en el espectáculo.

   Vale la pena volver al tiempo de nuestros abuelos y de nuestros padres, para reverdecer juntos esta memoria, tan nuestra, escrita por Julio César Puppo, un periodista y escritor uruguayo que dejara grabado el debut de Gardel, en el viejo Teatro Royal y numerosas estampas de los cafetines portuarios de nuestra capital.

   En este teatro, bates, cantores, músicos y tangueros de ley lanzaron sus desafíos.

   Aquí también, entre los muros y las maderas que respiraron el humo penetrante de los tabacos, José Batlle y Ordóñez arengaba a sus partidarios en tiempos de debates y confrontación pacífica de ideas, cuando crecía la fisonomía cívica del Uruguay progresista de las primeras décadas siglo XX.

En tiempo de tango, guiados por la espléndida pluma de Puppo... ¡vivamos ya ese precioso momento, con la interpretación actoral de Sofía Celina.

Sofía Celina Caorsi: -“Un grito de guerra, nacido en los cafetines de los suburbios y que se extendió rápidamente a otras actividades con las  características de un refrán popular, señala una etapa en la historia de la canción criolla. Era este: “¡Cantá, Medina, cantá!”. 

   Y se originó así. Juan Medina, payador en la época en que los había muy buenos, era un obrero gráfico que, ni bien había parado las últimas  letras en el taller de “El Día”, ya de madrugada, salía con la guitarra colgando del brazo a cantar su desesperanza de muchacho enfermo en los boliches “del Bajo”. Payadas de contrapunto en las que se jugaban el honor y el amor propio del cantor, le habían valido una gran ascendencia popular. Pero ya la tisis, muy avanzada, le estrangulaba la garganta y apenas si podía modular un verso. Era entonces que sus consecuentes partidarios le alentaban con la expresión que se hizo popular: “¡Cantá, Medina, cantá”, sin pensar que con esa frase estaban caracterizando la culminación de un ciclo. Pues mientras por un lado se estaba atento a eso, por otro lado se iba gestando el advenimiento de una nueva etapa: la del cantor o el intérprete que sustituiría al payador, o repentista, en la predilección del pueblo.

   La cosa empezó así:

   -El “tambo” marcha mal, había dicho Visconti Romano, empresario del Teatro Royal, a su colega Manuel Barca.

   -El “tambo” necesita números de atracción. Vete a ver si los consigues en Buenos Aires.

   Y Manuel Barca, que por algo había merecido el calificativo de  “Rey de los empresarios”, embarcó esa misma noche.

   Era el invierno de 1915. Allá, se pone en contacto con gente del oficio. Robrero, el popular bailarín de pase corrido y ocho cruzado de la Compañía Vittone, lo conduce al Teatro Nacional, donde hacía sus primeras presentaciones un dúo criollo, cuyo nombre no decía nada todavía: Gardel-Razzano. Acompañaba la guitarra el negro Ricardo.

   La cosa había empezado y ya nadie la detendría. Se citan para la salida en un café cercano. El primero en aparecer es Razzano, ya entonces encargado de la administración. Oye la oferta sin poder creerlo.

   -¿No se reirán de nosotros?,  pregunta aturdido.

   Le teme al público uruguayo que considera muy exigente.

   -Por eso, el triunfo va a ser más grande, contesta Barca, lleno de fe.

   En eso llega Gardel. Es un mozo gordo, redondo. El sobretodito marrón, pespunteado, le llega apenas hasta la rodilla; era la moda. Gacho blando, con el ala caída sobre un ojo; bufanda rayada, blanco y negro. Todo él irradiaba simpatía. Enterado de la proposición, se muestra lo mismo que su socio, incrédulo al principio.

   Escucha con atención pero es mucho su temor al fracaso. Lo confiesa resueltamente, seriamente:

   -¿Al menos tendremos para volver a Buenos Aires?

   Es una frase histórica: pensaba si conseguirían para el pasaje, en aquel tiempo que costaba tres pesos ida y vuelta, con derecho a cena y desayuno. Había gente que hacía el viaje nada más que por comer. Sin embargo, estos muchachos se inquietaban ante la incertidumbre. Es que una experiencia muy dura pesaba sobre ellos. Y Barca, que también había sido educado en la rigurosa escuela de la calle, lo entendió en seguida.

   -¡Cuánto quieren ganar, les pregunta.

   Los hombres se miran entre ellos, meditan un instante, al cabo del cual se expide Razzano:

   -Con franqueza, dígame: ¿cincuenta pesos por día es mucho pedir?

   Se trata de pesos argentinos.

   -¡Uds. no saben lo que valen!, contesta Barca sinceramente conmovido.

   Y el trato quedó cerrado.

   No sabían lo que valían y hubieran demorado mucho o quizás no habrían llegado nunca a saberlo si no es por Manuel Barca. Corresponde, pues, que se le reconozca.

   Eran por entonces dos modestos cantores que hacían sus primeras presentaciones “en serio” en el teatro, ante el público porteño.

   Su actividad se había iniciado en marcos muy humildes: cafetines de arrabal y pulperías de campaña, donde levantaban un tabladito con las propias mesas y recibían como compensación el producto de una rifa organizada por ellos mismos, de una botella de cogñac o de vermut. De este modo, el recibimiento que les prodigó Montevideo les llenó de asombro, de pavor. La ciudad estaba prácticamente empapelada con el retrato de ambos, pañuelo al cuello y gachito cantor, cuando el barco atracó a muros.

   Con las guitarras colgando del brazo, los conducen a desayunar al Café Bom Marché, en Florida y Soriano, bajo la intensa lluvia de aquella fría mañana de julio. Al observar la bienvenida que les daban los muros llenos de carteles, Gardel se sintió, una vez más, apabullado. Era  como un sueño hermoso.

   -Ché Barca: ¡van a creer que soy un Caruso!, protesta amigable.

   -¡Te aseguro que lo sos!, lo alienta Barca.

   Y esa misma noche hacen una exhibición en privado. La sagacidad de Manuel Barca no ha olvidado ningún detalle. Ya Vicente Salaberry, periodista inquieto por la cosa popular ha publicado en “La Razón” un extenso reportaje. Se va fomentando la expectativa, y esa noche, en la sala del Royal actuarán para la prensa y autoridades. Están presentes: el Jefe Político, Sr. Sampognaro, Oficial Primero de la Jefatura Antonio Sanguinetti; los críticos teatrales Cyro Scoseria, “Bebón” Blixen, Eduardo Dualde, Ulises Favaro, Ángel Méndez, Julián Nogueira y los señores Enrique y Roberto Aiubriot, Dr. Penco y Antuña. La cosa empezó a las seis y media y terminó a las ocho y media.

   El día del debut no cabía un alfiler en el Teatro Royal.

   Con precisión cronométrica, Barca me relataba hasta los menores detalles de esta jornada, inolvidable para él. Empieza en dúo con “La pastora” de Salinas y sigue Razzano con una de aquellas cifras suyas; vuelve Gardel con “El pangaré”... El público delira de entusiasmo; realmente está en presencia de algo excepcional.

   Ya entonces se oye, por primera vez, el grito que sería clásico y que vendría a señalar el comienzo de una etapa nueva:

   -¡¡Cantate otra, Carlitos!!

   El público lo ha hecho su amigo, lo tutea y lo aclama como a un ídolo.

   Es la una y pico de la madrugada y todavía no se han desocupado las localidades del teatro.

   En su camarín Carlos Gardel está llorando cuando entra Barca a felicitarlo.

   -Hermano Barca..., musita apenas, ahogado por la emoción: todo, todo esto te lo debo a vos...!

   Así fue el debut de Gardel en Montevideo, lo que importa mucho, porque señaló su primer gran paso decisivo hacia la celebridad. Ya no se detendría más.

   Así se apagó el eco de aquel grito de guerra nacido en los bodegones de la orilla, cediendo al que señalaría el ocaso del payador, el advenimiento del cantor: “¡¡Carlitos, cantate otra!!”

(Acto continuo Carlos Gardel canta “Madreselva”, con la autoría de Francisco Canaro y Luis César Amadori) 

LA MÚSICA DEL ESTRIBO

Walter Ernesto Celina: -Nos vamos aproximando al epílogo de la sobremesa tanguera que emitimos los domingos, de 13:00 a 14:00 horas, por AM 1.440 - “Radio Chuy”. Pero nos gusta servir la música del estribo.

   Un cantante actual y bandoneonista, Rubén Juárez nos ha de entregar de Manzi y Gutiérrez, un impecable versión de “Después”.

Helena Caorsi: -A la gran fonoplatea del aire, que con AM 1.440 cubre el área fronteriza uruguayo-brasileña, Rocha y Departamentos vecinos, nuestro entrañable saludo y las gracias por sus cálidos mensajes. Nos reunimos el domingo venidero.

(Se anticipan los saludos y se escucha la obra anunciada.) 

Cortina de cierre de “Tango-Cultura”, emisión N° 2.

 

   waltercelina@hotmail.com