DESENSIBILIZANDO A LA OPINIÓN PÚBLICA
Mientras una seguidilla de huracanes se abatían sobre el mar Caribe, azotando de modo implacable a las poblaciones de sus islas, sembrando destrucción y muerte a su paso, postrando y condenando a condiciones de pobreza más duras de las que viven por efecto del subdesarrollo y la supeditación, cuando no por el peso con que Estados Unidos somete a bloqueo a Cuba, observé el direccionamiento de la información suministrada por las agencias internacionales y buena parte de los medios masivos de Uruguay.
Se estaba pendiente del curso que el fenómeno asumiría cuando tocara tierra norteamericana. Lo demás, tenía poco destaque o, lisa y llanamente, no existía.
La fuerza de los hechos y, en particular la solidaridad que despierta Cuba en el mundo, pareció rasgar la cortina política de los silencios.
¿QUÉ ES UN HURACÁN?
Los huracanes son vientos rápidos, rapidísimos, que operan en forma circular alrededor de un centro de baja presión llamado “ojo”. Desde la orilla de la tormenta hasta su centro se registra una caída brusca de la fuerza ejercida de modo perpendicular a la superficie. La velocidad del aire aumenta, los vientos son incontenibles cerca de los puntos de baja presión. El diámetro del área de esa correntada destructora puede superar los 250 kms. y, en una categorización intensidad, de 1 a 5, puede ir desde los 120 a más de 250 kms. por hora.
Las observaciones satelitales permiten apreciar la gestación de estos eventos del tiempo y examinar sus trayectorias. Aristóteles, 400 años antes de la era actual, escribió su Tratado Meteorológico. Evangelista Torricelli, físico y matemático italiano ((1608-1647), discípulo del gran Galileo Galilei, inventó el instrumento de medición conocido como barómetro, que permite evaluar la presión atmosférica.
¿QUÉ PASÓ EN CUBA?
Por razones de espacio me abstengo de analizar el caos imperante en Haití, donde de poco sirvió la Minustah de la ONU, al punto que “la embajada de Estados Unidos en Puerto Príncipe declaró el país zona de desastre y aprobó 100.000 dólares en ayuda de emergencia...” (“El País” 04.09.08 pág. A3).
El periodista Gabriel Mazzarovich, hijo de mi fraterno amigo Jorge Mazzarovich, Embajador de Uruguay en la Isla, cursó un despacho que se conoció en Montevideo con inmediatez al suceso meteorológico.
Tras indicar que el huracán Gustav tuvo un diámetro de 60 kms., con un anillo de nubes con una altura de 14 kms., el colega señala que por 4 horas continuas el Gustav impactó en la Isla de la Juventud (ex Pinos), habitada por 300.000 personas. Y añade: “Luego volvió al Caribe y arremetió contra Pinar del Río... y allí estuvo por 4 horas más.” Agrega: “En la estación meteorológica de Paso Real de San Diego, en Pinar del Río, se midió la racha en 340 kms. por hora.” Sólo un antecedente histórico mayor se registró en 1934 y fue en Monte Washington (EE.UU.), donde los vientos fueron de 369,9 kms. por hora.
Bien. Mientras el huracán citado reducía a escombros casas, sembradíos y centros productivos, otro hermano, el Ike, peinaba con furor la tierra de Martí.
EVACUACIÓN HEROICA
Hoy ya nadie puede ocultar la situación crítica a que los recientes hechos naturales han sometido al hermano pueblo cubano. También a Jamaica y Haití, donde los cadáveres descompuestos han estado flotando en aguas insalubres por días.
Las heroicas medidas de evacuación en Cuba alcanzaron a unos dos millones y medio de habitantes, muchísimos miles más que toda la población de la ciudad de Montevideo!
En este aterrador panorama hubo menos de media docena de muertos. En Haití, un país intervenido desde hace varios años, militar y políticamente, los fallecidos superan el guarismo de los 700.
Tras la alegría de sobrevivir a este desastre infernal, vendrán las privaciones incontables de los pueblos caribeños.
Todos ellos son merecedores del concurso solidario de los gobiernos y los pueblos de la región y del mundo.
Doscientos cincuenta uruguayos residentes en Cuba, en general, becarios universitarios, salieron indemnes en una situación crítica que nuestra república no ha conocido jamás. Las medidas de protección a los cubanos y huéspedes de muchas nacionalidades fueron de una altísima eficacia.
UNIR MANOS Y CORAZONES
Vueltas las cosas a una relativa normalidad, las tareas de reconstrucción se imponen. Será la tarea ciclópea de cada nación, por supuesto.
Pero desde el exterior, desde la Patria Latinoamericana, deben unirse manos y corazones, para tender un socorro sostenido y la solidaridad más intensa a nuestros sufrientes hermanos.
Cuando el primer huracán cruzó Cuba, Fidel Castro en uno de sus acostumbrados mensajes, reflexionaba así: “...No en balde se afirma que un huracán despliega una enorme energía, tal vez equivalente a miles de armas nucleares como aquellas que fueron lanzadas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.”
En otro pasaje manifestaba: “...No nos dejemos arrastrar por las ilusiones. Este huracán -era el Gustav y, después llegaría el Ike- nos deja cien mil viviendas golpeadas en mayor o menor grado y pérdida casi total de artículos necesarios...” Y preguntaba, antes que apareciera el último devastador super ciclón: “...¿Cuántas viviendas anticiclónicas, seguras, necesita Cuba?” Y respondía: “...No menos de un millón y medio de ellas para tres millones y medio de familias totales.”
La naturaleza no había dicho su última palabra. El cálculo quedó muy corto.
Por consecuencia, la respuesta más inmediata debe ser ancha y generosa. A ello deben convocar las instituciones y ciudadanos fraternos. De todas partes.
Montevideo, setiembre 2008. |