A veces una ausencia de los espacios periodísticos habituales puede prolongarse más de lo previsto.
Casi sin quererlo, otras necesidades y ocupaciones me fueron apartando de mis columnas.
Tras la pausa, retomo los contactos con los amigos lectores, llevado de la mano por los problemas de nuestro tiempo. He de seleccionar algunos temas de interés general, cuestiones a veces de menor divulgación, sin dejar de incursionar en determinadas investigaciones.
No escribo por encargo, ni obedezco a ninguna organización o grupo de interés.
Desarrollo apenas una vocación que registré con atención desde niño. Fue en la Escuela Pública de 2do. Grado N° 1, José Pedro Varela, de Mercedes, que dirigía con talento la maestra Lucía Dotti. En la Revista “Aleteos” leí escritos preparados por condiscípulos. Cuidé tales ediciones.
Luego, ya liceal, ingresé en la aventura de integrar un gremio estudiantil, autónomo y libertario como el viento. Editábamos nuestra prensa: “Cumbres” y “El Liceo”.
La política y las cuestiones sociales me cautivaron, apartándome de los estudios universitarios, aunque no -felizmente- del amor al saber y sus ámbitos.
La batalla de las ideas exigía entonces, como hoy, potenciar el estudio, el análisis cotidiano y desplegar las formas de comunicación.
La pluma ha sido, a través de la historia moderna, un arma insuperable y, con ella, me identifiqué para transmitir conceptos.
La verdad, la justicia, la fraternidad, la solidaridad vertebran mi esquema ético.
He transitado por revistas, periódicos, diarios, semanarios y otros medios.
Reingreso a esta tribuna con la alegría de saber que, detrás de las páginas escritas y de las pantallas, estarán los observadores curiosos, los lectores próximos y lejanos, así como una comunidad de amigos, algunos, mujeres y hombres de mi tiempo. Con ellos he de reunirme para debatir con cordialidad, más allá de opiniones afines o diferencias.
Otra vez estoy en carrera, muy feliz.
Montevideo, enero de 2008. |