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PIAZZOLLA ESCRIBE SOBRE GARDEL
INTRODUCCIÓN
Examinando unos archivos gardelianos que me aportara el
distinguido historiador Aníbal Barrios Pintos, he tenido
oportunidad de releer una página publicada en el diario “El Día”
de Montevideo, del 24 de junio de 1984.
El periodista Nelson Domínguez, “Guruyense”, evoca la
personalidad de Gardel con motivo del aniversario de su muerte.
Allí se destaca una bella caricatura de “El Mago”, perteneciente
a Hogue, y la carta a Gardel, escrita en 1978, en Buenos Aires,
por el célebre músico argentino Astor Piazzolla.
Se trata de dos figuras máximas de la música rioplatense.
Indiscutido Gardel; celebrado Piazzolla por doquier, en mérito a
la riqueza de su música única. En su origen y en un instante
resonante de su evolución, ambos son artífices -con generaciones
de notables músicos e intérpretes- de la prestancia universal
del tango.
Astor Pantaleón Piazzolla había nacido en la ciudad portuaria
del Mar del Plata, el 11 de marzo de 1921. Fallece 4 de julio de
1992, a raíz de una trombosis cerebral que lo afectara desde
agosto de 1990.
Vive en Nueva York desde 1924 a 1937. Su padre, inmigrante
italiano, ejercía el oficio de peluquero en Manhatan.
Inicia estudios de bandoneón con un instrumento que le regalara
su progenitor. Acude a clases de piano impartidas por Serguei
Rachmaninov.
Con Carlos Gardel, en Nueva York, aparece como el canillita, en
el filme “El día que me quieras”.
En 1937, de retorno en Argentina, desenvuelve su carrera de
bandoneonista. Se incorpora a la orquesta de Aníbal Troilo. En
1940 estudia con Alberto Ginastera. En 1946 forma su propia
agrupación, donde actuará Francisco Florentino.
Levanta su bandoneón como un instrumento de corte clásico.
Empieza a ser distinguido. En 1950, en Estados Unidos, es
galardonada su “Sinfonía porteña”. Accede en Francia, en 1952,
al 1er. Premio de Composición, lo que le vale una beca de
perfeccionamiento con la célebre Nadia Boulanger. En 1953 la
“Sinfonía de Buenos Aires” alcanza el premio Fabián Sevitsky. En
el 54 la Asociación de Críticos
Musicales de Buenos Aires distingue su composición
“Sinfonietta”.
Conforma el “Octeto Buenos Aires” y la “Orquesta de cuerdas”.
En 1963 recibe el “Premio Hirsch”. Paul Klecki dirigirá sus
“Tres movimientos sinfónicos”.
De 1965 es su trabajo con Jorge Luis Borges. Musicaliza varios
poemas, los que serán cantados por Edmundo Rivero.
Con el uruguayo Horacio Arturo Ferrer compartirán la autoría de
“María de Buenos Aires”. Sobrevendrá, en 1969 el éxito mundial
de “Balada para un loco”.
Diversas creaciones jalonan el período en que compone “Tangazo”,
“Tango seis”, “Milonga en re”.
Desde 1971, con su “Conjunto nueve”, abre un período de exitosas
giras. El reconocimiento mundial se hará imparable.
En 1989 la publicación jacística “Dwon Beat” coloca a Astor
Piazzolla como uno de los instrumentistas mayores del orbe.
En 1993, en Los Ángeles”, es nominado por los Grammy Awards 1992
por “Oblivion”, en la categoría mejor composición instrumental.
Para entonces, el maestro era una sorprendente estrella en el
cosmos del tango y del arte musical.
PIAZZOLLA MANO A MANO CON GARDEL
Buenos Aires, año 1978.
Querido Charlie:
Quizá llamándote Charlie te acordarás del pibe de 13 años que
vivía en Nueva York, que era argentino y tocaba el bandoneón.
Además trabajó de canillita en “El día que me quieras”.
Te puse Charlie cuando me preguntaste, en tu casa, cómo se decía
Carlitos en inglés.
¿Te acordás cuando te llevé un muñeco de madera que había
tallado mi viejo? Esa mañana me dedicaste dos fotos. Una para
Vicente Piazzolla y la otra para el “simpático pibe
y futuro gran bandoneonista”.
De 1934 a hoy, 1978, pasaron 44 años y realmente no te fallé.
¿Te acordás cuando me llevabas a tus filmaciones en los Estudios
Paramount, de Long Island; (en) febrero de 1934, la peor nevada
del año, dos metros de alto y 10° bajo cero, y yo, tu traductor
de piropos a las pibas que te querían conocer?
Nunca me olvidaré las dos bicicletas que agarramos con Tito
Lusiardo y rompimos tratando de entrar en calor.
Por las tardes solía acompañarte a que te compraras ropa en las
grandes tiendas de Nueva York. Recorrimos Saks, Macy’s,
Florsheim y, al fin, compraste tus dichosas camisas con rayas
verticales y horizontales. Docenas de ellas, zapatos de charol,
borsalinos, etcétera, como si te sobrara la guita.
Te mostré toda mi ciudad (estaba orgulloso de saber tanto,
también... hacía 11 años que vivía allí), sobre todo mi barrio,
Greenwich Village a donde te llevaba a conocer las mejores
cantinas italianas, y vos, con problemas de busarda te cuidabas,
sin contar la vez que vinistes a casa donde probastes los
ravioles de la nonina Asunta, además de un final de buñuelos de
membrillo. ¡Cómo te gustaba comer bien!
Jamás olvidaré la noche que ofrecistes un asado al terminar la
filmación de “El día que me quieras”. Fue en honor de los
argentinos y uruguayos que vivían en Nueva York.
Recuerdo que Alberto Castellano debía tocar el piano y yo el
bandoneón, por supuesto para acompañarte a vos cantando. Tuve la
loca suerte de que el piano era tan malo que tuve
que tocar yo solo y vos cantaste los temas del filme.
¡Qué noche Charlie! Allí fue mi bautismo con el tango. ¡Primer
tango de mi vida y acompañando a Gardel! Jamás lo olvidaré.
Al poco tiempo te fuiste con Le Pera
y tus guitarristas a Hollywood.
¿Te acordás que me mandastes dos telegramas para que me uniera a
Uds. con mi bandoneón?
Era la primavera del ’35 y yo cumplía 14 años. Los viejos no me
dieron permiso y el sindicato tampoco. Charlie, ¡me salvé! En
vez de tocar el bandoneón estaría tocando el arpa.
Comienza una nueva época en mi vida. Volvemos a Mar del Plata en
el ’36. Me agarra el flechazo de la música y estudio
locamente el fuelle. Mi bandoneón y yo nos vamos a Buenos Aires
y debuto con Aníbal Troilo.
¿Sabes quién era
Troilo? El era vos tocando el bandoneón. Es como decir: tu
continuador.
Estábamos en 1939 y
hacía cuatro años que eras Dios. Tus filmes y discos subieron
desesperadamente. Y, ahora, los giles descubren
que cantabas bien. Se acuerdan de aquel momento en que
preferían escuchar a otros cantores. Tu teatro estaba vacío. Tu
ida a Europa fue premonitoria y tus presentaciones son cada vez
más importantes. Después USA, tus filmes, Hollywood,
Centroamérica y Medellín, el fin de la ruta.
¿Sabés una cosa? A mi tampoco me gusta el avión, menos esa
catramina que tomastes vos. Pero..., después de tu ausencia,
comienzan a aparecer los nuevos personajes de Buenos Aires.
Charlie... le arruinastes la vida a los cantores, esos que
solían decir “menos mal que se fue Gardel y hay más laburo para
nosotros” , y otros contestaban: “guarda muchachos, que quedan
los discos”.
Aprovechando este momento aparece la nueva clase social: “las
viudas de Gardel”, personajes que compraban o tenían tus discos.
Automáticamente se hacían locutores radio y “críticos”, además
todos decían que eran amigos tuyos y nunca te habían visto en la
vida. Esta gente, que tiene su plan formado en
toda la Argentina, Uruguay, Colombia, Venezuela y muchos
países más hace 45 años que viven gracias a vos.
Pero allí no termina la cosa. Después de 1936 nacen los
Gardelianos, Gardelones, Gardelitos o Gardeluchos.
Son unos bichos raros que usan tu sonrisa, tus mismas pilchas,
tu misma manera de andar y hablar, pero lo que no pueden hacer
es cantar como vos.
Charlie, sé que te estarás muriendo de risa; no es para menos.
Te puedo decir que la mayoría de los cantores quisieron ser
Gardel y Gardel fue de todos.
Aquí se ha corrido la bola que tus discos ensayan de noche, por
eso cada día cantas
mejor.
Te cuento una linda, Charlie. Ciertos profesores de canto del
Teatro Colón, hacen escuchar tus discos como modelo de canto.
Y estoy seguro que siempre estarás
mirándonos desde arriba y pensarás que te hubiera gustado
cantar los grandes tangos del ’40. Además, yo hubiera escrito
para vos y te hubiera hecho los arreglos y tocado el bandoneón.
Matamos, Charlie. Lo único que no quisiera emplear en la
orquesta es el arpa. Allá tendrás una colección de todos los
colores.
Vos que conocés a los ángeles ¿por qué
no les pedís que cambien el sistema y
metan algún bandoneón en la orquesta? Mirá que está el
gordo Pichuco, Maffia, Laurenz. Me estoy entusiasmando demasiado
y prefiero esperar un poco para ser yo quien organice la
orquesta.
Me voy a trabajar, o sea, como hoy
se dice, “tengo un recital”. Voy a pensar en el pibe
Piazzolla cuando vos le dijistes “ahora poné la música de “Arrbal
amargo” y dale con
todo”.
Era la primavera
del ’35 y había nacido el dúo Gardel-Piazzolla.
Soy un tipo de suerte.
Algún día nos encontraremos en el último piso. Esperame, pero...
no te mueras nunca.
Tu amigo,
ASTOR PIAZZOLLA
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