Chuynet

 

COLUMNA DE INFORMACIONES Y COMENTARIOS

IMPRIMIR

 
Envía tu comentario
Si desea enviar un comentario referente a esta nota o a otra, favor clic en Enviar
 
 

Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

La desertificación afecta al 30% del globo terráqueo. La degradación de los suelos está registrando una marcha acelerada y sus consecuencias son gravísimas para todas las formas de vida.

24 millones de toneladas del envoltorio que cubre el planeta es la cantidad que pierden los continentes.

Sólo en las dos últimas décadas la tierra se ha visto privada de suelos cultivables en un área similar a la que los Estados Unidos destinan a plantaciones.

Sin embargo, gobiernos y empresarios hacen oídos sordos a los alertas científicos y miran para otro lado, como al descuido.

Hama Arba Diallo, secretario ejecutivo de la rama de las Naciones Unidas contra la desertificación, acaba de pasar por Buenos Aires, donde convocó una conferencia de medios.

¿Cuál fue el resultado?

Nora Bär, periodista de “La Nación”, lo resumió con una frase del propio visitante:     - “Si esta reunión fuera sobre el calentamiento global, la sala no hubiera dado abasto”.

Y se entiende, es más aséptico eludir responsabilidades concretas. Se torna más de conferencia referirse a los efectos del calentamiento, como lo hacen muchos, eludiendo culpas propias.

 ¿Cómo se produce la desertificación?

La colega sintetiza el fenómeno de la siguiente manera: “En las tierras áridas, principalmente como consecuencia de la variabilidad climática y del sobrecultivo (que agota el suelo), del sobrepastoreo (que remueve la cubierta vegetal que la protege de la erosión) y de las malas prácticas de riego (que salinizan las tierras de cultivo, desertificando alrededor de 500 mil hectáreas por año).

Al contrario de lo que podría pensarse, no se trata solamente de un problema de los países en desarrollo: el continente con mayor proporción de sus tierras áridas, severa o moderadamente desertificadas, es América del Norte.”

Como se advertirá, es una cuestión de políticas de estado, de aplicar contralores y restricciones. De afectar intereses muy palpables.

El proyecto brasileño-norteamericano de asociación para la producción de etanol tiene una de sus patas en la disponibilidad de tierras de Brasil para utilizar la biomasa derivada de los cultivos de maíz y caña de azúcar.

El país vecino tiene alrededor de 90 millones de hectáreas cultivables y unos 200 millones más para el pastoreo de ganado. La agricultura ocupa sólo 62 millones de hectáreas, de las cuales 6 millones están dedicadas a la caña de azúcar; una mitad para producir etanol y la restante para obtener azúcar. Existe potencial para agregar algunos millones de hectáreas para servir la producción de etanol, aparentemente sin sustraerlas a la selva o a los cultivos alimentarios.

El proyecto de referencia ha de tener un indudable impacto local y regional sobre la naturaleza, tema que ya está generando debates. Sin duda, también, en las relaciones comerciales y políticas, al generarse un sustitutivo del petróleo.

El ex presidente Fernando Henrique Cardoso ha sostenido que “la más grande amenaza para la humanidad es el efecto invernadero” y que un “problema más amplio es si las prácticas occidentales, al generalizarse, permitirán la convivencia pacífica entre el hombre y la naturaleza y, al límite, entre los hombres”.

La demanda creciente de productos agrícolas puede conducir a hábitos insostenibles, empobrecedores de los suelos, como lo son los monocultivos, fuera de los manejos inadecuados.

Así navegamos, sin Arca de Noé, entre los nuevos arrecifes: la desertificación y el calentamiento global.

Walter Celina - Abril de 2007  waltercelina1@hotmail.com


www.chuynet.com© 2000 - 2007