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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

¡NO SABE, NO CONTESTA…!

Existe una curiosa coincidencia entre los resultados de las encuestas y ciertas indagaciones judiciales. Algunos de los entrevistados se alínean tras la afirmación de un “no sabe” o “no contesta”.

En las consultas de opinión es regular que un segmento de los preguntados orillen las respuestas. Desconocen la materia o no desean pronunciarse.

En los interrogatorios judiciales ocurre que a los militares de graduación los afecta un sorprendente estado de amnesia. “No saben”, “no recuerdan” respecto de las vejaciones y muertes ocurridas en los establecimientos regenteados por las Fuerzas Armadas durante la dictadura.

Pero ¿en qué quedamos? ¿Los ex Comandantes no se declararon responsables, en forma pública, de las decisiones adoptadas desde el 27 de junio de 1973?

Los denominados “vuelos de la muerte” ahora parecería que se efectuaron en aviones tripulados por hombres robots, los que actuaron de modo absolutamente mecánico, sin conocimiento ninguno de los elementos que rodearon su preparación, la ejecución de los traslados ni del destino final de los prisioneros políticos transportados.

¿De qué eran entonces responsables los jefes militares y subordinados inmediatos?

Se habría actuado pues, por órdenes ignotas, con los ojos cerrados y con los oídos bien tapados. Todo, a través de un  mecanismo similar al de un piloto automático…

El informe de la Fuerza Aérea Uruguaya a la Presidencia de la República mostró -lo que todo el mundo sabía en general-: desde Argentina se transportaron prisioneros políticos en los vuelos, los que después desaparecieron. Fueron muertos.

¿Y los responsables?

Silencio.

Raúl Ronzoni, uno de los periodistas de mayor acreditación en temas judiciales, acaba de revelar lo que habría sido el interrogatorio al Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Teniente General Aviador Enrique Bonelli.

El militar compareció ante el Juez Luis Charles y la Fiscal Mirtha Guianze.

He aquí la cita que realiza el colega:

“-¿Quién le informó que los pasajeros estaban a bordo?, preguntó la Fiscal.

-Alguien lo dijo, respondió Bonelli.

-¿Cómo hicieron el cálculo de peso para realizar el vuelo?, insistió.

-No recuerdo.

-¿Quién dijo que las puertas estaban cerradas?

-No sé, repitió.

-¿Otra particularidad del vuelo?, interrogó Guianze.

-No recuerdo, contestó el militar.

-Quién(es) los esperaba(n) en Carrasco y de qué arma era(n)?

-No lo sé.

-¿Conoce la identidad de las personas transportadas en el primer vuelo?

-Ni la identidad ni la cantidad, respondió.”

¿Tan insignificantes eran los hechos que estaban ocurriendo como para que la desmemoria haya ganado a los protagonistas, fueran principales o secundarios?

¿Es que puede bastar esta epidemia de olvidos para sepultar hechos trágicos y, tras ello, dar por concluida la historia?

Ni judicial ni éticamente correspondería.

La verdad pide que se le abra el paso.

Walter Celina - Mayo de 2007  waltercelina1@hotmail.com


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