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INFORMES FALACES
El cambio climático va a deteriorar las condiciones
elementales de vida de la población de todo
el planeta, esto es, acceso al agua, producción
de alimentos, salud y medio ambiente.
Nicholas Stern, consejero económico del gobierno británico.
Desde hace más de tres décadas informes científicos y económicos
estuvieron alertando acerca de las consecuencias que para el
planeta acarrearía el modelo productivista imperante.
El vicepresidente del Banco Mundial, Lawrence Summers, entre
1991 y 1996 y, posteriormente Secretario del Tesoro, bajo la
presidencia de Bill Clinton, sostenía en 1991: “No hay límites a
la capacidad de absorción del planeta capaces de bloquearnos en
un futuro previsible. El riesgo de un apocalipsis debido a un
calentamiento global, o a toda otra causa, es inexistente. La
idea que el mundo corre hacia su perdición es profundamente
falsa. También es un error mayúsculo pensar que deberíamos
imponer límites al crecimiento debido a los límites naturales;
es, además, una idea cuyo costo social sería asombroso, si
alguna vez se llegase a aplicar.”
Poco después, remató estos conceptos en “The Economist” (1992),
con una lapidaria sentencia: “Esgrimir el espectro de nuestros
hijos, empobrecidos si no enfrentamos los problemas globales del
medio ambiente, es pura demagogia.” Más todavía, añadió: “El
argumento según el cual
nuestras obligaciones morales, respecto de las
generaciones futuras, exige un tratamiento especial de las
inversiones medioambientales, es estúpido.”
Más cerca en el tiempo, Anne Krueger, economista jefe del Banco
Mundial durante el mandato de Ronald Reagan
y, luego, entre 2000-2006, número dos del Fondo Monetario
Internacional, decía: “Tampoco causamos daños irreparables al
medio ambiente. Es claro que, después de una fase inicial de
degradación, el crecimiento económico lleva a continuación a una
fase de mejora.”
Está comprobado que los daños irreparables se han causado y han
sido muy graves. También que los países industrializados,
superando los 5.000 dólares de producto bruto interno por
habitante, han continuado políticas polucionistas.
Hace un año, Ronald Parker, del Banco Mundial, produjo un
informe sobre las catástrofes naturales, en donde ahora, sin
decir agua va, la entidad sostiene olímpicamente: “Hay un
aumento de las catástrofes relacionadas a la degradación del
medio ambiente a lo largo y a lo ancho de todo el planeta.”
Volviendo al señor Nicholas Stern, que no aboga por supuesto por
cambios en los modelos productivos de la globalización y el
industrialismo, véase los juicios que ha manejado: “Todos los
países serán afectados (por el calentamiento global). Los más
vulnerables -los países y las poblaciones más pobres- sufrirán
más y más temprano, aunque hayan contribuido mucho menos al
cambio climático.”
Y, como para que no le quepan dudas a nadie, asevera desde las
entrañas del sistema: “El cambio climático es el fracaso más
grande del mercado que el mundo haya conocido e interactúa con
otras de sus imperfecciones.”
Los informes falaciosos y el mercado se han dado la mano.
¿Podrán burlar la conciencia de los ciudadanos del mundo?
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