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DE LA HISTORIA RECIENTE - Nota 5
OPINIONES DE HÉCTOR GUTIÉRREZ RUIZ
Héctor Gutiérrez Ruiz ocupaba el cargo de Presidente de la
Cámara de Representantes al momento en que Juan María Bordaberry
se declara dictador y barre las instituciones democráticas, el
27 de junio de 1973.
El 18 de mayo de 1976 el legislador fue secuestrado y asesinado
en Buenos Aires, junto a Zelmar Michelini y otros compatriotas.
Las siguientes manifestaciones fueron ofrecidas por Gutiérrez
Ruiz el 5 de julio de 1973, en el Hotel “Carsson”, de la Av.
Viamonte, en el marco de un reportaje más amplio.
HECHOS CONCOMITANTES
Respondiendo a la pregunta de qué fuerzas estaban tras el golpe
de Estado de Bordaberry, sostenía en un pasaje el presidente
depuesto de la Cámara de Representantes:
“...En el aspecto externo hay un hecho objetivo. En los mismos
días, en la misma semana precisamente en que se da el golpe de
estado en Uruguay, se intenta un golpe de Estado en Chile contra
el gobierno del presidente Salvador Allende. Y con anterioridad
ocurren los más oscuros hechos en Ezeiza, en la Argentina. ¿Será
una mera coincidencia en el tiempo? ¿Es pura casualidad? ¿Es que
en la lotería salió el número que tiene letras?
...En el Uruguay, el Sr. Bordaberry era el elemento ideal dado
por las circunstancias. Se trata del presidente con menor
vocación política, casi diría
-con palabras prácticamente textuales del propio Juan
María Bordaberry- de un hombre con desprecio al poder político.
Un desprecio que no lo inhibió para ser senador del Partido
Nacional y luego presidente electo por el Partido Colorado, lo
que es caso excepcional en la historia del país, único quizás en
los últimos sesenta años de la historia nacional. Porque hay que
saber lo difícil que es el Uruguay cambiar de partido político,
ser blanco y colorado.”
LOS BORDABERRY Y LOS CHRISTI
“...Ese señor sin vocación política, empieza a ver la
posibilidad de un golpe de fuerza, militar, conservador, ya no
diría de derecha, ultramontano. Y esto lo digo con cierto
conocimiento de causa, con un cierto conocimiento de los hombres
que allí se mueven, entre otros el señor Bordaberry. Pero hay
una anécdota que viene al caso.
En el año 1878 el gobierno uruguayo tuvo un incidente muy serio
con el gobierno español, a consecuencia de que el comandante
militar de Tacuarembó asesinó a dos comerciantes españoles por
razones que no interesan. Hubo un intercambio de notas muy
duras. Y la disculpa del gobierno uruguayo se apoyaba
en que el comandante de la región militar de Tacuarembó
era un hombre muy tozudo y no entendía los problemas cuando
estos presentaban algunas dificultades. Por supuesto, el
comandante militar fue retirado de ese departamento. Bueno, el
militar en cuestión se llamaba Esteban R. Christi. Esto ocurría
en 1878. Era el abuelo del actual General Christi. Esto parece
demostrar que hay un estilo que se continúa, una formación
ideológica que se continúa, según la cual la fuerza es la razón
del poder que organiza los pueblos. Fue una tesis sustentada en
algún momento por distintas ideologías, que termina haciéndose
de un ultramontanismo increíble. Y algunos de ellos se
consideran cruzados. Cruzados en la causa de defender al Uruguay
del comunismo internacional.”
Interrumpe el periodista: “Es decir que para ellos la “guerra
fría” continúa...”, a lo que Gutiérrez Ruiz asiente:
“Sí, en el mismo momento que el presidente Richard Nixon se
reúne con Mao Tse Tung
y Brezhnev. Pero ¿cuál es la solución que propone esta
gente? Sin duda, la peor solución. Frenar las cosas contra la
Historia, encerrarse entre cuatro paredes, bajo tierra, para no
ver ni entender, para no estar atentos a lo que pasa en el
mundo. Es, en definitiva, ese tipo de locura de quienes, con el
miedo al tiempo que vendrá, terminan afirmando -y hay algunos
teóricos en ese sentido- que el Papa está endemoniado.”
EL ESQUEMA BRASILEÑO
“Yo creo que el esquema brasileño es algo evidentemente
importante en nuestro golpe de Estado. Tengo un profundo respeto
por Itamaraty, y los uruguayos sabemos desde hace tiempo que
Itamaraty actúa y se mueve desde mucho antes que naciéramos. En
la práctica tenemos 300 años de diplomacia
-portuguesa, por supuesto, no brasileña- pero, desde
Tordesillas a nuestros días, siempre hubo razones diplomáticas.
Pienso que Itamaraty se ha movido sabiendo que tenía a su
disposición un material muy dúctil, muy propicio a ellos.
Algunos amigos nos preguntan ¿ha habido presencia brasileña? Y
mi respuesta es que sí, que hubo presencia brasileña. Pero lo
que ha habido es una vocación -de los militares, de Bordaberry-
de refugiarse junto al régimen brasileño.
No olvidemos que cuando asumió el poder, el señor Juan
María Bordaberry expresó su solidaridad intelectual con el
régimen brasileño. Pero sin entender lo que era el régimen
brasileño.
...Creo que la línea del régimen brasileño no es positiva para
América Latina. A nosotros no nos sirve el régimen brasileño.
Pero es un régimen con un plan de gobierno. Muy malo. Es, sin
duda, un régimen con una receta similar a la de Krieger Vasena,
en la Argentina. Pero es un plan de gobierno. Tiene una política
internacional, tiene una política industrial, tiene una política
de desarrollo. El régimen brasileño es malo, pero tiene una
teoría con la cual yo discrepo profundamente, pero la tiene. En
el Uruguay ni siquiera han comprado el palito de la T de
teoría.”
LAS ACCIONES TUPAMARAS
Señala el periodista que interroga a Gutiérrez Ruiz que “hay
quienes piensan que la acción de los tupamaros desgastó el
sistema institucional”, por lo que este pudo haber quedado a
merced del menor soplo de viento.
Contesta el entrevistado:
“Pese a un grueso expediente que se tramita contra el señor
Gutiérrez Ruiz, puedo decirle que el señor Gutiérrez Ruiz no
tiene una conexión tupamara como para poder entender el fenómeno
desde dentro. Pero importa pensar lo siguiente. Los tupamaros
fueron un movimiento elitista, evidentemente. De movilización,
de avanzada sin duda alguna, que sufrió su propio proceso de
desgaste por su falta de fe en lo popular. Comenzaron con una
serie de acciones quijotescas, divertidas, hasta simpáticas a
nivel popular. Pero terminaron cometiendo hechos verdaderamente
denigrantes para todo hombre que se precie de poseer una
formación política. Entonces ¿es posible pensar que el proceso
tupamaro llevó a un desgaste de las instituciones políticas
uruguayas? Yo diría que lo que hubo es que quienes se
desgastaron fueron los tupamaros. El proceso de desgaste
institucional es otro proceso, que quizás tenga sus puntos
tangenciales con aquel, no comunes. El proceso institucional de
desgaste se puede haber producido por una serie de razones
totalmente distintas, ajenas al problema de la incidencia
tupamara.”
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