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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

DE LA HISTORIA RECIENTE - Nota 4

 

 ZELMAR MICHELINI: EL PAPEL DEL EJÉRCITO EN EL GOLPE

 

El 6 de julio de 1973 el senador Zelmar Michelini fue entrevistado en el Hotel Liberty de Buenos Aires. En dicho lugar sería secuestrado el 18 de mayo de 1976 por sus asesinos.

A pocos días del golpe analizaba sus causas y señalaba las responsabilidades del Ejército, de la siguiente manera:

SURGE LA JUNTA DE COMANDANTES EN JEFE

“Seguramente que  causas se encontrarán muchas; y hay muchas. Con el tiempo los analistas, con serenidad, a medida que se vayan examinando todos estos últimos años, encontrarán quizás las verdaderas causas que motivaron este golpe.

Pero yo creo que el principal responsable es el Ejército, son las Fuerzas Armadas. Y creo que sería un tremendo error juzgar que, en todo esto, Bordaberry jugó un papel más importante que las Fuerzas Armadas. No. Jugó un papel tan importante como las Fuerzas Armadas, y el verdadero inicio de las cosas está en las Fuerzas Armadas.”

Seguidamente se le pide si puede citar elementos de su tesis. Contesta:

“Yo recuerdo, ahora, cuatro o cinco hechos fundamentales que pueden dar la pauta. En setiembre de 1971, bajo el gobierno de Pacheco Areco, después de lo que se llamó “El abuso”, esto es, la fuga del Penal de Punta Carretas de 106 detenidos, el presidente Pacheco encargó a las Fuerzas Armadas que, junto con la Policía, en eso que se denominó Fuerzas Conjuntas, se ocuparan de la lucha contra los tupamaros. Entonces, por primera vez, aparecen en escena los militares, creándose por reglamento algo que no existía hasta entonces, esto es, la Junta de Comandantes en Jefe, que dio a los militares la posibilidad de emitir comunicados, de emitir opiniones.

No obstante, bajo el régimen de Pacheco Areco -un presidente con autoridad, que además tenía un evidente arraigo popular en determinadas zonas-, y ya al término de su mandato, los militares no tuvieron posibilidad de pulsear con la magistratura civil.”

Y acota el entrevistador: “Pero esa realidad se modificará con la llegada de Bordaberry al poder.” A lo que Michelini reflexiona:

“Claro. En 1972, con Bordaberry, un presidente con características muy especiales, sin prestigio personal, sin prestigio popular, digitado por Pacheco Areco -que lo puso a él, como pudo poner a cualquier otro-, las cosas cambiaron.

EL EJÉRCITO PIDE EL ESTADO DE GUERRA INTERNO

Se supo en aquel entonces, aunque muchos no lo creyesen,  que era el Ejército el que había pedido el Estado de Guerra Interno, luego del 14 de abril, cuando fueron ametrallados varios hombres del régimen, algunos de ellos vinculados al Escuadrón de la Muerte: el mayor Motto, el comisario Delega, el ex ministro Armando Acosta y Lara, etc. ¿Qué significaba la declaración del Estado de Guerra Interno? En primer lugar, suponía la posibilidad de llevar a cabo acciones militares y de reprimir, en la lucha contra los tupamaros, sin estar sometidos a la estrictez de las normas constitucionales.

El Ejército para garantizar la victoria en la lucha que se le encomendaba, pedía que no hubiese garantías constitucionales de clase alguna. A eso accedió el Parlamento, en una decisión catastrófica, en algo que nunca fue rectificado ni desmentido en forma alguna y que era un poco la tónica del momento que se vivía.

Cuando los comandantes en jefe iban a ver al presidente de la República, después del 14 de abril, el 15 o el 16, para pedir directivas en la lucha decisiva contra los tupamaros, recurrían a quien era por mandato constitucional el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente de la República; este les contestaba sin fijar líneas políticas.”

TORTURAS Y LEY DE SEGURIDAD DEL ESTADO

Sobre el papel del Parlamento, recuerda Zelmar Michelini:

“Con posterioridad a ese 15 de abril, la forma en que el Ejército conduce la represión contra los tupamaros, fue objeto de interpelaciones parlamentarias, de planteamientos a todo nivel. Y, además, de una creciente denuncia por parte de quienes estaban en conocimiento de los procedimientos que estaban llevando a cabo los militares.

Toda la época de torturas, de apremios físicos y morales, todo lo que significó el trato a los prisioneros, fue denunciado reiteradamente en la Cámara de Senadores. Pero esto sirvió para que el Ejército fuera consolidando una victoria que le iba dando, además, una presencia en el escenario político nacional.”

Respecto a la pugna de los militares con la justicia civil, dice Michelini:

“A los militares no les alcanzaba solamente con el Estado de Guerra Interno, que suponía la eliminación de garantías constitucionales. Ni les alcanzó llevar a cabo procedimientos reñidos con la moral y la dignidad humana, como son las torturas, sino que exigieron de Bordaberry y del Parlamento -y lo obtuvieron en virtud de la influencia que Bordaberry tenía a partir del apoyo derivado de un acuerdo político- la instauración de lo que se llamó la Ley de Seguridad del Estado, que en última instancia equivalía a entregar la justicia a los militares.

Esto también fue solicitado por los militares. Los militares se quejaban  de que ellos, (estaban) librando una lucha muy dura contra la sedición, y que luego, en virtud de la benignidad del Código Penal y de la forma en que los jueces aplicaban esa ley, los tupamaros salían en libertad al poco tiempo, con lo cual, en la práctica, la lucha se iba haciendo muy difícil. Entonces entregaron la justicia a los militares. Y eso fue un paso atrás en la vida cívica del país, acerca del cual nosotros advertimos en todas las formas que pudimos (y) que denunciamos públicamente.”

EL EJÉRCITO ACALLA AL PARLAMENTO

Más adelante subraya el entonces senador destituido por el golpe:

“…Esto no les alcanzaba. El Parlamento, en última instancia, era una caja de resonancia demasiado sensible, un campo fértil en el que abundaban las denuncias. Denuncias que luego eran recogidas por organismos internacionales e iban creando en el exterior  toda una aureola alrededor del Ejército Uruguayo, una aureola de indignidad y de desprestigio.

Así, las denuncias que nosotros hicimos fueron recogidas por las Iglesias Protestantes de los Estados Unidos, por la Convención de Abogados de Ginebra, por la Cruz Roja Internacional, por todas las comisiones existentes en el mundo, fundamentalmente en Londres y París, sobre derechos humanos individuales y colectivos. Y con todas ellas se fue haciendo una carpeta sumamente extensa en la cual se iban acumulando las pruebas contra el Ejército. Pero todas esas denuncias se originaban en el seno del Parlamento. En consecuencia, era necesario acallar al Parlamento uruguayo porque éste era el que denunciaba las barbaridades que se estaban cometiendo. …”

Walter Celina - Junio de 2007  waltercelina1@hotmail.com


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