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CORRIENTE CRISTIANA ECOLÓGICA
El temario de la Conferencia Episcopal de Aparecida (San Pablo)
volvió a poner sobre el tapete la reivindicación de la corriente
teológica de la liberación que busca asumir las cuestiones
ecológicas como un
problema cardinal de la humanidad.
Por lo que acaban de difundir las agencias internacionales
(hasta dentro de unas semanas en que se conozcan
los pronunciamientos completos del encuentro continental
de obispos católicos), el punto no fue objeto de una referencia
principal.
CRISTIANISMO DE LIBERACIÓN
¿Cuál es el vínculo que relaciona teología-liberación-ecología?
El denominado “cristianismo de liberación” surge en Brasil en la
década de los 60, denotando la influencia de corrientes
católicas francesas de cuño progresista.
Propugnaba por una transformación social radical, cuajando en la
Juventud Universitaria Cristiana Brasileña.
En los 70 adquiere una expresión cultural, política y espiritual
y se pone a andar en diversos países como “teología de la
liberación”.
Sus principales exponentes norteños son
Leonardo Boff y Frei Betto. El movimiento no opera de
arriba hacia abajo, ni a la inversa. Tampoco del centro a la
periferia, sino de esta hacia el centro. Diverge de las
doctrinas tradicionales adoptadas por las iglesias católica y
protestante.
LOS CENTROS DEL ENFOQUE
Los puntos centrales de la concepción pasan por:
-Una acusación
frontal al capitalismo, calificándolo como sistema injusto e
inícuo.
-La utilización del instrumento marxista para entender la causa
de la pobreza, los fenómenos de los intereses de clase y las
contradicciones en la estructura imperante.
-La opción preferente por los pobres y la solidaridad en su
lucha por la emancipación social.
-El desarrollo de comunidades cristianas de base como una nueva
forma de agrupamiento eclesial.
-La lucha contra la moderna idolatría, manifestada en el
consumismo, la riqueza abusiva, el poder, la seguridad nacional,
los ejércitos, el Estado.
LOS CUESTIONAMIENTOS DE BOFF
En 1981 Leonardo Boff pone en entredicho la autoridad jerárquica
de la iglesia católica (Iglesia. Carisma y Poder). En
1984 es convocado por la Congregación para la Doctrina de la Fe,
dirigida por el entonces Cardenal Ratzinger, siendo condenado a
la pena de “silencio obsequioso”. En 1994 abandona la orden de
los franciscanos y deja la organización, adoptando la postura de
teólogo católico independiente.
Es desde los años 90 que se interesa por los tópicos ecológicos,
“con espíritu de amor místico y franciscano por la naturaleza y
con una perspectiva crítica al capitalismo”, sostiene Michael
Löwy, en Rebelión.
POSTURA TEÓLOGO-ECOLÓGICA
¿Cuál ha sido en
estos días la tesitura de Leonardo Boff respecto del cónclave de
la CELAM en Aparecida?
Se ha expresado, básicamente, en estos términos:
“La agenda establecida para la V Conferencia de la CELAM gira
alrededor del seguimiento de Jesús para que todos tengan vida.
La presencia solemne del Papa viene a avalarla en el más alto
grado.
Sin embargo, en los últimos meses, ocurrieron nuevos hechos, no
previstos en los textos preparatorios del evento, hechos que
están modificando la conciencia colectiva. Ellos representan un
desafío para toda la humanidad y, no dejarán de afectar,
también, a la iglesia universal y continental. Estos hechos son
de tal gravedad que deberían cambiar la agenda de los obispos de
Aparecida.
A partir de febrero, conocimos con un 90% de certeza, que el
calentamiento global es consecuencia del modo de producción y
del consumo humano y representa un hecho irreversible. Hasta ese
momento la estrategia mundial era de preservar y cuidar la
Tierra con comprensión, compasión y amor.
Y que no deberíamos sobrepasar el límite irrebasable que
significaría modificar todo el estado de la Tierra.
Ese límite ha sido excedido: estamos ya dentro del calentamiento
global que puede variar entre 1,4 y 6 grados Celsius,
estabilizándose posiblemente en 3 grados. Las consecuencias de
esta ruptura serán desastrosas: habrá un gran deshielo y el mar
subirá significativamente, inundando ciudades marítimas donde
vive el 60% de la humanidad; los climas serán dramáticamente
afectados, provocando grandes sequías en ciertas regiones e
inundaciones descomunales en otras. En ambos casos las cosechas
necesarias para la alimentación humana y animal quedarán
diezmadas. La biodiversidad será catastróficamente disminuida,
ocasionando la desaparición de miles de especies, rompiendo el
siempre frágil equilibrio de los ecosistemas; millones de
personas correrán el riesgo de desaparecer y, regiones enteras
de la Tierra se volverán inhóspitas para la vida humana
(incluyendo gran parte de Brasil).
Estos datos no son fantasiosos sino empíricos, recogidos por los
miles de científicos esparcidos en 130 países, que componen el
organismo de la ONU llamado Panel Intergubernamental sobre los
Cambios Climáticos (IPCC en inglés). Han presentado dos
estrategias urgentes: adaptarse a la situación
y menguar los efectos maléficos.
Este hecho cambia las prioridades: la cuestión ahora no es tanto
el desarrollo sostenible, sino la continuidad de la Tierra y de
la humanidad.
El nuevo punto central ya no podrá ser: cómo será la
evangelización de la Iglesia en América Latina y cómo parar la
deserción de católicos hacia otras iglesias de corte pentecostal
y popular, sino: en qué medida todas las iglesias, con el
capital espiritual que poseen, puedan ayudar a la Tierra a ser
benevolente con toda la vida y en qué medida pueden garantizar
un futuro común para toda la Humanidad...”
Una fuerza ética pugna por poner bajo un haz de luz intenso una
estrategia que, sin abdicar del cristianismo, procura abrirse
paso sosteniendo nociones ligadas a la preservación de un bien
mayor: la vida.
Se trata, además, de un valor común a ciudadanos religiosos y no
religiosos de todo el planeta.
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