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COMENTARIO ACERCA DE UN NACIMIENTO MEMORABLE
Selección por Walter Ernesto Celina
He tenido oportunidad de presentar, en nota anterior, “El
parto”, un fragmento de la novela del escritor argentino Dr.
Norberto S. Baranchuk, titulada “El nacimiento de Carlos
Gardel”.
Las investigaciones más modernas y profundas establecen la
nacionalidad uruguaya del gran cantante, lo que por cierto colma
de orgullo a los tacuaremboenses y connacionales. Se trata de un
accidente lugareño.
La magnitud de la figura de “El Mago” es objeto de análisis
históricos, lo que ocupa un lugar destacado en el ámbito de las
pesquisas. Nuevas y más recientes evidencias permiten desalentar
la tesis de un Gardel francés, en lo que se conoce también, como
la “historia oficial”.
Una personalidad de la relevancia de Gardel, que por décadas
trasciende la emoción más auténticamente rioplatense y se hace
patrimonio de innúmeras comunidades del habla hispana, es
materia de leyendas que deambulan en boca de la gente y,
también, de incorporaciones frecuentes al ámbito literario.
“El nacimiento de Gardel”
pertenece a este último género.
Antonio Giunta, miembro de la Fundación de la Academia Nacional
del Tango, vierte el siguiente comentario al presentar la novela
de Baranchuk:
“Mientras paseamos por Tacuarembó y disfrutamos de sus
personajes, participamos de una historia mítica, porque de eso
se trata “El nacimiento de Carlos Gardel”. Podemos acceder a
ella a través de la pasión, desde una comprometida búsqueda de
la verdad, si la verdad histórica fuera necesaria y posible;
también podemos iniciar su abordaje a través de la emoción que
despierta el ídolo popular.
Pero lo mejor es dejarse llevar por la pluma del autor, quien
juega con datos aleatorios y los baraja, los poetiza, los
desenvuelve cual sorprendente regalo para rozar la sátira sin
dejar de respetar jamás la tradición. A tal punto ello es así,
que al terminar la lectura uno puede llegar a preguntarse sobre
el verdadero origen del más grande cantor nacional.
¿Cantor nacional? ¿De qué nación hablamos? ¿A qué lugar
pertenece? No hay duda que los interrogantes sólo sirven de
pretexto para urdir una historia atrapante, ante la que hay que
esforzarse para no ser alcanzado por la controversia.
¿Será necesario hacer
llover tanta tinta, como sugiere Norberto S. Baranchuk para
establecer el sitio del nacimiento de ídolo? El mito es creado
por el pueblo; lo siente suyo como si hubiese sido hecho a su
imagen y semejanza. Los argentinos también pecamos de soberbia
cuando decimos que Carlitos eligió ser argentino.
Pero él, como todo ídolo, carece de nacionalidad; es universal.
El poeta Horacio Ferrer contó que, a pocos días de nacer en
Montevideo, sus padres viajaron con
él a Buenos Aires en el vapor de La Carrera. Ocupaba con
su madre una de las literas altas, y cuando el río se puso
bravo, Horacio cayó al suelo y ¡oh milagro!, resultó ileso.
¡Nació de nuevo! ¿Pero, dónde? Justo en la imaginaria línea que
divide las aguas territoriales del Río de la Plata, entre
Uruguay y Argentina. Con esta historia resolvió el problema de
tener que elegir. Simplemente, devino rioplatense.
¡Vaya uno a saber dónde nació Gardel! Tal vez en otra galaxia y,
al caer su nave espacial en algún punto de la tierra, se
convirtió en un ciudadano de este planeta.
En tren de imaginar, creo que en el fondo a todos nos gustaría
que esta última historia fuese la verdadera. Es más, tal vez lo
sea.
Debo confesarles mis sospechas. Creo que en realidad nació en el
Río de la Plata.”
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