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POR CIEN AÑOS DE COMPAÑÍA
La ciudad colombiana de Cartagena de Indias se recrea sobre una
hermosa bahía caribeña. Fue fundada en 1533 por el español Pedro
de Heredia. Centro esclavista, vio partir los cargamentos de
plata y oro rumbo a la península ibérica y soportó los asedios
del pirata Francis Drake.
De su lejana historia permanece su arquitectura, en medio de un
impresionante recinto amurallado, todo lo cual le valió
ostentar, desde 1984, el título de UNESCO que la califica como
Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Con algo más de 895.000 habitantes por estos días se vio
invadida por ilustres visitantes de las letras del mundo
hispanoamericano, así como de personalidades de gobierno.
Recepcionó un evento singular: el IV Congreso de la Real
Academia Española y de las más de veinte asociaciones nacionales
que representan la lengua en que se conjuga el idioma español.
GARCÍA MÁRQUEZ, NUEVO ILUSTRE CABALLERO
En la portada de este señalado acontecimiento de la cultura
mundial, tras los pasos de Don Miguel de Cervantes Saavedra,
restalló la personalidad de Gabriel García Márquez, el
formidable escritor latinoamericano creador de “Cien años de
soledad”, obra fundadora del realismo mágico.
La Academia lanzó -en un hecho inusitado- una edición de un
millón de ejemplares del libro, el que vuelve a circular con más
fuerza que hace 40 años, cuando viera luz publicado en la
República Argentina.
Su autor, galardonado Premio Nobel de Literatura hace 25 años
por su producción, cumplió hace unos días remozados 80 años.
Su figura se recortó en el auditorio donde tuvo iniciación el
ceremonial del congreso de los lingüistas, acompañado por el
escritor mexicano Carlos Fuentes. Sobre su mano derecha
alzó un ejemplar del renovador texto novelístico, con el que
iniciara una nueva era en la historia de la literatura.
Fue el bello momento de un nuevo reconocimiento, ratificatorio
de la traducción de la obra a 35 idiomas, con más de 30 millones
de ejemplares en circulación.
García Márquez no se propuso competir con “El Quijote”. Antes
bien, ha sido capaz de acompañarlo.
ANGEL RAMA DESCUBRE A GABO EN 1964
Ha correspondido a Ángel Rama anticipar la relevancia creativa
de Gabriel García Márquez. El calificado crítico literario
uruguayo estampaba en el N° 1201 del Semanario “Marcha”, del
17/IV/1964, la siguiente apreciación: “Cuando a comienzos de
1964 dimos a conocer en “Marcha” la obra del colombiano Gabriel
García Márquez, señalamos que se le debía considerar como uno de
los principales renovadores de la narrativa americana a mediados
del siglo que vivimos, uno de los inventores de la nueva
expresión artística del continente, y a pesar de sus cuentos
fantasmagóricos, aquél en quien el realismo revivía con nueva
vitalidad, revelándose como un eficaz instrumento para penetrar
en las circunstancias hondas de la vida del hombre americano
actual.”
“Cien años de soledad” vería luz 3 años después.
LA FAMILIA BUENDÍA EN MACONDO
El relato de García Márquez traza la historia de la familia
Buendía a lo largo de 6 generaciones en Macondo. Este pueblo fue
fundado por varios núcleos, orientados por Don José Arcadio
Buendía y Doña Úrsula Iguarán. Se trata de un matrimonio de
primos, casados entre presagios y un mito local por el cual la
descendencia podía tener cola de cerdo.
Uno de los hijos, José Arcadio, investiga con las novedades que
los gitanos traen a la localidad, en tanto el pueblo va
creciendo. Del otro lado de la ciénaga donde está instalado van
llegando más habitantes. Un día habrá de asomarse la peste de la
amnesia colectiva. No faltará una guerra civil, ni advenimientos
como el hielo, el telégrafo, el tren, el gramófono o el cine. Ni
el surgimiento de las plantaciones del banano o las lluvias
perennes. A la muerte de Úrsula, con más de 100 años, Macondo
quedará desolado.
LA REALIDAD SUBYACENTE
Sucesos fantásticos pueblan la historia, en la que se recorta la
soledad como un signo innato de los Buendía
y, a la par, el
aislacionismo en que vive la localidad.
García Márquez elaboró un mundo mágico, atrapante como una red
que cae sobre el lector. Sin perjuicio, se enlaza con la
realidad colombiana, entre mediados del siglo XIX y la primera
mitad XX. La guerra civil, el ferrocarril, la empresa frutera y
las matanzas son hechos reconocibles de la realidad. Asimismo,
el lugar de la costa caribeña, entre la sierra y la ciénaga,
donde está Macondo. Se trata de una geografía familiar para el
autor.
La técnica narrativa exhibe un tono, un ritmo y un espacio que
configuran un universo dinámico, donde no falta la condensación
del lenguaje, propia de un escritor que abrevó en las fuentes
del mejor oficio periodístico.
UN ESCRITOR ANTIDOGMÁTICO
En un reportaje Rita Guibert interrogó a García Márquez respecto
a cuáles eran sus ideas literarias. Gabo confesó: -He dicho que
quien no se contradice es un dogmático y todo dogmático es un
reaccionario. Yo me contradigo a cada minuto y, particularmente,
en materia literaria. Por mi método de trabajo no podría llegar
al punto de creación literaria sin contradecirme, rectificarme y
equivocarme permanentemente. Si no fuese así estaría escribiendo
siempre el mismo libro. No tengo receta.
EL CULTO A LA LIBERTAD
El escritor chileno Ariel Dorfman da el siguiente perfil del
autor de “Cien años de soledad”, recordando su contribución a la
causa de la libertad y de los derechos humanos:
“…Me había pasado casi siete años conspirando con Gabo, casi
siete años a partir de 1973, gracias al exilio y a Pinochet,
juntándome con él, almorzando en su casa de Barcelona y cenando
en el Pedregal de San Ángel y sentados en los cafés de París y
de Roma y, hasta creo, una vez en Estocolmo, y siempre
conspirando, conjurando y complotando, siempre en busca de la
manera más expedita e imaginativa de deshacernos de las
dictaduras que asolaban nuestra América Latina.”
Y agrega: “¡Era posible pedir algo más, en medio de ese caudal
de encuentros? Gabo abriendo sus libretas de contactos y Gabo
respondiendo el teléfono en las madrugadas y Gabo entrevistando
a figuras de la resistencia, siempre dispuesto a intervenir para
salvar una vida, vencer una puerta, escribir un artículo. ¿Era
posible pedir algo más?”
El autor de “Cien años de soledad”, por su inteligencia creadora
y por su amor a la humanidad, se ha ganado nuevos cien años de
compañía en el mundo de las letras y en el sentimiento
universal. Y ha ingresado, definitivamente, en la constelación
de la mejor literatura de todos los tiempos.
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