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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

UN CANAL CONTRANATURA 

La localidad rochense de La Coronilla se originó en la colonia agrícola Santa Teresa, en 1863.

Su privilegiada ubicación costera la fue transformando en un ámbito de pescadores, primero y, luego, en un centro turístico. La hotelería creció de modo incesante desde 1935, hasta que comenzó a experimentar los efectos del Canal Andreoni.

La playa oceánica perdió sus encantos a consecuencia del planteo equívoco de una obra de desvío de aguas, las que, cambiando su curso natural, dejaron de verterse a la cuenca de la Laguna Merim para ir a dar al mar.

Fue así que La Coronilla, ubicada en el km. 314 de la Ruta 9, próxima a la Fortaleza de Santa Teresa y a 26 kms. del Chuy, fue virtualmente derruida.

Luigi Andreoni fue un calificado ingeniero italiano. Arribó a Uruguay en 1875 y puso su sello en importantes obras capitalinas como el Hospital Italiano, la Estación Artigas, el Club Uruguay, etc.

A él se le encomendó en 1895 recuperar los bañados esteños próximos a La Coronilla, bajo la concepción que debían rescatarse aquellos territorios anegadizos para actividades de pastoreo.

Construyó el canal que uniría el bañado de Santa Teresa con el San Miguel. Similar tratamiento tuvo lugar en el paraje Las Maravillas.

Había comenzado la reconducción de las aguas.

El ingeniero Andreoni fallece en 1936, década en la que habrán de proseguir las obras, con la misma anterior intención: recuperar tierras. Surgieron, sucesivamente el Canal 1, que va al río San Luis (tributario de la Laguna Merin) y, Salinas Marinas (1959), ésta con el fin de desecar agua marítima para obtener sal. Con tal emprendimiento el Canal Andreoni transportó las aguas dulces de la región hacia el océano.

En 1979, con una atrasada e inconcebible valoración de los conceptos ambientalistas, los agentes de la dictadura dispusieron que, lo que operaba como un hilo de agua hacia la playa, pasara a ser un canal de proporciones.

La ingeniería abarcó 68 kms. Las aguas ahora bajarían turbulentas hacia su destino final en La Coronilla. Produjeron un desastre ecológico, alterando de paso, de manera radical y casi ilevantable la vida, el trabajo y las costumbres de los 2.000 habitantes de la localidad balnearia.

A todo esto, ya en 1971, en la ciudad iraní de Ramsar, se establecía la Convención relativa a los humedales de importancia internacional, en especial como hábitat de aves acuáticas.

1.401 sitios de tales características están considerados áreas protegidas. Uruguay ratificó el instrumento en 1984, integrando a Rocha, Treinta y Tres e Islas del Río Uruguay en el marco del referido tratado.

A fines de 2004 el país consideró seriamente una rectificación de la política ambiental, formulándose un proyecto a ser cumplido en etapas continuadas para restablecer los equilibrios perdidos a consecuencia del Canal Andreoni.

En 2006, a raíz de una sesión del gabinete presidencial en la Fortaleza de Santa Teresa, se prometieron a los vecinos recursos para reordenar la zona.

Las obras comenzaron a tenor de los estudios existentes. Luego se enlentecieron por interpretaciones y frenos burocráticos.

La Coronilla sigue en pie, con la esperanza que sus aspiraciones sean contempladas en tiempo y forma, de modo que el turismo le vuelva a dar el esplendor que merece. Y, con ello, trabajo. A más de las salvaguardas para la biodiversidad que atesora ese formidable espacio geográfico.

Walter Celina - Junio de 2007  waltercelina1@hotmail.com


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