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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

ABUSO DE PODER

Tras el tenebroso ciclo de las dictaduras militares, establecidas bajo el imperio de la doctrina de la “seguridad nacional”, se inició la restauración democrática. Se comenzaba a andar un nuevo camino. Las Constituciones readquirían vigencia en sistemas republicanos débiles, signados por el aplastante peso de la deuda externa de los países latinoamericanos y caribeños. Los partidos retomaron sus respectivos cursos, bien impregnados por las concepciones neoliberales o signados por la idealidad de los conglomerados de izquierda.

Muchas personas pensaron que la democracia, por su solo nombre, sería la llave mágica con la entrarían a status nuevos, signados por la igualdad de derechos, el bienestar y la justicia.

Hubo una readquisición de los derechos fundamentales, mas el orden económico exterior e interno  no favoreció a los pueblos. El reparto de la torta, como se dice, se mantuvo tan desigual como de costumbre. La democracia no se profundizó con la acentuación de políticas de participación y contralor ciudadano y, la bendita economía, rindió culto al libre mercado, trabado desde afuera y limitado desde dentro, con  buenas cuotas de pobreza, desempleo en auge y desesperanza.

En esta fase histórica la democracia empalideció y las corrientes personalistas en el poder generaron impactos de gran descrédito.

Más de un presidente latinoamericano, en un fenómeno nuevo, debió salir del gobierno directamente para los tribunales.

Si bien los escándalos financieros no son síntomas de buena salud, no es menos cierto que fue la ciudadanía la protagonista de la expulsión de los corruptos y la que abrió las puertas de las cárceles para los improbos y violadores de los derechos fundamentales.

Vale hacer el repaso de algunos hechos que, si bien no modificaron la situación de fondo, son indicativos de un nuevo estado de conciencia a lo largo del continente.

En Argentina, Estela Martínez de Perón (1974-76) ha sido requerida por su afinidad con  la “Triple A”. Carlos Menem (1989-99) estuvo preso cinco meses imputado por tráfico de armas. Fernando de la Rúa (1999-2001) imputado de pagar sobornos a los senadores para sancionar una ley de desgulación laboral.

En Ecuador, Abdalá Bucaram (1996-1997) fue condenado por peculado y enriquecimiento ilícito. Fabián Alarcón (1996-97) por corrupción. Jamil Mahuad (1998-2000) por actos fraudulentos de gobierno. Gustavo Noboa (2000-03) por corrupción. Lucio Gutiérrez (2003-05) por peculado.

En Paraguay, Raúl Cubas (1998-99) procesado por corrupción. Luis González Macchi (1999-2003) idem.

En Perú, Alberto Fujimori (1990-2000) huyó hacia Japón, imputado por corrupción y violación de los derechos humanos.

En Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) fue desplazado del poder por genocidio y violación de los derechos humanos.

En Uruguay, Juan María Bordaberry (1972-76) fue a prisión, imputado por los asesinatos de los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y otras personas.

La lista es más extensa pero, en todo caso, expresa que se asiste a     hechos nuevos en la conciencia de la sociedad. Estas determinaciones no tienen parangón en la historia anterior.

La democracia adquiere fuerza cuando los pueblos se determinan a ejercer sus derechos y a vigilar la conducta de sus mandatarios.

De la profundización de la democracia, como de la participación ciudadana son de esperar que asomen los cambios que Latinoamérica precisa para alcanzar metas de prosperidad.

Digamos que no ha sido poco poner en el banquillo de los acusados a quienes abusaron del poder.

Walter Celina - Febrero de 2007  waltercelina1@hotmail.com


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