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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

URUGUAY, UN NOMBRE PROBLEMÁTICO

El nombre Uruguay nace de un río de lejana vertiente y extensión considerable, dominado por el designio de verterse al Estuario del Plata.

No abrió las preciadas rutas hacia El Dorado, el febril sueño de los conquistadores. Su virtud fue hacerse paso en medio de la anchurosa selva, dando vida generosa al habitat.

La voz Uruguay es reveladora de grandeza, más no es fácil definir, a la hora de buscar su caracterización primigenia, cuál es el elemento distintivo que caracteriza a esta palabra vernácula.

Cualquiera podría suponer que son  bastante menos que las que explora y desentraña el antropólogo Daniel Vidart, en un prolijo como enjundioso estudio en que rastrea  el significado de la voz, tan entrañable para los nacidos en estas tierras.

Sostiene Vidart que los cronistas y cartógrafos de los siglos XVI y XVII mal escucharon y peor recordaron el nombre dado por los indígenas al curso de agua.

Las citas que aporta  el eminente profesor son impresionantes.

RASTREO DE LA GRAFÍA 

El surgimiento de la grafía Uruguay parece con Martín del Barco Centenera en Argentina y conquista del Río de la Plata (1602). El paraguayo Ruidíaz de Guzmán lo hace de la misma forma en Historia del descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata (1612).

Cartas de los sacerdotes jesuitas insisten en Provincia de Uruay (1613) y Huruay, nación de copiosísima gente (1615).

La etimología, advierte Vidart, está invalidada por vaguedades no menores.

Recuerda los toques poéticos que Juan Zorrilla de San Martín y Fernán Silva Valdés le dieron al nombre Uruguay para equipararlo a río de los pájaros o río de los pájaros pintados. Tal vez, alguno de los distinguidos poetas pudo conocer la interpretación del naturalista Martius, quien sostuvo que Uruguay quería significar río de las aves de diversos colores.

Apelando a sus orígenes sanduceros el Prof. Daniel Vidart indaga que la voz urú no se corresponde con la de un pájaro sino con la de una gallineta. Así, Félix de Azara lo convirtió en río del país del urú, en tanto Deletang conferiría a la voz  con estilo exclamativo: ¡Cuántos urúes hay en esta corriente de agua!

Borges Fortes apremia la imaginación para sostener que la expresión equivale a río de la gruta del urú.

El ensayista afirma que, ya en la senda del divino macaneo, aparecen otras perlas de no menor tamaño. Faber Halembek tradujo la palabra con este aire bucólico: río de los grandes urúes de grito lastimero. Esto hasta que Zorrilla de San Martín  pasó a aceptar que, tal vez, pudiera tratarse de una pava de monte de canto melodioso…

Para los jesuitas Nicolás Durán Mastrilli y Antonio Ruiz de Montoya        -conocedores del idioma guaraní- la acepción correcta sería río de los caracoles (uruguá, caracol; ï, agua, río).

Andrés Oyárvide, José Mario Cabrer, Pedro de Ángelis (quien no descartaba que pudiera tratarse de río de las gallinetas), Arsène Isabelle (que no descartó la acumulación de conchas en las orillas), José María Reyes (que formuló la hipótesis de río de las vueltas, bucles) acompañaron la interpretación jesuítica antes referida, desarrollada separadamente por los clérigos citados.

Para Vargas Gómez algunas de las acepciones posibles permitirían sostener la traducción de río acaracolado o tortuoso como un caracol, por sus vueltas, en lo que coincide Mantilla.

La historia aún está lejos de finalizar porque para Xavier de Oliveira podría resultar río de los remolinos y para Juan Manuel de la Sota de río de las vueltas.

LAS OSCURAS PROVINCIAS DEL DESATINO

Con su lucidez característica previene Vidart que los devaneos pueden conducir a las oscuras provincias del desatino.

Recuerda que Aubin habla de agua que brota de la cueva; Luckock de gran agua roja; Rafael Schiaffino río que nunca es negro. Paul Groussac oscila entre llamarlo río de las juntas o río de la boca. Buenaventura Caviglia, que acumuló unas veinte etimologías hace presente una: río que viene de lejos. Cúneo Vidal  lo califica como río de los guaraníes bajos, sin que falte la interpretación de Faber Halembek refiriéndose a agua horriblemente podrida. Borges Fortes menta al río de la cola de gallo.

Bautista C. de Almeida lo percibe como río principal o del canal. Esta versión confirma al jesuita Ruíz de Montoya, que lo define como canal por donde va la madre del río.

La ambigüedad y las dudas se enseñorean del nombre Uruguay, como lo prueba el esclarecido cientista.

Nada menos que de la denominación emblemática que cada uno de nosotros siente como propia y colectiva y ata al sentido más profundo de nación que poseemos.

Walter Celina - Octubre de 2006  waltercelina1@hotmail.com


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