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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

VENEZUELA  Y ECUADOR ASUMEN SOCIALISMO RADICAL

La postura del presidente de Ecuador en el acto de asunción evidenció su opción por una vía rápida de transformaciones para su postergado país.

Su discurso tuvo concomitancias y diferencias con el pronunciado por el venezolano Hugo Chávez en días anteriores.

Ambos dejaron atrás cualquier forma de apego a la línea socialdemócrata de otros mandatarios latinoamericanos y se centraron la necesidad de llevar adelante sus programas apelando ya a una “ley habilitante y a una reforma constitucional (Venezueala) o, valiéndose del instrumento de una asamblea constituyente, electa en forma directa y sin preámbulos, al margen del parlamento actual (Ecuador). Con estas palancas jurídicas nacería una nueva institucionalidad de corte revolucionario, impulsora de cambios.

Hugo Chávez proclamó su adhesión al socialismo y exaltó a Marx, Lenin y la Biblia; Rafael Correa marcó su perfil social-cristiano para sustentar el “socialismo del siglo XXI”.

El presidente ecuatoriano manejó que su gobierno operará sobre la base de 4 ejes fundamentales.

Sus características son las siguientes:

Primero. El eje de la revolución ciudadana es la revolución constitucional. Las calases dirigentes han fracasado. Queremos -dijo Correa- una democracia donde se oiga nuestra voz, en la cual los representantes sean mandatarios y los ciudadanos mandantes. La institucionalización de Ecuador colapsó, sea por su diseño anacrónico y caduco o por caer en las garras de la corrupción y las voracidades políticas. Por tales motivos será convocada una Asamblea Nacional Constituyente.

Segundo. Lucha contra la corrupción. Se trata para el presidente de un mal enraizado en la sociedad y exacerbado por modelos, políticas y doctrinas que ensalzaron el egoísmo, la competencia y la avaricia como motor del desarrollo social. Indicó que endurecerá las leyes anticorrupción, como la del Enriquecimiento Ilícito y se la extenderá al sector privado que deberá justificar de dónde proviene su riqueza. Citó el caso de operaciones financieras fraudulentas que se pagaron con la dolarización y la desaparición de la moneda nacional.

Tercero. Ruptura con el neoliberalismo. Fustigó Correa el apego del país al Consenso de Washington del que sostuvo que para vergüenza de América Latina ni siquiera tomaron parte los Estados. El objetivo era la subordinación económica y la exigencia de servir la deuda externa.

Como consecuencia mermó la soberanía y representatividad del sistema democrático, siendo esta una de las principales causas de la ingobernabilidad del país.

Será redefinida la política de endeudamiento con  los organismos multilaterales y gobiernos, aunque enfatizó Correa que no habrá solución  integral mientras no haya reformas en la arquitectura financiera internacional. Abogó por la creación de un Tribunal de Arbitraje y recordó que existe una deuda externa ilegítima, adquirida en situaciones dudosas.

Cuarto. Revolución educativa y políticas sociales. Manifestó el mandatario que parte del principio que la inversión en el ser humano es la mejor que puede hacerse para el desarrollo integral de un pueblo y una nación.

Otros aspectos del discurso programático dado por Rafael Correa aludieron a la integración financiera con un gran Banco del Sur y al sin sentido técnico de la autonomía de los bancos centrales; a la reducción que el neoliberalismo hizo del trabajo limitándolo a un instrumento al servicio de la acumulación del capital; a las tercerizaciones, flexibilizaciones y contrataciones por hora; a la urgencia de integrar a la Comunidad Sudamericana.

En los últimos 10 años Ecuador tuvo 8 presidentes.

Rafael Correa tiene 43 años y es economista graduado con maestrías en Bélgica y Estados Unidos.

Antes de recibir la banda presidencial, en una ceremonia con la comunidad indígena celebró una reunión en la plaza de Zumbahua, Provincia de Cotopaxi, donde le fue entregado un bastón de mando con que las etnias le transmitieron un poder simbólico.

Ahora resta por ver cómo, en la práctica, Venezuela y Ecuador encaran los programas de gobierno  respectivos y de qué forma materializan los cambios estructurales anunciados.

Walter Celina - Enero de 2007  waltercelina1@hotmail.com


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