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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LA PRESIDENCIA PUEDE LLAMAR DOS VECES

Ayer, no más -y me refiero al 2004-2005- la situación política brasileña parecía encaminarse a la caída del Presidente Luiz I. Lula da Silva. Denuncias de sobornos a parlamentarios y cuentas partidarias en “cajas negras” enroscaban al Partido de los Trabajadores (PT) en actos de corrupción. Las cabezas de los ocupantes de los cargos directivos de más alto peso en el partido de gobierno (presidente, secretario general, tesorero) rodaron por el piso. La marea negra llegó al Congreso y al propio Planalto. Y arrastró a muchos más del gobierno y núcleos aliados.

La recepción de fondos por debajo de la mesa siempre existió, según reconociera el presidente Lula en Francia. Primera corroboración: la virginidad también estaba desaparecida en el PT. Segunda: ahora su índice comenzaba a apuntar hacia atrás.

La decepción cobró precio en los ánimos de la población. La infidelidad a la pureza fue enjuiciada duramente por la prensa opositora, escrita y radial. También en la televisión, ligada a menudo, a grupos religiosos y clases altas.

La eventual reelección de Lula pasó a quedar comprometida. Y, en tanto Garotinho se trasladaba del Partido Socialista Brasilero al Partido Movimiento Democrático Brasileño, disputándole la primacía a Germano Rigotto y otros postulantes, el Partido Social Demócrata -del ex presidente Fernando Henrique Cardoso- comenzó a establecer cálculos sobre quién puede ser su candidato presidencial para el 2006.

Como nada es eterno -ni los diamantes, ni el descrédito-, Lula comenzó a repuntar. En medio de la crisis que envolvía a su grupo, el mandatario no dejó de recorrer el país, ni de viajar al exterior representando los intereses de los núcleos exportadores. Desde el Banco Central y el Ministerio de Hacienda se mantuvo una línea financiera constante, como fuera pactada con los organismos internacionales. Brasil tiene una presencia internacional mayor, afianzó su moneda frente al dólar, mejoró el comportamiento inflacionario en 2005 y achicó el desempleo.

Una evaluación  del Tesoro Nacional establece que, entre 2004 y 2005, se habrían creado entre 5 y 7 millones de empleos formales e informales. La buena perfomance en esta área hace que los guarismos se acerquen a los de Estados Unidos, con la diferencia que éste tiene el doble de la fuerza laboral brasileña.

La estabilidad anotada es una buena noticia para el continente, aunque queden en el debe más de un cambio prometido y en pañales la mancomunidad latinoamericana.

Sin proclamación oficial y por fuera de la empalizada, el presidente Lula corre por su reelección. ¿Quiénes lo sostendrán y serán sus aliados? ¿Cómo? ¿Quién le acompañará en la fórmula? ¿Podrá el PT revigorizar sus huestes? ¿Cuáles serán sus oponentes?

El mandato cuatrienal es demasiado breve para un enorme país, tupido de complejidades y con un potencial de realización formidable.

Las cartas se vienen dando. La presidencia puede golpear dos veces a la casa de un candidato. Ocurrió antes. Puede suceder ahora. Todo está por verse.

Walter Celina - Marzo de 2006  waltercelina@hotmail.com


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