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NEXOS CON LA BELLEZA
De modo simultáneo las páginas de la prensa portoalegrense y
montevideana recogieron en estos días dos hechos distintos,
aunque de la misma naturaleza, registrados o prontos para
acontecer en las respectivas capitales.
Comencemos por el que tuvo lugar en el Teatro Solís, en
oportunidad de la presentación del Ballet Contemporáneo del
Teatro San Martín, de Buenos Aires.
Se trata de la primera compañía argentina consagrada a la danza
moderna. Su director, Mauricio Wainrot hace diez años que orienta
al grupo, fundado en 1968 y reconstituido dos veces.
Formado en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón integró
el ballet del San Martín, habiendo sido conductor artístico en
Les Ballets Jazz (Montreal) y colaborador en más de treinta
conjuntos europeos y de las Américas. Hoy comparte su tiempo entre
la ciudad bonaerense y el Royal Ballet (Flandes,
Bélgica).
El programa traído a Uruguay mostró tres obras, de audaz diseño,
estudiadas y trabajadas con rigurosidad. Las 4 estaciones de
Bs. As., en que adapta Las 8 estaciones, de Astor
Piazzolla; 4 Janis para Joplin, dedicada a una cantante y
Bésame mucho, clásico bolero de Consuelo Velásquez, tratado
ahora en la dimensión del movimiento corporal.
El Ballet Nacional de Cuba actuó en São Paulo y, en la
segunda quincena de mayo, levantará el telón en Porto Alegre.
Viene presidido por Alicia Alonso, su mítica directora y
coreógrafa, ciega, de 85 años.
Esta altísima personalidad artística posee renombre universal, al
punto de ser considerada su agrupación una de las primeras del
mundo.
Sus inicios tuvieron lugar en su país. Durante el régimen de
Fulgencio Batista emigró hacia Estados Unidos. Actuó como
bailarina en musicales de Broadway. En 1942, con 22 años,
deslumbró con Giselle. Al producirse la revolución fidelista
retornó a las tablas en la isla, con su esposo Fernando Alonso.
En 1975 fue aclamada en el Metropolitan Opera House, en New York,
danzando el Lago de los Cisnes.
Preguntada, ahora en Brasil, sobre qué aconsejaría a los jóvenes,
manifestó: -Amar la danza, mantener una férrea disciplina,
llevar un vida limpia, con una gran riqueza espiritual.
A despecho de los desencuentros de la cotidianeidad política, de
lo que se proclama y no se hace en la región, estos elencos,
llegados a Uruguay y Brasil desde países hermanos, entregan el
mensaje de los creadores culturales. De los que sueñan y trabajan
con ahínco para que pisemos una tierra posible, en la que el
hombre se regocije con los mundos de la belleza. |