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DE JULIO VERNE A LA NANOTECNOLOGÍA
El fantástico mundo de Julio Verne comenzó a hacerse realidad
hace medio siglo cuando el hombre, tras liberar la energía y
adquirir otras conquistas, comenzó a cruzar el espacio sideral.
Los avances en el conocimiento científico y la implementación de
las nuevas tecnologías han puesto a la civilización ante mundos
insondables, casi alucinantes.
El nuevo quiebre tecnológico lo aporta la nanotecnología,
denominada así por desarrollarse a escala nano, es decir, a la
millonésima parte de un milímetro. ¿Y en qué consiste? Se trata
de la manipulación directa de los átomos y moléculas para formar
productos.
Un informe de la investigadora Lydia Garrido Luzardo establece
que una de las principales características de los materiales que
incorporan nanopartículas es de altísima sensibilidad, siendo
capaces de comportarse de manera “inteligente”, utilizando
elementos del entorno de forma novedosa y adaptándolos con más
eficacia que cualquier tecnología anterior.
La aplicación de las nanopartículas lo revolucionará todo, desde
las industrias aeroespacial, automotriz y armamentista a las
telecomunicaciones, informática, cibernética, óptica,
farmacéutica, cosmética, energía, construcción, textil,
agricultura, alimentación, salud, educación, etc.
La nanobiotecnología generará áreas de aplicación en la vida
humana. La frontera entre lo vivo y lo no vivo se borra ya que
entre los átomos no hay distinción entre materia biótica y
abiótica. Esto abre la posibilidad de combinar nanopartículas
inanimadas con organismos vivos, como de utilizar elementos
vivos para fines artificiales.
El impacto de la nanotecnología provocará cambios radicales y,
como los anteriores avances de las ciencias, gravitarán en la
sociedad.
Es pertinente preguntarse cómo y quiénes conducirán los nuevos
procesos y a quiénes beneficiarán. Se trata de una cuestión
cardinal.
Las tecnologías de los últimos cien años han demostrado que,
pese a su importancia -desde el punto de vista del
conocimiento-, no estuvieron en aptitud de modificar los índices
de hambre, pobreza, desigualdad y mortalidad por enfermedades
curables que afectan al mundo.
Como en la historia del desarrollo anterior, la nueva época
mostrará un instrumento tecnológico controlado selectivamente
por pequeños grupos, con una consecuencia bastante clara: quien
tiene la tecnología domina y quien domina tiene la tecnología
concentrando el poder.
En este punto aparece la relación que los nuevos avances
científicos y tecnológicos tienen con la vida social.
Es importante, en consecuencia, el papel que deben jugar los
gobiernos y las organizaciones nacionales para no marginarse
definitivamente de un proceso que se muestra con perspectivas
avasallantes.
Así, en el año 2000, los Estados Unidos fundaron la Nacional
Nanotechnology Iniciative, coordinando 23 departamentos y
agencias especializadas. En el 2004 actualizaron
los planes estratégicos orientándolos hacia “un futuro
con capacidad de entender y controlar la materia a nivel
nanoescalar, a fin de que conduzca a una revolución en la
tecnología y en la industria”.
En 2006 el presupuesto del país norteño destinó
unos 1.054 millones de dólares a la nanotecnología.
Aplicaciones de los descubrimientos nanotecnológicos ya están
siendo desarrollados por el Departamento de Defensa, desde
uniformes a armas biológicas, químicas-radiológicas y
explosivos. Otros potenciales tienen que ver con la extensión de
la vida humana a los 200 años.
No es menos trascendente que las materias primas provistas por
los países del mundo
no desarrollado puedan ser reemplazadas por
nanomateriales (acero, caucho, algodón, a vía de ejemplo).
Como se advierte, se trata de una temática relevante para seguir
de cerca y saber en qué umbrales quedará situado el siglo XXI a
muy corto plazo.
Algo tan apasionante como inquietante.
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