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TRÁNSITO CARRETERO, TURISMO Y TRABAJO
La pregunta podría ser ¿en qué ha quedado la promesa mercosuriana
de facilitar el libre tránsito de personas y bienes por nuestras
carreteras?
Si miramos para los puentes que sobre el Río Uruguay interconectan
a Argentina con Uruguay -y abren paso para Brasil y Chile-, puede
decirse que la disputa por la instalación de las plantas
celulósicas paralizó el comercio de bienes atrapando a
transportistas, así como a miles de turistas carreteros.
Los perjuicios son ingentes. La ley del MERCOSUR, un tratado de 4
países y varios más asociados, es letra muerta. Los derechos de
movilidad estatuidos fueron suspendidos por la práctica “piquetera”.
El gobierno argentino, sordo, ciego y casi mudo, frenó el turismo
para Uruguay (represalia) y Brasil (efecto distorsionante).
¿Y los peajes? ¡Ah!, las empresas están ahí y con sus tarifas
comen a dos carrillos. En Uruguay las tasas son algo menores que
en Brasil. Pero sorprenden y no es para menos. Aquí, durante la
temporada, los visitantes que usan moneda plástica deducen
impuestos, lo que es una buena idea.
Muchísimas veces, la información de que dispone el turista que
busca desplazarse por la Ruta BR 471, en el Estado de Río Grande
del Sur, no es suficiente y adecuada.
Así, en los 270 kms. que llevan de Pelotas a Porto Alegre hay 5
peajes de ida, más los mismos de vuelta, que encarecen muchísimo
los desplazamientos.
Brasil no permite el transporte de dólares con la persona, lo que
acarrea problemas a familias que desconocen la prohibición y son
inspeccionadas durante el viaje. Las sorpresas también ocurren por
las variantes que experimenta el límite de velocidad. Las multas,
que son cobradas en el acto, se deben pagar en reales, no
admitiéndose otra moneda.
Así las cosas, se genera el desaliento para el turismo por ruta y
la falta de informes suele tornar penosa una salida que pretende
ser de descanso para muchos visitantes.
Parecería que cuando más se deberían concertar las medidas de
contralor, con unidad de procedimientos y anuncios amplios de las
reglas comunes y de las locales, más se hace para que todo
tropiece con inconvenientes.
¿Por qué las declaraciones y los tratados -firmados solemnemente-
no se corresponden con la realidad?
De este modo se torna pesado levantar el nivel de los factores
comerciales y no se estimula el turismo ni el trabajo. No es sólo
una pena. Es una pérdida evitable, que no ayuda a la región. |