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VISIONES SOBRE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA
Tras doce elecciones, cumplidas en los últimos catorce meses,
sectores de la izquierda accedieron al gobierno en distintos
países latinoamericanos.
¿Significa ello que existe un movimiento regional, poseedor de un
accionar homogéneo?
La pregunta puede responderse por la negativa, siendo de interés
conocer las evaluaciones que hacen expertos en análisis de los
procesos que se han vivido en los distintos países.
Tulio Vigévani, cientista político y profesor de relaciones
internacionales en la Universidad Estadual de San Pablo, precisa
que lo que la prensa califica genéricamente como de izquierda
tiene orígenes y características distintas. Gobiernos
caracterizados como cercanos ni siquiera se asemejan. El boliviano
de Morales posee un carácter étnico y promueve el acceso al estado
de los indígenas, marginados desde hace 500 años.
Para Vigévani, en un balance riguroso, no se puede hablar de
izquierda ya que los diferentes gobiernos no responden a un
movimiento socialista de igualdad social y colectivización de los
medios de producción. Entiende así que el gobierno del Frente
Amplio, compuesto entre otras fuerzas por socialistas y
comunistas, aplica una política que no es de izquierda.
También el Partido de los Trabajadores, de Brasil, a pesar de
tener una mayoría de izquierda, no logra una hegemonía en el
gobierno que lo haga ver como tal.
Conceptúa paradojal que países gobernados por partidos comunistas,
como China y Vietnam, no habilitan decir que Asia tienda a la
izquierda, sino todo lo contrario.
Juzga que la fuerza del liberalismo, la organización productiva y
el sistema internacional restan viabilidad al ideario de
izquierda. Subraya que los gobiernos electos se dan en procesos
fuertemente vinculados a personalidades, con la característica que
poblaciones marginadas obtienen voz propia en la política y mayor
capacidad para presionar.
Marcos Novaro, sociólogo de la Universidad de Buenos Aires,
identifica al menos dos modelos de izquierda en auge: uno,
populista, antiimperialista, anti Estados Unidos y antineoliberal
y, otro, socialdemócrata moderado. En el primer grupo están
Chávez, Morales y López Obrador. El modelo moderado, por su
parte, tiene dificultades para distinguirse de anteriores
gobiernos de centro y aún de centroderecha.
Examinando el gobierno de Kirchner manifiesta que cultiva la
ambigüedad, jugando en la versión socialdemócrata y en el
antiimperialismo chavista, según el interlocutor que tenga ante
sí. Ataca las inversiones extranjeras pero convoca a
inversionistas y en Washington promete colaborar en la lucha
antiterrorista.
Corre el riesgo de pagar los costos juntos.
Dulce Pandolfi, historiadora y directora del Instituto Brasileño
de Análisis Económicos y Sociales, entiende positiva la
preocupación social que pretende distribuir ingresos dentro del
capitalismo, luego de 30 años de dictaduras y neoliberalismo.
La oleada socialdemócrata se debe a que sus banderas coinciden con
los problemas de la región: la pobreza, la desigualdad, el
desempleo.
La izquierda de hoy no se llama izquierda sino socialdemocracia
sentencia Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, organización
no gubernamental chilena que sondea cada año la opinión en 18
países latinoamericanos.
El énfasis de los gobiernos está puesto en la formación de redes
sociales de apoyo a los más desvalidos, aunque sin rupturas y, en
su mayoría, asumiendo orientaciones conservadoras.
Lagos estima que la denominación de izquierda confunde a la
opinión pública. Se trata de un concepto que viene de la guerra
fría, de los años 60, asociado a movimientos revolucionarios como
los del Che Guevara, el gobierno de Salvador Allende y la
revolución cubana.
De acuerdo a su visión son socialdemócratas los gobiernos de Lula
da Silva, Kirchner, Bachelet y Vázquez. El gobierno más a la
izquierda sería el de Morales, promoviendo la refundación de
Bolivia desde adentro del sistema democrático.
Para Lagos la integración tendrá que esperar a que se consoliden
los procesos particulares de introspección, que hacen que los
países estén mirando hacia sus problemas internos.
Como se aprecia, visiones para un friso que admite otras
interpretaciones sobre los rumbos de una izquierda que no tiene un
padrón único. |