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INICIACIÓN SEXUAL Y ALGO MÁS
A veces se considera el tema de la iniciación sexual de los
jóvenes y adolescentes como un asunto independiente de la
educación sexual, una materia siempre prometida y bastante alejada
de los ámbitos más íntimos de la conversación en las familias y
las aulas.
Los técnicos de diversas especialidades dan valor a la preparación
de nuestros hijos para asumir con madurez (relativa, por supuesto)
esta experiencia trascendente y vital pero, ello no ha alcanzado:
en el menú educativo y familiar este es un plato que no goza de
especial preferencia para ser abordado.
El hermano mayor, el tío, el padre, oficiaban -en otras épocas-
como los expertos para iniciar a los varones y todo no pasaba de
una visita a un prostíbulo.
¿En cuánto a las chicas? Muy poco o nada. Todo se reducía a algún
comentario y a la espontaneidad, al azar mismo.
Tal vez aquí empezara una carrera de frustraciones, de desajustes,
de incomprensiones y ¿por qué no? de fabulación en torno al sexo.
Siempre con consecuencias negativas para la pareja y secuelas
difíciles de medir.
El hombre, como la mujer, deben conocer desde temprano los órganos
de procreación, su fisiología y las funciones reproductivas. Los
principios de la higiene y la importancia del amor en el manejo de
las relaciones de pareja, como forma de elevar el goce del vínculo
y estimular conductas sociales aptas para la formación de núcleos
afectivos compartidos. Ellos adquieren significación para la
sociedad misma cuando llega la hora de la reproducción.
Especialistas como el Dr. Gastón Boero y otros sexólogos han dado
aportes importantes para abrir el entendimiento de las autoridades
al tratamiento de la cuestión.
Un trabajo de la Facultad de Ciencias Sociales reveló que los
varones se inician a los 15 años y las chicas a los 16 y medio,
resultando que la edad promedio se reduce en 2 años si se toma la
franja que abarca entre los 14 y 19 años.
Existe entre nuestros jóvenes ignorancia como consecuencia de la
ausencia de políticas públicas, de programas, de formación de
profesores, etc., todo lo que repercute en cómo se contraen las
enfermedades venéreas e infecciosas, entre ellas el sida. Las
mujeres padecen anorgasmia, bajo deseo, aversión sexual o
vaginismo, falencias que aluden a la necesidad de una educación
sexual que aún sigue brillando por su ausencia y empobreciendo la
vida de muchas parejas. El efecto está a la vista: quedan
inhibidas del disfrute de una relación saludable, placentera y
socialmente útil, biológicamente necesaria.
Hay mucho camino para recorrer y es bueno recordarlo para actuar,
aconsejándose con médicos, sexólogos y especialistas, sin
perjuicio de construir espacios de reflexión e intercambio, libres
de prejuicios dañinos y abiertos al conocimiento científico. |