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INVESTIGACIÓN Y ASESINATO
HÉCTOR GUTIÉRREZ RUIZ
Se están cumpliendo 30 años del asesinato en Buenos Aires del
legislador nacionalista Héctor Gutiérrez Ruiz.
Presidía la Cámara de Representantes al momento en que la
Constitución fue arrasada, ya definitivamente, por el golpe “cívico-militar”
ocurrido el 27 de junio de 1973.
No fui amigo personal, ni correligionario suyo. Sin embargo, lo
traté con alguna asiduidad en el Parlamento, en tiempos que allí
fuera periodista, y, luego, asesor legislativo.
Era un hombre sobrio, de trato amigable. Su mirar no se empañaba
con la acidez de las diferencias políticas o ideológicas. Era un
dialoguista nato. Como buen uruguayo, amaba al país. Era un
depositario más de honrosas tradiciones patrias.
No desmentía las condiciones de quienes conquistan Montevideo
desde el interior y, podría afirmar, asimismo, que con Zelmar
Michelini, el otro gran asesinado, que era un capitalino típico,
compartían vetas comunes de responsabilidad cívica, cariño por la
gente y pasión por la libertad.
A partir de estos elementos nadie pudo suponer que Gutiérrez Ruiz
-lo mismo que Zelmar- podrían desviar sus miradas de la realidad,
en medio de los estremecimientos que se aceleraban en la década de
los 60.
Cuando la geopolítica de dominación comenzó a arrastrar al
Uruguay a los abismos del despotismo, Gutiérrez Ruiz hizo lo que
miles de uruguayos: militó por la democracia y la soberanía.
Poco se habla de la interpelación que promoviera en la Cámara de
Diputados, el 6 de noviembre de 1969, acompañado por Mario Heber.
Cabe recodar que éste falleció prematuramente. Su esposa, Cecilia
Fontana de Heber, fue asesinada con premeditación y alevosía,
mediante una botella de vino envenenado. Otros ex-legisladores que
molestaban al régimen desconfiaron de aquella extraña cortesía,
salvando sus vidas.
El asunto que debió tratar el cuerpo representativo en aquella
fecha era, nada menos, que la actividad de la CIA -la famosa
Agencia Central de Inteligencia- en Uruguay. En setiembre, en
medio de una verdadera conmoción, se descubrió que, desde una
finca del barrio montevideano de Pocitos, ubicada más precisamente
en la calle José Ellauri al 995, se espiaban simultáneamente las
comunicaciones de la Embajada de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas, Checoslovaquia e Italia.
¿Cuántas otras centrales más existían para una labor de espionaje?
¿Qué sabía de esto la UTE, organismo que en esa época monopolizaba
las comunicaciones? ¿Qué podía decir la Fuerza Aérea, a la sazón
interventora de dicho ente autónomo, el que había sido
militarizado en aplicación de las tortuosas “Medidas Prontas de
Seguridad” (verdadero Estado de Sitio), por disposición del
presidente Jorge Pacheco Areco?
No en vano Héctor Gutiérrez Ruiz evocó -en la introducción de su
exposición ante los interpelados- el nombre de Leandro Gómez, el
más acérrimo defensor de la intangibilidad oriental para decidir
el curso de los destinos de la nación, sin admitir ingerencias
extrañas al ejercicio de su determinación.
En aquella sesión hubo un clima gélido. Casi sobre las 18:00
horas del jueves 8 de noviembre de 1968, el Presidente del Cuerpo,
Dr. Hugo Batalla, luego de abrir el acto y dar cuenta de los
asuntos entrados, concedió la palabra a Gutiérrez Ruiz.
Estaban en sala los Ministros Interior, Esc. Pedro W. Cersósimo,
de Defensa Nacional, Gral. Antonio Francese, de Relaciones
Exteriores, Prof. Venancio Flores, más los Subsecretarios, Tte.
de Navío Jorge C. Suárez, Contralmirante Eduardo Beraldo y Joaquín
Secco García.
El interpelante apuntó los hechos. Pueden sintetizarse así. El 17
de setiembre de 1968 en la casa de la calle Ellauri son
descubiertas instalaciones destinadas a la interceptación de
llamadas telefónicas, de tecnología avanzada para la época.
Los ocupantes de la finca eran Víctor Juan Escudero Ferro y
Dolores Lozada Manzobre de Escudero, españoles. Requeridos en
forma pública, los sujetos se presentaron “espontáneamente” ante
la Jefatura de Policía. Manifestaron que habían sido contratados
para cuidar la casa, con el pedido que no subieran a la planta
alta, sitio en que se operaban los equipos de toma y grabación de
voces.
Prestan declaración judicial el 19 y, el 20, sobre el mediodía, el
Juez de Instrucción de 4to. Turno decreta la libertad de la
pareja, sin ninguna providencia.
El Poder Ejecutivo -recordó Gutiérrez Ruiz- que por Medidas
Prontas de Seguridad ya en 1968 había detenido 2.552 personas en
Montevideo y casi 3.200 en todo el país y que, entre el 24 de
junio y el 15de octubre de 1969, llevaba comunicadas a la Asamblea
General el arresto de unos 2.416 ciudadanos, no encontró mérito
para retener al matrimonio. El 22 de setiembre sigilosa e
inocentemente partían marido y mujer para Brasil, en un ómnibus de
línea. Nada significativo estaba ocurriendo. Al menos para el
Poder Ejecutivo.
Los equipos pertenecían a una firma denominada Yapita S.A.,
con sede en Rincón 561, Montevideo.
La empresa fantasma tenía “camouflage”. Lo pudo revelar en la
breve sesión el legislador. El 23 siguiente apareció en escena el
Esc. Mike Jones Miller “quien especifica que Yapita S.A. está
integrada por un directorio de tres personas y que la totalidad de
las acciones pertenecen a un señor llamado Joaquim Milton de
Araujo quien vive en San Pablo, cuya dirección desconoce...”
No es todo. El profesional “se conecta con él por vía
epistolar, dirigida a una casilla de correos de esa ciudad”,
habiendo visto a los cuidadores “en una oportunidad”, en
que “concurrieron para retirar la suma de $100.000”.
Las coartadas eran de libreto. Sólo aquel gobierno no podía ver
nada o, mejor dicho, no quería que se viera lo que amenazaba
romper los ojos. Como sentenció el representante Mario Heber “Varios
Diputados fuimos los que afirmamos que era un caso típico de
espionaje”.
Carlos Rodríguez Cal y Wilson Craviotto, ensayaron la defensa del
régimen. Rodney Arismendi ironizó al primero. Ariel Collazo
recordó que el FBI cooperaba con la policía uruguaya y trajo a
colación golpes de estado e intervenciones patrocinados por la CIA
en diversos países (Guatemala, Playa Girón).
Cuando el Ministro de Defensa leía un informe de la Fuerza Aérea,
corroborando las características del hallazgo, concluyó todo
abruptamente. El llamado a sala epilogó a las 20:35, por
quebrantamiento del quórum necesario.
Tiempo después, cuando el Plan Cóndor es puesto en rodaje, se pasó
lista de quienes entorpecieron los desembarcos técnicos de
aquellos que tomarían por asalto la república.
Entre los patriotas que pagaron con su vida, por las nuestras,
estaba Héctor Gutiérrez Ruiz.
Aquella investigación llevó al asesinato.
Es hora que hablen quienes hasta hoy han callado. |