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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

CASO GELMAN

Escribe Walter Ernesto Celina

En una fría mañana del año 1973, ya en dictadura, cuando la dirección de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) estaba bajo riguroso requerimiento de las Fuerzas Conjuntas. Se trataba a aquel conjunto de líderes sociales como si fueran vulgares delincuentes. Las cabezas de aquellos compatriotas estaban expuestas a la caza desenfrenada de los represores y a la pérdida de sus empleos.

 Ingresé con apreciados compañeros de algunos sindicatos a una audiencia en el Servicio de Inteligencia de Defensa (SID).

Procurábamos abrir una brecha para dejar sin efecto la caza de  miembros de los gremios y obtener la derogación de la prohibición de reuniones sindicales.

Eran expresiones mínimas de la libertad que demandábamos, en tanto los perseguidos asumían clandestinamente sus actividades, siempre con la casa al hombro, lejos de los familiares.

La entrada al SID fue con custodia hasta que penetramos a una amplia sala. Pude sortear el fichaje en el grupo, que pasaba por la entrega de la cédula. Logré introducirme sin mostrarla.

Fueron llegando oficiales de “reconocimiento”, con anteojos para sol innecesarios. Cada pocos minutos se iban sustituyendo.

Recuerdo aquellas escenas de “mangiamento” en vivo de que éramos objeto y la dureza con que supimos hablar cuando aquel diálogo terminaba, sin compromiso y sin salida.

Allí mismo funcionaría -no tanto después-, el Centro de Altos Estudios Militares (Calem). Una universidad de entrenamiento para un gobierno de militares y funcionarios del Estado, letra “A”, de confianza exclusiva.

Con el advenimiento de la democracia sus cursos siguieron formando gente, ahora con el aporte de algunos políticos. Con las puertas cerradas para algunos, las que luego se entreabrirían con cautela...

Pero no a nada de lo anterior en que quiero centrar estas reflexiones. Apenas citar que, en el momento de los más grandes vilipendios, por este lúgubre edificio del Bulevar Artigas  y la calle Palmar, caminó una joven mujer de 19 años, embarazada.

Se llamaba María Claudia. Su padre era Antonio García Irureta Goyena. Su madre María Eugenia Cassinelli.

María Claudia y su esposo, el periodista Marcelo Gelman, fueron secuestrados en 1976 por la dictadura argentina.

Marcelo fue asesinado, como tantos. Era hijo del militante montonero de una época, el escritor, poeta -y también periodista- Juan Gelman.

Testigos aseguraron que durante el período de gestación su joven nuera sirvió en la dependencia castrense montevideana, donde permaneció detenida. En noviembre, luego de dar a luz en el Hospital Militar,  María fue ingresada a un centro clandestino de torturas, denominada “Base Valparaíso”. Fue asesinada por sus detentores. Su niñita ya había sido asignada a una familia policial.

La identidad de la víctima infantil fue recuperada por la acción de  su abuelo, Don Juan Gelman, más el denodado esfuerzo de la solidaridad rioplatense. Muchas manos entrelazadas siempre pueden.

Como se recordará -hubo amplios registros-, el ex Comandante General del Ejército, Ángel Bertolotti, acompañó a la nieta de Juan Gelman en su auto hasta la unidad del ejército en que, supuestamente, fuera sepultada clandestinamente su madre.

¿Arrepentimiento? ¿Constricción ante el país y la humanidad? ¿Apenas un gesto de sensación psicológica?  Evaluarlo es difícil. No sería correcto prejuzgar desde un escenario tan externo como el mío.

Lo cierto es que han pasado los meses y los restos no han aparecido. ¿Están ahí o no?

En una decisión que levantó justificadas resistencias, un Fiscal hizo archivar -en octubre de 2005- las actuaciones que se habían pedido a la Justicia Uruguaya, que suponían la comparecencia de varios conocidos militares a declarar por este asunto.

Con justificada expectativa la opinión pública espera una respuesta coherente de la fuerza de gobierno y de la clase política, en general.

La soberanía popular en ellos está delegada, en un acto de fe por la democracia, más continúa residiendo radicalmente en la nación, que somos los uruguayos de carne y hueso, de claros sentimientos y memoria.

Walter Celina - Marzo de 2006  waltercelina@hotmail.com


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