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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

¿NAUFRAGIO EN LA COSTA?

Una embarcación salida de puerto, empujada por los primeros vientos y gobernada sin pericia, puede ser tirada a las rocas o a la costa y naufragar a ojos vista, en la misma  orilla.

En “Navegación al garete” he examinado -en la forma rápida que impone el comentario-, las inconsistencias políticas de los gobiernos latinoamericanos electos bajo la advocación de formar parte de “la izquierda”.

Mejor que entrar a examinar este rótulo, si se quiere vago, nebuloso e impreciso, detengámonos en el autoexamen que proponen diferentes voceros. En esta oportunidad, de algunos hombres vinculados a la fuerza gobernante que encabeza el Presidente Tabaré Vázquez.

 VERGÜENZA PROPIA Y AJENA

La vergüenza es un estado de turbación del ánimo que se sufre ante una acción deshonrosa o humillante o por la comisión de una falta.

A su vez, vergonzoso es aquello capaz de infundir vergüenza.

Para el senador gubernamental Eleuterio Fernández (FA-MPP-Tupamaros), “el espectáculo de la izquierda latinoamericana (es) vergonzoso”.

No lo ha sostenido en la vorágine de un discurso, ni en un diálogo  apasionado. Lo ha refrendado en una exposición meditada de prensa (La República, 18.V.06), seguramente haciéndose eco no sólo de su pensamiento, sino de una valoración crítica nacida en algunos de los núcleos que  llevaron al poder a la coalición de izquierdas en Uruguay. “Rompe los ojos”, “es inocultable”,  ha manifestado. Como espectáculo “es triste y muy ordinario”, “ordinariazo”.

Y agrega, para que no quepa duda, casi como corolario de varios cargos que formaliza: “Dudo que haya un período tan corto en que se hayan cometido casi al unísono y en masa tan grande cantidad de errores, desaciertos y desaguisados.

En un artículo posterior (La República, 25.V.06), vuelve a reiterar argumentos, recordando “las brutales agresiones propinadas por el gobierno argentino (a Uruguay), y las que amenaza agregar; el ominoso silencio sepulcral de Brasil ante ellas; sus excluyentes e inconsultos acuerdos bilaterales y otro cúmulo de problemas...”. Y pone sobre la mesa lo que considera “un déficit estratégico” del país: su inserción internacional y, unidas por el mismo cordón, las políticas exterior y de defensa.

¿HACIA DÓNDE LLEVAR EL BARCO?

El siempre cauto Ministro de Economía y Finanzas, Cr. Danilo Astori, (FA-Asamblea Uruguay), cuya proclamación al cargo fuera lanzada por     Tabaré Vázquez desde suelo norteamericano (mientras visitaban organismos financieros, antes de octubre de 2004), también ha saltado al ruedo.

Ha jugado su carta de la siguiente manera. “La verdad que Argentina y Brasil, Brasil y Argentina, han manifestado una conducta bilateral que ha sido dañina para Uruguay y Paraguay, entonces creo que deberían estar preocupados por las cosas que están haciendo y que han superado todo límite imaginario.” Más aún: “Uno podría pensar que las economías más desarrolladas del mundo sojuzgan a las más débiles (¿históricamente no es así? ¿cuál es su duda?), pero entre las más débiles hay quienes practican actitudes imperialistas y a mi me parece que el bilateralismo entre Brasil y Argentina, en perjuicio de las economías pequeñas de la región es una actitud imperialista.” (La Republica, 25.V.06).

La calificación no se produjo al borde de los acontecimientos, sino muchas semanas después.

¿En qué momento?

En el que Tabaré Vázquez  visitara los Estados Unidos y reperfilara su posicionamiento, no sin contradicciones en cuanto a si permanecer o salir del Mercosur  e ir avanzando hacia un TLC, mano a mano y cabeza a cabeza, con el astuto país simbolizado por el águila.

¿EN QUÉ CONSISTE LA ESTRATEGIA URUGUAYA?

De la estrategia y de las políticas uruguayas de inserción internacional la población desconoce todo. Se advierten, a duras penas, los epifenómenos. No lo que se trata, ni lo que eventualmente está para resolverse o resolviéndose, entre las bambalinas del Edificio Libertad y la Casa Presidencial.

La preocupación la denotan hasta asesores cercanos al propio Tabaré Vázquez. Gente de su confianza, como el publicitario Esteban Valenti,  quien acaba de comunicar algunas de sus perplejidades.

Para él “la sociedad y, en particular la izquierda, están desmovilizadas”. Las discusiones no sobrepasan los capítulos de los derechos humanos y las plantas de celulosa. Viene “después el desierto.” “No hay entusiasmo ni compromiso.” Sin participación ciudadana, con expresiones  que  se sitúan en esta llanura, casi estéril, muy difícilmente lograremos cambiar al país”. (Bitácora, 25:V.06).

Hay más. “Lo más grave es el vacío en la iniciativa política del Frente Amplio. Hay un enorme hueco”. Tan desestructurado está el FA que “no elabora estrategias y respuestas concretas, no produce hechos políticos, no construye un discurso que mire más allá de este gobierno, a mediano y largo plazo. Corre detrás de los hechos y del gobierno”. Sostendrá, después, la aspiración que la fuerza política “no sea sólo un eco”.

¿De qué, de quiénes? De los que están arriba, tejiendo no se sabe qué estrategias y sin determinarse claramente en beneficio de qué sectores.

Como se advierte, las vergüenzas propias y ajenas afloran, trasuntando   debilidades e inconsecuencias. Frustraciones verdaderas.

La emergencia ha sido planteada. El gobierno es apenas la línea sinuosa del presidente y su masa burocrática. Hay problemas de fondo que no se abordan de manera alguna. La discusión está ausente de los ámbitos políticos idóneos, de los técnicos y partidarios.

Las hélices del barco no se mueven. La línea de flotación está en un punto crítico. ¿Qué evitará naufragio costero de la izquierda uruguaya?

Walter Celina - Junio de 2006  waltercelina@hotmail.com


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