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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

NAVEGACIÓN AL GARETE I

 ¿UNA FUERZA CONTINENTAL UNIFICADA?

La ascensiones presidenciales de Luis Ignacio Lula da Silva, en Brasil, de Néstor Kirchner, en Argentina, y de Tabaré Vázquez, en Uruguay, fueron presentadas inicialmente como el gran tríptico de la izquierda para la región atlántica. Una alianza socialdemócrata imperaba con Ricardo Lagos en Chile, en tanto al norte, sobre el Caribe, Hugo Chávez se definía por un socialismo primario, en la proclamada República Bolivariana de Venezuela.

Nunca antes, bajo las reglas del sufragio universal, los pueblos habían accedido a una tan amplia gama de gobiernos sustentados en ideas afines a los cambios. El voto ciudadano había sentado la premisa de su  oposición a las fuerzas exteriores con que se alinearon los partidos, clases y sectores vernáculos, consustanciados con el mercantilismo globalizador. El ansia urgente de trabajo y bienestar de las grandes masas postergadas reivindicaba la construcción de un bloque de signo distinto. Menos formal y apartado del burocratismo tradicional. No aséptico. Operativo, en fin, en consonancia con los intereses generales. 

 Debía exhibirse una fuerza latinoamericana unificada en los escenarios mundiales de negociación, traduciendo el mandato imperativo venido de los  cuatro puntos cardinales, en los que laten las poblaciones que   sufren, reclaman y sueñan en el continente.

Nunca las expectativas tocaron fondo de manera tan rápida. Si se prefiere, establezcamos que las concertaciones políticas se hicieron con ligereza  muy impropia para los cometidos proclamados.

Nuestros prohombres obraron como si los capitanes pudieran hacerse a la mar sin instrumentos y sin cuadernos de navegación.

BOTONES DE LA MUESTRA

El Partido de los Trabajadores (PT), de Brasil,  detuvo el pulso de su gobierno al comprobarse que el elenco mayor de su dirigencia participaba de maniobras de corrupción, a la par que captaba recursos -como los demás partidos- por el mecanismo de “cajas negras”, paralelas a la de ingresos declarados. El gobierno Lula siguió una política errática con el Mercosur y concluyó una alianza bilateral con Argentina, a espaldas y en perjuicio de sus socios menores: Paraguay y Uruguay.

Venezuela se escindió de los países andinos, extrapolándose para el área del atlántico sur. Tras golpear en el Mercosur, espera le franqueen el paso.

Chile se mantuvo sin reconocer una salida al mar de Bolivia, que mantiene un encierro exasperante. 

Argentina y Uruguay asumieron la controversia más dura de sus relaciones como estados independientes. Tras los confites electorales recibidos por Vázquez, Kirchner golpeó la economía uruguaya. Trata de impedir que su vecino instale emprendimientos para procesar pastas celulósicas, preocupado por los niveles de contaminación  que afectarían  el Río Uruguay y los espacios contiguos. (Por lo que le han recordado que no controla la contaminación de iguales establecimientos sobre el curso del Río Paraná, en la Mesopotamia Argentina, el Riachuelo, en la capital bonaerense, ni los miles de toneladas de ofensivos vertimientos diarios al Río de la Plata). La Corte Internacional de La Haya recibió la denuncia argentina, mientras el Mercosur miró hacia otro lado...

Venezuela adoptó la posición de “jugador líbero” y, en su ir y venir, registró corto-circuitos con Brasil, plasmando una línea activa con Cuba y Bolivia, a través del novel presidente Evo Morales.

LAS PIEDRAS EN EL GRAN ZAPATO

Ha sido, precisamente en el país del altiplano, que se ha dado una “regla de tres” sorprendente. De esas con que se despacha la historia para atrapar a los que simulan sorderas agudas.

El presidente Morales denunció el precio vil que la brasileña Petrobrás paga por el gas boliviano. Se trata de una exportación de la que se beneficia su vecino, la que en buena medida atiende las necesidades de la megaurbe paulista.

Las medidas bolivianas en defensa de sus recursos naturales molestaron a Brasilia y a países con inversiones en el país mediterráneo, caso de la  España de Rodríguez Zapatero, gobernante socialista.

En este cuadro una parte de los estados latinoamericanos reorienta sus contactos con Georges Bush, quien parece decir:

-¡Nunca tantos, por tan poco, han hecho tanto por mi! ¡Albricias!

Para proponer, finalmente:

-¿Podría formar parte de vuestra izquierda?

Su problema reside en la línea final, integrada por Castro, Chávez y Morales.

 La dicha nunca es completa. Ni para los latinoamericanos, con su barco al garete. Ni para el todopoderoso y conocido gladiador universal.

Walter Celina - Junio de 2006  waltercelina@hotmail.com


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