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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

EL VOCABULARIO DEL FÚTBOL

En el deporte-espectáculo el rey es, sin duda, el fútbol.

La simple acción de correr con la pelota entre los pies hacia la valla contraria, enciende los entusiasmos.

En primer lugar, el de los protagonistas. Más, también, el de quienes observan los desplazamientos. 

De este mecanismo lúdico tan elemental -conocido desde hace siglos-, nacieron un día los equipos y las instituciones que le dieron sus nombres. Los certámenes por país, entre naciones, los campeonatos continentales y la disputa de los cetros mundiales. Así su federación, la FIFA, se convirtió en un limbo supranacional de intereses alrededor del deporte más conocido.

Fue a partir de la expansión colonial inglesa que el fútbol adquirió status locales, siendo sus reglas y denominaciones las que en principio se adoptaron.

En un tiempo, por este efecto, decíamos “goalkeeper” en vez de arquero, cuidavalla, golero, etc.

Las equivalencias en nuestros idiomas se generalizaron y el léxico futbolístico se fue enriqueciendo con originalidades de todo tipo.

En décadas pasadas, Uruguay supo alzarse con los títulos más relevantes en disputas olímpicas y mundiales.

Brasil, por su parte, alcanzó la proeza única de ser pentacampeón y va por más.

Contrapuso elegancia y eficacia a la sabiduría inglesa y europea y a la destreza de otros grandes equipos.

Su “jogo bonito” generó acepciones nuevas para calificar circunstancias del juego.

Tiene interés apreciar las concomitancias y diferencias que existen con expresiones habitualmente usadas en Uruguay, Argentina o Paraguay, si la comparación es circunscripta al área sureña más inmediata.

El siguiente minivocabulario abre las puertas a la terminología acuñada en los cuadriláteros brasileños:

Bola venenosa. Pelota envenenada. Bola quadrada. Manejo deficiente de la pelota. Bola ossuda. Pelota defectuosa. Gato. Golero con aptitudes, ágil. Sombra. Jugador de marca persistente. Ocho. Placar 0 a 0. Aranha. Araña. Insociable. Passar manteiga na bola. Enmantecar la pelota. Acariciarla antes de lanzarla. Frango. Pollo. Cuando una pelota fácil supera al golero. Catar vento. Probar el aire. Cuando el jugador va perdiendo el equilibrio sin caer. Rolo compressor. Aplanadora. Ataque en bloc. Boate. Boite. Campo de juego con iluminación baja. Filé Bocado fácil. Gogó da ema. Canto de ñandú. Forma gutural de celebrar un gol. Coveiro. Sepulturero. Responsable de una derrota. Acidente de trabalho. Accidente de trabajo. Encontronazo. Lavada. Limpieza. Derrota por goleada. Bola com açucar. Pelota que se recibe como un dulce, preparada para convertir el gol. Carreto. Vehículo de flete. Cuando un jugador debe retirarse por lesiones. Bolacha. Galletita. Golpe plano a la pelota con la parte interior del pie. Cavalo. Caballo. Jugador bruto, violento. Barba, pelo e bigode. Barba, pelo y bigote. Triunfos simultáneos en varias divisiones. Máquina. Equipo bien preparado. Foguete. Cohete. Disparo potente de pelota. Peixinho. Pececito. Cuando el jugador se zambulle para dar un cabezazo de pelota. Chapeu. Sombrero. Acción de levantar la pelota por frente al adversario para recogerla a su espalda. Melancia. Sandía. Pelota mal jugada, que el adversario intercepta con satisfacción. Jogar na agulha. Jugar sobre agujas, dolorido por lesiones. Entregar la rapadura. Dejar el dulce al adversario. Bicicleta. Habilidad por la que, de espalda al arco, el jugador golpea la pelota en el aire. Arroz com feijão. Arroz con porotos. Equipo sin nada especial. Leitero. Lechero. Golero de suerte, afortunado. Bomba. Pelota golpeada con gran potencia.

Existe una frase generada en una acción antológica, recodada en los ámbitos del fútbol.

Diego Armando Maradona acorralaba en la línea final a los ingleses. En una incidencia no regular golpea la pelota con la mano, la que llega a la red. El árbitro  marca el gol.

En medio de la acción pocos vieron lo que realmente había sucedido.

¿Hubo un milagro a favor de los argentinos, que es un pueblo muy creyente y tras la Guerra de Las Malvinas ambicionaba derrotar a los ingleses?

No. Simplemente una picardía de un  jugador vivaz que supo ayudarse “con la mano de Dios” en un instante decisivo.

La frase, alusiva a un toque sobrenatural, se integró a los muchos modismos y expresiones que gustan usar los amantes del balompié.

Es un hecho sorprendente y único que veintidós personas, un juez principal y dos secundarios atrapen a millones de individuos -en un mismo momento- y hasta paralicen el pulso del planeta en las instancias de los campeonatos mundiales.

Particularidad singular del fútbol, deporte y espectáculo, a la vez.

Walter Celina - Abril de 2006  waltercelina@hotmail.com


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