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DESPUÉS DEL FORO SOCIAL
Un nuevo alineamiento de fuerzas tiene lugar en el mundo en
contraste con las concertaciones, cumbres y rondas de las que
participan las fuerzas hegemónicas planetarias.
El Foro Social Mundial (FSM) polariza esta aproximación de las
corrientes democráticas y de izquierda, las que han debatido ya en
América y África y lo harán en Asia.
Las asambleas o espacios de exposición, análisis y debates
correspondientes a nuestro continente ocurrieron esta vez en
Caracas, Venezuela.
El Foro, como tal, es un hervidero de ideas y, a mi juicio, su
virtud mayor, es su no enrolamiento político, filosófico o
religioso y su capacidad de servir como punto de concentración de
fuerzas civiles de distinto signo, organización y actividades.
Éstas promueven acciones para una transformación hacia la justicia
y la libertad, en interés de las mayorías populares, de los
marginados y excluidos que se arraciman en la opresión de la
pobreza y sus efectos.
Las objeciones al capitalismo vienen de una escuela que nació en
1848, con el famoso “Manifiesto” de la Liga de Artesanos e
Intelectuales Alemanes (secreta), materializada en corrientes que,
más allá de sus vicisitudes históricas, continúan provocando a
pensadores y militantes por la igualdad de derechos, la libertad y
la fraternidad en los cinco núcleos de la tierra.
Buena parte del sindicalismo, partidos políticos, corrientes
doctrinarias y librepensadores han apostado -y lo mantienen hasta
hoy- a una economía distinta de la predominante.
Las guerras de reparto, el neoliberalismo y la globalización
estatuida a favor de 400 empresas que se reparten un mercado de 6
billones de consumidores-, están en la base de la reacción
-también global- de los más contra el círculo de hierro del
privilegio.
Los movimientos sociales en Caracas acaban de establecer un
programa de movilizaciones “urbi e orbe”. Autoridades locales de
diversos países encaminaron en una reunión especial propuestas y
ponen en aplicación programas. No es casual que enfaticen el valor
de la formación de los ciudadanos y su integración como agentes de
cambios y contralor para una democracia más amplia que la
representativa, que no se desconoce.
Sobre este gran escenario de las Américas, dilucidando posiciones
y asumiendo estrategias antimperiales, una voz nueva y distinta
colorea el escenario. Es la de los pueblos indígenas, emergiendo
vivos tras 500 años de humillación.
Puede percibirse un espectáculo impar: algo así como “la
majestuosa marcha de los pueblos libres”, de la que habló
José Artigas en 1815.
Amerita examinar algunos acuerdos puntuales con que las
organizaciones civiles galvanizan la importancia del FSM. Será en
la venidera entrega. |