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BARRA DO CHUÍ, LA COMUNIDAD DESPROTEGIDA
En el extremo sur de Brasil, en la región atlántica en que el
Arroyo Chuy (Chuí) separa el territorio de la Nación-Continente de
la República Oriental del Uruguay, en la localidad costera
denominada Barra do Chuí, el vecindario está desprovisto de un
servicio continuo y eficiente de seguridad pública.
Sin embargo, allí la Brigada Militar posee desde hace años un
Destacamento.
También, desde hace algún tiempo, es apenas un nombre de fantasía,
casi una ilusión óptica. Ya ni esto, después del miércoles 17
próximo pasado. Fue cuando un camión oficial trasladó al
funcionario que dormía -con su esposa y media docena de niños- en
la casa habitación a que fueron reducidas las instalaciones de la
Brigada Militar.
Que la institución sea sensible a las necesidades de su personal,
resulta inobjetable. No así que tenga librada la población a la
acción de los malhechores que, de modo constante asolan viviendas,
en un incipiente “far west”, sin justicieros que detengan a los
malvivientes.
Los efectivos oficiales llegan a la Barra Brasileña en el verano
y, como aves de paso, emigran a los 3 meses bajo la consigna “no
hay personal”.Y la comunidad queda el 75% del año al albur de
los asaltantes.
¿Quiénes son? ¿De dónde parten? ¿De Uruguay? ¿De Santa Vitoria do
Palmar? ¿Residen en la Barra do Chuí y hacia qué lugares extienden
sus redes para colocar los botines de sus robos? ¿La Brigada
Militar tiene una nómina? ¿Hay requeridos? ¿Dónde funcionan los
enterraderos? ¿Quiénes hacen el negocio de reventa? ¿Dónde? ¿Cómo
es que funciona la integración policíaca fronteriza? ¿Cuál es su
resultado?
Las preguntas ubican la indefención de la gente que vive todo el
año en el balneario, así como la indignada protesta de cada una de
las familias que han soportado durante este tiempo la invasión de
sus propiedades, los saqueos y los destrozos.
Un teléfono de contacto en las dependencias de la BM en la
ciudades de Chuí o de Santa Vitória do Palmar es necesario que
funcione, aunque el comentario público no lo acredita mucho.
¿Por qué no? En principio, por algo muy sencillo de apreciar: no
existe la seguridad pública por control remoto. Al menos, todavía
y aquí.
¿Qué sentido tiene esperar a personal que para llegar -si está en
situación de hacerlo- deberá vencer 10 kms o 30, según viaje desde
Chuí o Santa Vitória?
El casco de la Barra, el otrora pujante y hoy arrasado balneario
Alvorada y los nuevos asentamientos -que van arracimándose-,
precisan de un servicio primario de seguridad. No de un remedo.
La sede de la BM debe abrir sus puertas. No como obra social de
alojamiento, sino como servicio comunitario serio. Responsable.
¿Con qué características mínimas?
Personal estable e idóneo. Capaz de poner el ojo sobre la
delincuencia, de manejar informaciones con discreción, ejercer
vigilancia constante y patrullaje, recibir las denuncias y
cooperar con los vecinos. Como contrapartida, un buen vecino
ofrecerá siempre su disposición para coadyuvar, tanto como para
apreciar los consejos de funcionarios experimentados.
Como conocen mis muy estimados amigos brasileños, no escribo el
portugués, por más que lo entienda y, aún, procure hablarlo.
Esta es una nota de un ciudadano de la frontera que espera una
respuesta no para sí. La requiere para las personas que están bajo
asedio de sujetos de mal vivir.
La dirige a quienes representan legítimamente a la sociedad y
deben defenderla. Y lo hace desde un ángulo particular: de quienes
sin ser ciudadanos brasileños, confían en el valor de las
instituciones republicanas del país hermano que lo acoge.
Y, particularmente, del de quienes practicamos la integración
cultural, exhibimos una formación y trayectoria cívica,
credenciales de honestidad personal y, más rupestremente, pagamos
los impuestos que hacen a los servicios en falencia. |