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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

EN TORNO AL DESEMBARCO VIKINGO

IV

DEFECCIONES AJENAS Y PROPIAS

 Las razones de Argentina tienen que ver con el uso del río y el medio ambiente. Deben de reconocerse. Ello no significará validar los actos perniciosos desencadenados por este país en contra del vecino, a sabiendas de los perjuicios económicos y otros riesgos emergentes. Tampoco las manifestaciones políticas, de corte provocativo, que el Presidente Néstor Kirchner ha hecho en la frontera, sobre el Puente Internacional Fray Bentos – Puerto Unzué o en sus proximidades.

Corresponde consignar que la tolerancia del MERCOSUR a esta forma de agresión ha sido negativa. La consideración del Presidente Lula, en cuanto a estimar la bilateralidad del conflicto -que es real-, no lo exime de  crítica al tolerar el quebrantamiento de la norma que asegura la libre circulación de bienes y personas entre los 4 países signatarios del tratado original. El Presidente de Brasil, lamentablemente, inclinó el platillo hacia el más poderoso, dando impunidad al país transgresor, Argentina. ¡Qué integración es esta!

Uruguay luce aislado, con medios diplomáticos en naufragio. Sus proclamados aliados políticos más cercanos en la región, han mostrado  a una izquierda inconsecuente y contradictoria, de papel pintado.

Ha existido un pecado de ligereza. Lo cometieron los gobiernos nacionales que modelaron el ingreso de las multinacionales arboríferas, como quien permite el acceso de un extraño a un predio baldío. Se sabe que el intruso, después de instalado a sus anchas, costará  para ser desalojarlo.

A esa falla original, se suma la ratificación dada por el Poder Ejecutivo actual y la poca pericia negociadora del terceto Vázquez-Fernández-Gargano. Es inocultable.  

Cuando se carece de cursos de acción estudiados, precisos, inteligentes y se ensayan pasos en el vacío, todo puede suceder. Desgraciadamente, tal vez, veamos más.

No puede soslayarse que una república pequeña debe manejarse en sus relaciones exteriores con políticas sólidas, en lo posible consensuadas. Esto no consiste en viajar junto al presidente de turno, ni en participar en los clásicos banquetes de engorde.

Es otra cosa. Hay urgencia de una cancillería moderna, con marca de país independiente, que ejerza la celosa custodia de la soberanía política y económica.

Por esto mismo, lo que no puede un país, celoso de su autonomía y destino, es dejar de calcular los riesgos de la libre entrada de una o más multinacionales al territorio, pensando que se vivirá con ellas en el más dulce romance.

No se puede ignorar tan crasamente la historia, ni el perfil de sus actores.

El afán de lucro tiene mismo impulso que hace que el tiburón quiera comerse a la sardina.

Aquellas aplicarán su potencial económico-financiero para inclinar,  siempre, la balanza a su favor.

¿Cuál es el poder de una nación pequeña para contrarrestar aquella enorme fuerza exterior? ¿Nadie advirtió que las multinacionales, al manejar volúmenes financieros espectaculares, opacan el producto bruto interno y pueden jugar un papel distorsivo en nuestras estructuras internas?

En ello debió pensarse antes -y ahora-, formulando pautas que impidieran fueran burlados los intereses nacionales, ya bajo amenaza hoy.

 El gobierno uruguayo debe reposicionarse, cerrar las brechas abiertas, rediseñar una estrategia integral que conjugue lo económico, con lo político y diplomático.

Reconocer errores y limitaciones sería una buena señal. Ensayar una política de estado con amplitud no lo debilitará. 

Navegar es necesario” y tiene que hacerlo, con máxima fidelidad a los intereses de la nación, presentes y futuros.

Por sus actos debe y deberá rendir cuentas ante la soberanía popular.  Tiene una obligación ética a cumplir. Está sustanciada en la paradigmática sentencia de José Artigas: “No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad.

Walter Celina - Mayo de 2006  waltercelina@hotmail.com


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