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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

CRIMEN Y CASTIGO

El atentado a la Constitución es un delito infamante, respecto de cuya sanción no puede caber duda en ningún instante.

Lo es también el asesinato político, de raíz ultraintencional.

El golpe de estado no es un delito unipersonal; obedece a una concertación en la que participan actores varios. Su naturaleza es compleja.

Pero precisa de un personero. Puede ser un sujeto dotado de ciertas aptitudes de liderazgo o ser alguien que actúa con otros o en función de otros.

Juan María Bordaberry, el dictador uruguayo, atentó sin atenuantes contra la institucionalidad el 27 de junio de 1973 y coadyuvó a que el país fuese cubierto por las sombras oprobiosas del crimen.

Mascarón de proa de un movimiento “cívico-militar”, finalmente ha sido procesado tras largos años de impunidad.

Comienza a purgar prisión y lo hace con su canciller Juan Carlos Blanco.

La aplicación estricta de la Constitución y las leyes debió caerles antes, con todo rigor.

La justicia ha triunfado, serenamente, ahora, una treintena de años después.

Sin perjuicio, deberá seguir esclareciendo episodios ominosos en los que decenas de compatriotas perdieron sus vidas, otros fueron mutilados y miles torturados.

Uruguay vive uno de los instantes de su verdad.

La libertad se regocija. Y el estado de derecho se levanta sin tutelas, soberano.

Walter Celina - Noviembre de 2006  waltercelina1@hotmail.com


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