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NEGOCIO
DE CAMPEONATO
¡UNOS MUÑECOS NOS MIRAN!
El campeonato mundial de fútbol de Alemania será observado, al
unísono, por millones de teleespectadores. Se estará en la platea
más grande, jamás antes vista.
Cada certamen de la FIFA exhibe una afinada organización y vuelca
al país sede elegido un torrente deportivo-turístico
impresionante. Los germanos, que ostentan una economía de primer
nivel en Europa, ya están recibiendo una invasión, la que en
contadas semanas ha de llegar a los 2:500.000 visitantes, un poco
menos que todo el volumen de habitantes de Uruguay. Sólo por
turismo recibirá 1.800 millones de dólares, generándose alrededor
de sesenta mil ocupaciones temporarias.
Se trata de un negocio verdaderamente deslumbrante. El gobierno
invirtió 1.400 millones de euros en la construcción y
modernización de estadios y 2.000 millones adicionales de la
moneda europea en su infraestructura.
¿Mucho? Puede ser.
No tanto, si se advierte que el deporte del balompié movilizará
este año 500.000 millones de dólares, según cálculo de revistas
especializadas.
¿Cuánto importarán los jugadores-estrella y los equipos con fama
acumulada? Pensemos un instante en Ronaldinho Gaúcho y en los
pentacampeones. En la gran selección argentina, en la francesa o
en la de Inglaterra. Serán objeto de comentarios y polémicas.
Seguramente recordaremos momentos brillantes.
Más el campeonato de fondo, será otro. Lo animarán Fuji,
Yahoo, McDonald’s, Mastercard, Adidas,
Gillette, Philips, Coca, Telekom,
Toshiba, Fly Emirates, Hyundai, Avaya,
Budwaiser, Continental General Tires. Cada monstruo
colocó 500 millones de dólares para ganar la condición de
auspiciante.
La Toshiba
puso en las calles de Alemania un camión con forma de balón, para
vender “notebooks”, los computadores de valija. Avaya, que
garantiza la más grande red de telecomunicaciones, recuperará con
creces los 100 millones de dólares que invirtió en 2001 con FIFA,
garantizándose la prestación de sus servicios. Philips
implementó los sistemas lumínicos de 8 de los 12 estadios
alemanes. Adidas prevé facturar 1.200 millones de dólares.
Venderá 10 millones de esféricos, 1 millón y medio de camisetas e
igual cantidad de pares de zapatillas. Puma vestirá
una docena de selecciones, siendo su objetivo duplicar su nivel de
negocios.
¿ Y la FIFA, la multinacional del fútbol que reúne más países
afiliados que las Naciones Unidas, de qué ventajas dispondrá?
He aquí una. Se estima que, entre mangas y capirotes,
dispondrá de un ingreso de 1.500 millones de dólares en este
ejercicio. Esto le permitirá llevar al doble el premio del team
campeón, que será de 19 millones de dólares. Otros 280 millones de
dólares se repartirán entre las selecciones restantes, según los
puntajes obtenidos.
La disputa de cada copa aporta novedades tecnológicas, cuya
generalización, luego, encuentra clientelas aseguradas.
En Chile introdujo la televisión. En México, transmisiones
satelitales. En Argentina, la tv color. ¿Con qué consecuencias?
Los derechos de transmisión, en Francia 98, fueron del orden de
los 120 millones de dólares. Por las competencias de 2002–2006 ese
precio se multiplicó por 10, trepando a los 1.200 millones de la
unidad norteamericana. Ahora, para el match final, el segundo de
publicidad costará 16.900 dólares. Un 142% más caro que cuando
Corea-Japón.
Una pelota Adidas, denominada Teamgelst, con
incrustaciones de oro, rodará en el último encuentro. Su valor
posterior será millonario, pero esto no conmocionará.
Lo novedoso de este mundial reside en algo extraño a la
cotidianeidad.
Si por estas cosas Ud. no ha querido zarpar para el Viejo
Continente, prefiriendo formar parte de la teleaudiencia
universal, le he reservado una amigable propuesta.
Imagínese -por un instante- entrando a uno cualquiera de los
estadios del certamen, con alguno de sus hijos, sobrinos o nietos.
Mientras se va acercando, apreciará cómo las bocas del estadio van
tragando al público, en tanto en los alrededores suenan músicas y
cánticos, voces, se agitan banderas y se apresuran personas que
caminan con el mismo destino que el suyo. Tantísimos, con atuendos
de otras latitudes, agentes de seguridad, vehículos de las
policías especializadas, de medios de prensa, puestos de socorro y
ambulancias. Y, allá arriba, globos estáticos y helicópteros; más
hacia abajo ubicará marquesinas, carteles multicolores y
artefactos de iluminación. A su paso, estarán unos hombrecitos de
chapa, color plateado, de andar pausado, de ojos azul metálicos.
-¿Quiénes son papá?
-¡Abuelo, abuelo, el muñeco ese me miró y movió un brazo!
-Tío ¿hablan los hombres de chapa?
En el espacio exterior responden a la denominación de Ofro.
Dentro del coliseo a la de Mosro.
Son los robots superinteligentes de la empresa Robowatch.
Apenas miden un metro cincuenta centímetros. Cuestan unos 85.000
euros. Están dotados para identificar explosivos, armas químicas y
atómicas.
Las fuerzas armadas de Francia y Alemania se interesan en contar
con este tipo singular de muñeco electrónico.
Por ahora, su función es permitir que “el espectáculo continúe”,
sin asomo de anormalidad. Hacen a los sistemas de seguridad que
preservan la megafunción.
Por añadidura, dan garantía a otro campeonato que no es el de la
pelota. Es el reservado a los hombres de negocios de la aldea
global. Quiérase o no, somos parte de ese ajedrez complejo.
Lo bueno es que nuestra ubicación está reservada, en cualquier
punto del planeta.
Así que estamos prontos para el juego. También, para conocer y
familiarizarnos con las nuevas criaturas electrónicas. |