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UNA
CALIFICACIÓN DESAFORTUNADA
El siguiente comentario pudo tener lugar días atrás. A veces
conviene dejar decantar las opiniones ajenas y propias para
apreciar con más objetividad los hechos. Creo que tal criterio se
aviene al caso, por lo que el momento sigue siendo oportuno para
considerar algunos dichos del ex Presidente Dr. Jorge Batlle.
La alternancia de los partidos políticos en el poder es una de las
consecuencias de la democracia política.
Por primera vez, en 2004, esta rotación se dio de modo pleno en
Uruguay. Fue cuando la coalición de izquierdas quebró la
predominancia histórica del Partido Colorado y del Partido
Nacional e instaló en el sillón presidencial a un mandatario de
una fuerza política distinta a las prevalentes.
El Frente Amplio venció en la primera vuelta, asegurándose el
comando del Poder Ejecutivo y la mayoría absoluta de los cargos en
la Asamblea General Legislativa. Quedó con las manos libres para
legislar y respaldar al nuevo ejecutivo.
Ingresó al gobierno con una muy limitada experiencia previa, más
con una posición sólida desde el punto de vista de los respaldos.
Sus limitaciones únicas estriban en cómo obtener dos votos para
cubrir cargos en organismos de contralor y fiscalía de corte.
Ha sido precisamente en relación a la renovación de estas
autoridades que se han producido desencuentros políticos casi
surrealistas, errores y manifestaciones de tono sectario que no
han favorecido un diálogo fluido entre dirigentes de los distintos
partidos.
A la par, es de citar la ofensiva política de que ha sido objeto
el partido gobernante.
En los primeros 20 meses de cada gobierno post dictadura, el
Presidente Sanguinetti soportó 5 interpelaciones, entre 1985 y
1986; el Presidente Lacalle, entre 1990 y 1991, también 5;
Sanguinetti -en su segundo mandato- 2 en 1996 y, el Presidente
Batlle, 1 en 2001.
Haciendo saltar los guarismos, entre 2005 y 2006, el Frente Amplio
debió informar en 8 oportunidades, fuera de las reiteradas
comparecencias de sus ministros a las comisiones de la Cámara
Baja y del Senado.
¿Debe esto asombrar? Decididamente, no. Es el juego normal de las
instituciones. Se trata de mecanismos de análisis de la gestión,
para el contralor del Poder Ejecutivo, con el objeto de producir
informaciones y, eventualmente, generar rectificaciones y remover
ministros.
En el accionamiento político se exhibe, con harta frecuencia, un
mal manejo de las relaciones entre los partidos y sus líderes y
figuras más visibles.
La falta de ductibilidad -del gobierno a veces y de la oposición
otras- se paga y puede decirse que no ayuda a un funcionamiento
institucional civilizado.
Es en este cuadro que debe considerarse como un manifiesto exceso
de lenguaje la apreciación vertida por el ex Presidente Dr. Jorge
Batlle (líder histórico de la Lista 15 del Partido Colorado),
quien ha sostenido que el gobierno encamina el país al
“fascismo”…!
Diferencias por la no firma de un Tratado de Libre Comercio con
los Estados Unidos, las vicisitudes en el conflicto con la
Argentina y los temas del congreso de la educación no ameritan
ingresar a un plano inclinado, tapizándolo con descalificaciones
irritantes.
Los uruguayos, si algo no tenemos, es identificación con la
ideología fascita. Por el contrario, aspiramos siempre a una mayor
calidad de la democracia. Y para sostener esto nadie debe
acreditar a qué sector político pertenece.
En el país rige un sistema de libertades públicas, apuntaladas en
el estado de derecho. El gobierno, más allá de los apoyos y
rechazos que recibe, se atiene con pulcritud a las pragmáticas del
régimen constitucional.
El juicio del Dr. Batlle exorbita una opinión razonable y seria,
tal como correspondería a una persona de su experiencia.
Su actitud se parece mucho a quien no se conforma con la suerte
electoral que le deparara la soberanía popular como corolario de
su mandato. |